III. BELICE OTRA CUÑA BRITÁNICA

EN LA AMÉRICA IBÉRICA[1]

 

Ignacio Ríos Navarro

Martha Patricia Camacho de la Vega

 

 

INTRODUCCIÓN

Ubicación.-  Belice se localiza en América Central, ribereño del Mar Caribe; limita con México al norte y con Guatemala al oeste y al sur; al este el Golfo de Honduras lo separa de Honduras por 75 Km. de distancia en el punto más cercano entre las dos naciones.  Además de que Belice es el nombre del país, el principal río y la ciudad y puerto más grande también llevan ese nombre.

 

Click here for large Black and White MapEl país se ubica entre los Ríos Hondo (en sus límites con México) y Sartoon (límite con Guatemala), con el Río Viejo o Río Belice fluyendo en el centro del país.  A lo largo de toda la costa caribeña se encuentran arrecifes de coral, lo que lo convierte en el poseedor de la barrera de coral más larga del hemisferio occidental y el segundo más largo en el mundo luego de la gran barrera de coral.[2] 

 

Belice comprende dos zonas perfectamente diferenciadas: la septentrional que va del Río Hondo al Río Sibún o laguna Manate, la cual perteneció a la gobernación de Yucatán y fue concedida a Inglaterra como establecimiento para el corte de palo de tinte por el Tratado de Versalles de 1783 y la Convención de Londres de 1786.  En esta zona se ubican llanuras costeras planas y pantanosas, densamente forestadas en algunos lugares.

 

La zona meridional, comprende el territorio que pertenecía a la audiencia de Guatemala, ocupado por los ingleses a principios del Siglo XIX y durante los años que siguieron a la independencia de los países latinoamericanos, y que se extiende entre el Río Sibún y el Río Sartoon.  En esta zona se encuentra la cadena montañosa baja de la Montaña Maya, cuyo punto más alto es el Pico Victoria, con 1,160 metros sobre el nivel del mar.

 

El clima es tropical, cálido y húmedo.  Durante la temporada de lluvias, que se extiende de mayo a noviembre, son comunes los desastres como consecuencia de fenómenos naturales, tales como huracanes e inundaciones.  Cerca del 60% del territorio es selva tropical, que como consecuencia del crecimiento demográfico va disminuyendo año con año.

 

La región perteneció al imperio y civilización Maya que pobló Mesoamérica hasta la llegada de los conquistadores españoles; en su territorio, incluido el sur de México y Guatemala, se asentaron los itzaes.  La presencia de los primeros habitantes de Belice es testimoniada por los vestigios arqueológicos en las ciudades de Lubaantún y Altun Ha.  Los más antiguos restos arqueológicos encontrados se remontan al período preclásico (1500 a.c. - 300 d.c.), entre ellos las cerámicas del yacimiento de Barton Ramie.  Durante el período clásico (300 d.c. - 900 d.c.), los mayas construyeron pequeños poblados en las llanuras aluviales y en las faldas de las colinas, edificando, a un nivel más alto, templos y palacios. También se han encontrado restos de tumbas y centros ceremoniales, con pirámides y campos para el juego de pelota, así como algunos pocos ejemplos del período posclásico.

 

Origen del nombre.-  Existe la posibilidad de que la palabra Belice tenga una etimología maya que significa agua cenagosa.  Los mapas españoles llamaban a la zona La Baliza o Baliza[3], muy probablemente por existir varias en las costas.  Sin embargo, para Calderón Quijano[4] el vocablo Belice tiene su origen en la defectuosa pronunciación que los españoles y probablemente los indígenas daban al nombre del bucanero escocés Peter Wallace (Walliz, Wallis, Walix, Walis, Waliz, Balix, Balis, Bellese, Bellise, Belice), hombre de confianza del pirata Walter Raleight y quien se estableció hacia 1663 en las márgenes del Río Viejo para el corte de palo de tinte.

 

La extensión territorial de Belice es de 22,966 kilómetros cuadrados; cuenta con una población estimada de 301,270 (est. Jul. 2008); la capital es Belmopan, y se divide en 6 distritos que son Belice, cuya capital es la Ciudad de Belice (1); Cayo, capital Belmopan (2); Corozal, capital Corozal (3); Orange Walk, capital Orange Walk (4); Stann Creek, capital Dangriga (5), y Toledo, capital Punta Gorda (6).

 

El idioma oficial de Belice es el inglés, pero como permanencia de la presencia hispánica, más de la mitad de su población es católica y una gran cantidad habla el español, así como algunos dialectos como el maya.  Su principal riqueza es la madera y la pesca, principalmente de cangrejos.

