de 2013
Síganos en
INDICE DE ESTE NUMERO:
EDITORIAL...
I.@@CHARLA CIBERNÉTICA CON EL EMBA:...
II. LA ORGANIZACIÓN DE ESTADOS AMER...
III. EL G-20: URGENTE DEFINICIÓN DE...
IV. COREA DEL NORTE: UN COHETE INQU...
V. COREA DEL SUR: UNA PUERTA A LOS ...
VI. RESEÑA DEL LIBRO: A WALK IN TH...
VII. SEXTA CUMBRE DE LAS AMÉRICAS. ...

 [Califique este trabajo]
“A Walk in the Woods”

VI. “A Walk in the Woods”[1]

 

 

Reseña y comentarios

por Alberto Bernal Acero[2]

 

 

 

 

           

 

 

Cuando se escribe sobre diplomacia, normalmente se piensa en profundos análisis sobre las negociaciones que realizaron diplomáticos distinguidos como Metternich, Kissinger, Gromycko, Alfonso García Robles o Eleanor Roosevelt.

 

            Sin embargo, un aspecto que no se menciona es el humano. Al final de cuentas, quienes se sientan en una mesa de negociación son personas con sentimientos y convicciones personales al margen de las que representan; con penas y alegrías, que deben dejar en el portafolio y abocarse al trabajo que les fue asignado.

 

            Esta faceta es en la que se centra el dramaturgo estadounidense Lee Blessing en su obra “A Walk in the Woods”.

 

            La obra se ubica en lo más álgido de la Guerra Fría, se trata de una pieza teatral que presenta la interacción de un diplomático soviético y un negociador estadounidense, que transcurre en la campiña suiza, cercana a Ginebra, en una imaginaria negociación. Andrey Botvinnik es un diplomático de carrera en sus últimos 50’s, mientras que John Honeyman es un negociador en sus medianos 40’s. Botvinnik es lo que diríamos, un “viejo lobo de mar”, ya curtido en anteriores negociaciones con contrapartes estadounidenses, mientras que, Honeyman es un experto de escritorio, al que se involucra en esta negociación por haber planteado una propuesta interesante del lado de Estados Unidos, para ser sometida a los soviéticos (en su conversación, el propio Honeyman admite haber participado en negociaciones de bajo nivel).

 

            Para el novato en las conversaciones de alto nivel, resulta inaceptable y a ratos increíble la frugalidad de la conversación de su contraparte soviética, incluso al grado de que desde un principio, cuestiona el objeto de salir a caminar por el bosque. El estadounidense lo interpreta como un movimiento estratégico para ventilar algún tema especialmente delicado. Botvinnik simplemente desea dar un paseo para contemplar el bosque, los árboles y platicar de cualquier cosa. El veterano admite que le simpatiza su contraparte principiante y que desea iniciar una amistad, al margen de la tarea que tienen encomendada. Honeyman está impaciente e indignado ante esta actitud aparentemente superficial.

 

            Sin embargo, a lo largo de la obra –que se desarrolla en dos actos-, el negociador norteamericano descubre que, si bien la tarea encomendada es fundamental para el equilibrio de las superpotencias, también da espacio para que dos seres humanos dejen esa tarea en la mesa de negociación y puedan compartir algo tan simple como caminar por el bosque y descubrir su lado humano y sensible, que a fin de cuentas, es parte de los dos personajes.

 

            La obra fue estrenada en febrero de 1987 y tuvo una de sus mejores representaciones en 1988, dentro del programa American Playhouse, realizado por el sistema de televisión pública de Estados Unidos (PBS), contando con las actuaciones de Robert Prosky como Botvinnik y Sam Waterston como Honeyman. En dicha escenificación se pudo ver el choque inicial de dos personalidades aparentemente disímbolas, entre la urgencia de un negociador con la mirada fija en su tarea y un diplomático que solo desea dar un paseo y conocer mejor a su contraparte. Al final, ambos personajes reconocen que son parte de un complejo entramado político y que lo que pueden hacer para no perder su cordura y su sentido humano es refugiarse en la tranquilidad de los bosques suizos y caminar.

