de 2013
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EDITORIAL...
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II. LA ORGANIZACIÓN DE ESTADOS AMER...
III. EL G-20: URGENTE DEFINICIÓN DE...
IV. COREA DEL NORTE: UN COHETE INQU...
V. COREA DEL SUR: UNA PUERTA A LOS ...
VI. RESEÑA DEL LIBRO: A WALK IN TH...
VII. SEXTA CUMBRE DE LAS AMÉRICAS. ...

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III. El G-20: Urgente Definición de Prioridades

 

Por Guillermo Gutiérrez Nieto

 

México exhibirá por segunda vez en el presente sexenio su capacidad de convocatoria y su experiencia para realizar encuentros de gran envergadura en los cuales se analizan temas trascendentes de la agenda mundial contemporánea. Como ocurrió en Cancún a finales de 2011 con la Convención Marco sobre Cambio Climático (COP16) y la evaluación de los avances del Protocolo de Kioto (CMP6). En junio de 2012 nuestro país será anfitrión de la VII Reunión Cumbre de los Líderes del Grupo de los Veinte (G-20), foro de concertación que desde su origen en 1999 ha propuesto soluciones globales a problemas económicos y financieros, no obstante que originalmente lo hizo con un esquema de acercamiento diferente al actual, que es más abierto e inclusivo.

 

De los encuentros entre países desarrollados para encontrar soluciones a los ciclos críticos del sistema económico internacional surgió el Grupo de los 7 (G-7) en 1975, transformado en G-8 en 1998 con la incorporación de la federación de Rusia. Desde su origen, este grupo concertó soluciones para paliar las consecuencias de los manejos ineficaces de capitales que ponían en riesgo toda la economía internacional. Aunque con el paso del tiempo este conglomerado actuó en conjunción con países de economías emergentes y organizaciones internacionales, sus resultados fueron magros y de alcance limitado. Debido a ello, y ante las secuelas cada vez amplias y agudas de las coyunturas financieras, la creación de un mecanismo de concertación dejó de ser una opción para convertirse en una necesidad.

 

Así, después de las agudas crisis financieras acaecidas durante los años noventa del siglo pasado (México, 1994; el sureste asiático, 1997; Brasil y Argentina, 1999) surgió un foro de ministros de finanzas y gobernadores de bancos centrales, con la finalidad de iniciar un diálogo sobre las políticas del sector financiero con implicaciones para la estabilidad económica. Las secuelas globales de las crisis financieras suscitadas en los últimas dos décadas consolidaron el rol de nuevos actores, fundamentalmente aquellos con economías en desarrollo o emergentes. Actualmente esta instancia aglutina a los miembros del G8, la representación de la Unión Europea y 11 países cuya dimensión de su economía puede repercutir en la estabilidad del sistema financiero internacional.[1]

 

La membresía de este conglomerado, que representa alrededor de 65% de la población mundial y 85% de la economía mundial, ha sido criticada. Empero en el tratamiento de ciertos asuntos ha demostrado ser un mecanismo efectivo capaz de destrabar negociaciones e impulsar diversos temas debido a la importancia geopolítica y capacidad económica de sus miembros. Igualmente, se ha convertido en un espacio donde los países de mediano desarrollo inciden en la conformación de un orden internacional equilibrado y más proclive a recoger los intereses del conjunto de la comunidad internacional.

 

El esquema de trabajo entre los ministros de finanzas y los gobernadores de los bancos centrales de los veinte integrantes se mantuvo de 1999 a 2008 a través de 10 reuniones, cada una celebrada anualmente en alguno de los países miembros.  El diálogo para garantizar la estabilidad de la economía  mundial iniciado en 1999, en Berlín, Alemania, se trastocó después de su último encuentro en Brasil en 2008, año en que Estados Unidos afrontó una crisis financiera de magnitudes sin precedente reciente. Esta situación y sus posibilidades de contagio universal motivaron una reunión de los líderes de las 20 economías con mayor peso y presencia, para asegurar una respuesta coordinada a las causas de la crisis. Comenzó así la nueva etapa de este grupo, que desde entonces estableció como basamento de acción la restauración del crecimiento global, el fortalecimiento del sistema financiero internacional y la reforma de las instituciones financieras internacionales.