 

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SOBERANÍA ESPAÑOLA, OCUPACIÓN INGLESA

 

En 1502 Colón navegó hacia la bahía y la denominó Bahía de Honduras; en esa época España era nominalmente la potencia colonial de la región, cuyos derechos de conquista y posesión, como descubridora, se apoyaban en la bula inter Coétera de 1493, del Papa Alejandro VI. 

 

Decepcionados por la ausencia de minerales y por la tenaz resistencia de los nativos, los españoles nunca penetraron en Belice descuidando rápidamente la zona, rica en maderas preciosas, como la caoba, el cedro, el chico zapote y el palo de tinte.  

 

Para efectos de la penetración inglesa en la zona, habría que tener presente la ley española promulgada en 1519 (Carlos V), ratificada en 1563 (Felipe II) y en 1681 (Carlos II), en la que se prohíbe enajenar las tierras descubiertas y pobladas en el Nuevo Mundo.

 

Pedro de Alvarado, lugarteniente de Hernán Cortés, obtuvo de Carlos V el título de Capitán General de Guatemala (hoy Honduras, El Salvador y Guatemala) el 27 de diciembre de 1527, constituyendo la Capitanía General de Guatemala, dependiente del Virreinato de la Nueva España. 

 

Los Estados actuales de Costa Rica, Nicaragua y Panamá quedaron comprendidos en la Audiencia de Panamá en 1538.  El 13 de septiembre de 1543 se creó la Audiencia y Cancillería Real de Santiago de Guatemala, conocida simplemente como Audiencia de Guatemala o Audiencia de los Confines, suprimiéndose la de Panamá, comprendiendo las provincias de Tabasco, Soconusco, Yucatán, Cozumel, Belice, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Costa Rica, Veragua y Panamá.  La sede de la Audiencia estuvo en Concepción de Comayagua, Honduras, anteriormente Nueva Valladolid.

 

En 1544 la Audiencia de Guatemala se trasladó a Gracias a Dios (Honduras), en 1549 a Guatemala y en 1565 a Panamá, cuando se suprimió la Audiencia de los Confines, quedando su jurisdicción reducida a las provincias de Veragua, Nicaragua y Honduras.  El resto de los territorios de la Audiencia de los Confines pasaron a la Real Audiencia de México.

 

El 3 de marzo de 1570 la Audiencia de Panamá vuelve a establecerse en Guatemala con la jurisdicción que tenía en 1549, salvo Yucatán que pasó a depender definitivamente de la Audiencia de México hasta la independenciaEn 1573 la Capitanía General de Guatemala se constituyó con la jurisdicción de la Audiencia.

 

Los primeros misioneros españoles en Belice aparecieron en 1550 y evangelizaron la región del Chol (grupo lingüístico K'ekchi), hasta la Bahía de Amatique, o sea, lo que hoy es la mitad sur de Belice, región que posteriormente se conoció como la Provincia de la Verapaz.  La región de Pucté, en el norte, fue evangelizada en 1618 y, en 1621, lo fue la región de los Mopanes y Tipúes, en la parte central de Belice.

 

El descuido del territorio, despoblado y poco atendido por el Virreinato de la Nueva España, aunado a la debilidad del poderío naval español como consecuencia del descubrimiento de América, el esfuerzo por poblar la tierra descubierta, las incesantes guerras y la ineptitud de los sucesores de Felipe II, fue aprovechado por Inglaterra que decidió utilizar estas tierras como escondite de piratas, corsarios y bucaneros, cuyas actividades eran apoyadas en los siglos XVI y XVII por la corona inglesa, al considerarlas al servicio de la corona.  La costa fue utilizada como refugio por los piratas ingleses hasta mediados del siglo dieciocho[5].

 

Es de mencionar la presencia de los piratas ingleses John Hawkins y Francis Drake, quienes se dedicaban a asediar los barcos españoles que se dirigían rumbo a Europa cargados de oro, telas, especias y animales, así como del pirata escocés Peter Wallace quien instaló su centro de operaciones en un islote localizado frente a la desembocadura del Río Viejo.  Poco a poco los filibusteros se internaron en la selva, descubriendo las riquezas madereras que, al explotarlas, les significaron mayor ingreso económico que asaltar los barcos españoles.

 

El interés de Inglaterra por las maderas preciosas, lo impulsó a colonizar la región; leñadores y contingentes de familias inglesas penetraron en la zona en 1638 con el fin de poblar y fundar explotaciones forestales, no sin encontrar resistencia por parte de poblaciones indígenas y de españoles que venían desde Guatemala. Estos enfrentamientos se sucedieron hasta el siglo XVIII.