 

            A Walk in the Woods ha tenido pocas representaciones desde entonces. Sin embargo, su lectura es una invitación a explorar el aspecto humano de la diplomacia y la negociación, como esencia de la misma.

 

Los personajes muestran a ratos un cierto cinismo respecto a su papel en el ajedrez de las negociaciones EUA-URSS, pero también es un aterrizaje en el que  quienes están sentados en la mesa negociando la paz mundial, al final de toda la confrontación y la lucha de intereses y posiciones establecidas por sus lealtades y orígenes, son personas que tienen una mentalidad propia, que no son máquinas programadas para mantener una posición inamovible y que, eventualmente, pueden ceder a favor de una contraprestación del otro lado de la mesa.

 

Como antes se dice, Botvinnik es un diplomático con cierta edad y mucha experiencia en este terreno, la que le ha permitido poder separar la mesa de negociación del hecho de tener su propia visión de las cosas. Está consciente de su rol en Ginebra y no lo rechaza ni lo evade, pero lo compensa con la simplicidad de una conversación en el bosque: tomar el sol sentado en una banca y contemplar la belleza de los árboles a su alrededor. El diplomático soviético ha visto ir y venir a representantes de EUA -cada uno diferente y todos rígidos negociadores que no desean mostrar un aspecto de debilidad frente al adversario soviético-, pero Botvinnik los “enfrenta” con su trato cordial, simple, sin protocolos, el que se manifiesta en esos paseos por el bosque. Así lo demuestra en sus comentarios sobre el predecesor del actual negociador, a quien califica de “parecer un perro esperando su cena”, demasiado formal y, diríamos nosotros, “estirado” ya que “nunca cambiaba su posición” refiriéndose a su manera de sentarse a la mesa.

 

Honeyman, por su parte, es el funcionario que llega a Ginebra con una misión y la instrucción de regresar con un acuerdo firmado o una mejor oferta. No ve más allá de su comisión, no acepta que haya algo más allá de la misma.   

 

El diplomático estadounidense ve al soviético como al enemigo implacable al que debe doblegar con sus sesudos argumentos y una propuesta “perfectamente estructurada” para lograr una negociación favorable. Después de todo, él fue uno de los que la armaron en su escritorio de Washington, el plan negociador, sin haber estado en las conversaciones anteriores y sin conocer personalmente a sus contrapartes, a quienes ve como contrincantes.

 

            Conforme se dan estas caminatas (que llegan a ser varias en el curso de un año de negociación), Honeyman empieza a entender mejor la posición del soviético, y termina en el punto en que, en la misma banca en el bosque donde empezó su recorrido y su mutuo conocimiento, primero con recelo, ahora ambos se acompañan para ver el bosque, poco después de que Botvinnik le anuncia que se retira de las pláticas por órdenes de su gobierno, y el que fuera el adversario se convierte en el amigo, al que le pide no irse y seguir trabajando en lograr progresos en la empresa en la que ambos están embarcados.

 

            Es un texto de fácil lectura. Desconozco si haya versiones en español, pero sería una experiencia interesante poder montar la obra teatral en nuestro país, o al menos para que nuestros jóvenes diplomáticos, y algunos no tan jóvenes, puedan verse reflejados en estos personajes y descubran esta interesante faceta del oficio de la diplomacia y que a la vez, puedan tener una óptica de una época de la historia reciente de nuestro mundo, mientras dan un paseo por el bosque.

 

 

México, D.F., abril de 2012.

 

 

 



[1] BLESSING, Lee, “A Walk in the Woods”. A play in two acts. Dramatists Play Service, Inc. New York, 1988, 58pp. No. de Catálogo: 4776, ISBN: 0-8222-1220-X

[2] El autor es Primer Secretario del Servicio Exterior Mexicano.



 [Califique este trabajo]
Comentarios

A. Perez dijo el 2.6.2012:
Resenha muy amena. Los invito a leerla y disfrutarla

Haga sus comentarios

Nombre
E-Mail (no será publicado)
Comentarios
 
Ignore signos de puntuación y recuerde que el uso de mayúsculas o minúsculas es indiferente.