 

Hasta ahora el grupo, en su variante de líderes (Jefes de Estado y/o de Gobierno) se ha reunido en 6 ocasiones.[2] En su devenir como conglomerado de países que busca la coordinación de políticas para garantizar la estabilidad y crecimiento a nivel mundial, así como promover regulaciones financieras globales para disminuir riesgos y prevenir nuevas crisis, ha destacado la suscripción de declaraciones y el establecimiento de planes de acción. Al inicio sus objetivos y metas estuvieron ceñidos al ámbito económico-financiero, sin embargo paulatinamente su enfoque se magnificó, comprendiendo temas como la cooperación internacional para el desarrollo, el comercio internacional, la seguridad energética, la eliminación de subsidios ineficientes a los combustibles fósiles, el cambio climático, la crisis alimentaria y el cumplimiento de los objetivos de desarrollo del milenio.

 

Un hito trascendente en lo que fue su núcleo de atención primario ocurrió durante la quinta reunión (Seúl, Corea), cuando el listado de temas se abrió hacia temas ya abordados a detalle y profundidad por otras instancias u organismos internacionales. Quizá por tratarse de la primera reunión del G-20 realizada en una economía emergente, los países en desarrollo tuvieron una notable incidencia en la agenda y en los resultados de la cumbre, logrando incluir temas como la creación de redes de seguridad financiera internacional; la inclusión de la agenda para el desarrollo (Consenso de Seúl para el Desarrollo y el Crecimiento Compartido y el Plan de Acción de Seúl); el combate a la pobreza; la generación de empleos de calidad; y el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Esta tendencia volvió a reiterarse en la sexta reunión (Cannes, Francia), en la cual el G-20 estableció una estrategia amplia para asegurar el desarrollo y generar empleos; afrontar la volatilidad de los precios en los alimentos y estimular la producción agrícola mundial; mejorar el funcionamiento de los mercados de energía, y rechazar el proteccionismo, fortaleciendo el sistema multilateral de comercio.

 

Ante esta amplia agenda de temas México asumió la presidencia del G-20 en noviembre de 2011, comprometiéndose  a conducir un proceso de concertación eficaz para asegurar acuerdos y resultados de beneficio colectivo. En distintas oportunidades, el  gobierno mexicano ha señalado que se realizará una evaluación de los compromisos asumidos en reuniones anteriores y buscará insertar nuevas propuestas y temas. Igualmente, como se ha evidenciado en los últimos meses, está promoviendo la participación activa de países no miembros, organizaciones internacionales, instituciones académicas y sector privado, a fin de otorgar mayor apertura y pluralidad al diálogo instaurado por el grupo.[3]

Para México, que es el segundo país con economía emergente en ocupar la presidencia del G-20 a nivel de líderes, el objetivo fundamental es el fortalecimiento de los recursos del Fondo Monetario Internacional (FMI), aunque antes Europa tendría que incrementar su fondo de rescate; igualmente importante es la creación de empleos, fundamentalmente entre jóvenes; se buscaría también la recuperación del crecimiento económico mundial y un “crecimiento verde.” Otros temas de la agenda que resultan de interés para nuestro país, son la inclusión financiera (asegurar un incremento porcentual para que la población tenga acceso a algún recurso financiero); el impacto del aumento en el precio de las materias primas sobre el crecimiento económico; el rechazo de nuevos aranceles y el fomento del comercio internacional.[4]

 

Independientemente de los compromisos que se alcancen en la reunión de junio próximo, conviene recordar que los encuentros previos del G-20 han terminado en declaraciones de principios y planes para asegurar el bienestar colectivo. Por ello nuestro país, en su calidad de presidente de la veintena de líderes, tiene una gran oportunidad para plantear el rumbo que podrá tomar el grupo ante la nueva realidad internacional; así como reiterar su rol como una nación de tamaño medio que tiene una postura propia respecto a los temas que hoy ocupan un lugar central en la agenda multilateral.

 

Es urgente que este foro, originalmente creado para afrontar problemáticas económico-financieras, concentre nuevamente sus esfuerzos en esos aspectos y deje atrás su intención de abarcar integralmente la agenda internacional contemporánea. Ante el amplio entramado de organizaciones y foros donde se enfrentan actualmente los principales problemas del orbe, los esfuerzos del G-20 por ampliar su campo de acción se verán amainados ya que se sobreponen a lo comprometido en otros ámbitos.

 

Ejemplos de esta tendencia los encontramos en dos temas fundamentales: cooperación para el desarrollo y crisis alimentaria. El primer caso fue abordado en la Conferencia Internacional sobre la Financiación para el Desarrollo (Monterrey, 2002), de la cual emanaron compromisos y acciones concretas plasmadas en el Consenso de Monterrey, todo lo cual implicó una ulterior revisión de los logros (Doha, 2008); actualmente está pendiente un nuevo balance respecto a su situación actual y futuro. En el segundo caso, los esfuerzos por asegurar alimentos para toda la humanidad han sido una constante desde 1974 con la Conferencia Internacional sobre Alimentación y con los diversos encuentros en el seno de la organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) o la Conferencia de la Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), ello sin omitir los esfuerzos que realiza el Fondo Internacional para el Desarrollo Agrícola para paliar este problema.

 

Ante esta realidad, México podría favorecer el avance de acuerdos específicos que muestren resultados en el corto plazo. La estrategia multilateral de nuestro país se ha convertido en un baluarte poco destacado, a pesar de los resultados positivos obtenidos en época reciente.[5] Por ello, coadyuvar en la delimitación de los temas al interior del G-20 más que verse como una estrategia de visión corta, podría ser la estratagema que permita avances específicos en un ámbito donde más que nunca se requieren reformas: el sistema financiero internacional.

 

De los temas en los que ha participado nuestro país y en los cuales podría concentrarse a fin de asegurar avances de corto y amplio alcance destacan: propugnar por la estabilidad económica mundial (adopción de medidas anticíclicas, equilibrio fiscal y crecimiento sostenido); asegurar el cumplimiento pleno del Marco para el Crecimiento Vigoroso, Sostenible y Equilibrado (establecido en Pittsburgh en 2008 para asegurar que las políticas fiscales, monetarias, comerciales y estructurales de los países miembros sean consistentes a nivel global), y el establecer políticas macroeconómicas que no manipulen el tipo de cambio o las tasas de interés.

 

Importante sería también enfocarse en la reforma de las principales instituciones financieras, para que las economías emergentes participen de forma equilibrada y acorde con su peso, en la economía internacional; en los aumentos de capital al Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, y en un incremento de la voz de los países en desarrollo en la toma de decisiones.

 

En la retahíla de prioridades, igualmente podrían sumarse el establecimiento de nuevos instrumentos de préstamo flexibles a los países en desarrollo, para mejorar su accesibilidad a recursos durante crisis o dificultades; el fortalecimiento de los sistemas financieros para evitar elementos de regulación que puedan encarecer el acceso al crédito, o imponer requerimientos de capital demasiado estrictos y, la continuación de los esfuerzos realizados por el comité de Basilea de supervisión Bancaria y del Consejo de Estabilidad Financiera, acordado con el FMI para garantizar una mayor cooperación global y proporcionar un sistema de alerta temprana ante futuras crisis financieras.

 

El establecimiento de estas prioridades no significa que los temas no financieros del G-20 sean de menor trascendencia o que puedan esperar un mejor momento para ser solucionados. De lo que se trata es que el G-20 regrese a su basamento originario de resolución de problemas que afectan el funcionamiento del sistema financiero internacional y deje al margen, o mejor dicho en manos de otros foros o mecanismos, la solución de ingentes problemas que también demanda la humanidad en su conjunto.

 

La posibilidad de que la compleja situación económica internacional desemboque en una nueva crisis financiera y el posible desgaste del G-20 como facilitador de acuerdos, implican un gran riesgo para el mundo y por ello el acotamiento de objetivos y metas es más una necesidad, que un repliegue obtuso. La construcción de soluciones a los complejos problemas económicos y financieros que hoy enfrenta la comunidad internacional en su conjunto, es una prioridad que deberá dejar atrás horizontes amplios para enfocarse en ámbitos de bienestar más cercanos e inmediatos.

 



[1]  Arabia Saudita, Argentina, Australia, Brasil, China, Corea, India, Indonesia, México, Sudáfrica y Turquía. En el caso de México, destaca su rol como décima potencia exportadora, como décimo tercera economía en términos de participación en el PIB mundial, además de su apertura comercial, su liderazgo regional, y estabilidad macroeconómica.

[2]  Washington, EUA, (Noviembre de 2008); Londres, Inglaterra (Abril, 2009); Pittsburgh, EUA, (Septiembre, 2009); Toronto, Canadá (Junio, 2010); Seúl, Corea (Noviembre, 2010); Cannes, Francia (Noviembre,2011).

[3]  Como México asigna gran importancia al fortalecimiento del diálogo y la vinculación con actores que no son parte del G-20, designó un Representante Especial para intercambiar opiniones y puntos de vista con quienes no están directamente representados dentro del grupo (países no miembros, organizaciones internacionales y sociedad civil en su conjunto, con particular énfasis en los jóvenes, círculos académicos y empresarios). Nuestro país también ha asegurado la continuidad del llamado Business 20 o B-20, encuentro que promueve el diálogo entre los Líderes del G-20 y la comunidad empresarial a fin de enriquecer las discusiones sobre asuntos como la recuperación del comercio y la inversión o la reducción del desempleo; hace unas semanas quedó configurada la agenda de la cuarta cumbre del B-20 en el marco de la próxima reunión de líderes del G-20. Igualmente, por vez primera en la historia del grupo celebró el llamado Think 20, encuentro donde fluyeron aportaciones de la academia y los think tanks o centros de investigación especializados en temas de interés para G-20; la sede de este encuentro realizado en febrero de 2012 fue  el Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales y en su sitio de internet pueden consultarse las principales aportaciones (http://think20.consejomexicano.org)

[4]  Comentarios de la Embajadora Lourdes Aranda Bezaury en una entrevista ofrecida al periódico español ABC. Abril4, 2012. (http://www.abc.es/20120402/economia/abcp-crecimiento-verde-mucho-rentable-20120402.html). Por su parte, en la página oficial de este grupo (http://www.g20.org/es/presidencia-mexicana-del-g20/presidencia-mexicana-del-g20), México ha propuesto las siguientes prioridades: Estabilización económica y reformas estructurales para el crecimiento y el empleo; Fortalecimiento de los sistemas financieros y fomento de la inclusión financiera para impulsar el crecimiento económico; Mejorar la arquitectura financiera internacional en una economía global interconectada; Promover la seguridad alimentaria y abordar el tema de la volatilidad del precio de las materias primas; Alentar el desarrollo sustentable incluyendo una agenda de infraestructura, eficiencia energética, impulso al crecimiento verde y financiamiento para enfrentar el cambio climático.

[5]  México tiene la interlocución y las características para ser un facilitador natural en las negociaciones internacionales, y acercar posiciones sobre los apremiantes desafíos económicos y financieros que actualmente enfrentamos (...) México no promueve la formación de grupos dentro del G20, para no distorsionar su naturaleza como un foro en el que cada país miembro participa en términos de igualdad. Aranda Bezaury, Lourdes. Participación mexicana en el G20. Secretaría de Relaciones Exteriores, Instituto Matías Romero, 2011. 36 p. (Cuadernos del G20 ; 1)

 

 



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