 

A diferencia de la dinámica social que se presentaba en las colonias insulares británicas, en Belice la estructura poblacional se conformaba por los matrimonios entre colonizadores ingleses y esclavos africanos, que fueron traídos con la finalidad de trabajar en el corte de madera así como en las plantaciones de mono cultivos, como caña de azúcar y cítricos.[6] Con estos flujos migratorios, empieza la vida de la única colonia caribeña continental británica.

 

En 1660 el pirata inglés Bartholomew Sharpe hizo de Belice su base y empezó a comerciar madera con Inglaterra.  Con el fin de neutralizar las acciones de los guardacostas españoles que combatían el contrabando, mediante el decomiso de las mercancías de buques ingleses que comerciaban ilegalmente con las posesiones españolas en América, lo que ocasionaba quejas y protestas del gobierno inglés, fue firmado el Tratado de Paz de Madrid, por el que se extiende a los ingleses los privilegios concedidos en América a los holandeses por el Tratado de Münster.[7]

 

Tres años después, mediante el Tratado de Madrid[8], Inglaterra y España se comprometen, en su artículo tercero, a suspender y abstenerse de todo robo, presa, lesión, injurias y daños, por tierra o mar, en cualquier parte del mundo; poner un alto a la piratería, por lo que los piratas, ya conocidos como “Baymen” (ingleses y escoceses), se vieron obligados a dedicarse a nuevos oficios; España reconoce la soberanía británica sobre los territorios que a la fecha estuviesen poseídos por súbditos ingleses en América e Indias Occidentales y, a su vez, en cuanto a Belice, Inglaterra promete no pretender más tierras americanas[9]

 

La posición británica se fundamenta en este acuerdo, al interpretar que los súbditos británicos cortadores de palo de tinte “poseían efectivamente” el territorio que explotaban.  Sin embargo, como lo señala Juan Aznar Sánchez, esa posesión no implicaba la ocupación, administración, dominación o poder público por parte de la potencia ocupante, por lo que no era una “posesión efectiva”, y por ende en Belice no se ejercía la soberanía inglesa[10].  

 

El 7 de junio de 1672 la corona española emitió la Cédula Real donde se señalan las islas que los ingleses tenían en América (Barbados, Nueva Inglaterra, parte de San Cristóbal, Canadá y Jamaica) y se prevé la confiscación de los barcos extranjeros que transportaran palo de tinte, por considerar que era un acto ilícito.  En 1680 fue capturado, frente a los cayos de Yucatán, un barco que transportaba palo de tinte, su tripulación fue enviada a la isla Turneffe, situada frente a la desembocadura del Río Viejo. 

 

De 1702 a 1713 se registró la llamada Guerra de Sucesión Española, en la que Alemania, Países Bajos, Austria, Holanda, Inglaterra y España apoyaban a aspirantes distintos al trono español, y que terminó con los Tratados de Utrech de julio de 1713, mediante los cuales todos los países firmantes reconocen como rey de España y de las Indias a Felipe V, candidato francés, quien renuncia a cualquier derecho al trono francés.  En el acuerdo firmado entre España e Inglaterra, se cede a esta última la Isla de San Cristóbal en el Caribe así como el derecho de Asiento de Negros[11].  El gran beneficiario de este conjunto de tratados fue Inglaterra que, además de sus ganancias territoriales, obtuvo cuantiosas ventajas económicas que le permitieron romper el monopolio comercial de España con sus colonias en América y empieza a amenazar el control español en el Mediterráneo con Menorca y Gibraltar.

 

En Belice, autoridades españolas de Yucatán realizaban operaciones sucesivas de castigo contra los cortadores de palo de tinte, destacando entre ellas las de 1717, cuando fuerzas españolas desde el Petén, al mando del Mariscal Antonio Figueroa y Silva Lazo de la Vega Ladrón del Niño Guevara, gobernador de la península[12], expulsaron a los ingleses del territorio, culminando en la batalla de Bacalar en 1733.

 

Zenón de Somodevilla y Bengoechea, Marqués de la Ensenada y Ministro de la Secretaría de despacho de Indias Occidentales y Orientales, fue el primer político español que prestó verdadero interés a la presencia de leñadores ingleses en el corte de palo de tinte en Belice; estableció una enérgica política de corsos y castigos y un sistema de competencia por parte española en el corte y comercio de dicha madera, en 1743.  Fue así que en 1750 José Palma y más adelante el Capitán José Alberto Rendón, atacaron y expulsaron de nuevo a los ingleses, proporcionaron ayuda al gobierno de Guatemala para repeler ataques piratas en sus costas y desalojaron a los ingleses e indios misquitos del río San Juan y el gran Lago de Nicaragua. 

 

La salida del Marqués de la Ensenada y la entrada de Richard Wall como nuevo Ministro de Estado, dio un giro pro-británico a la política española, como consecuencia de la influencia y presión que ejerció el embajador británico Benjamin Keene. En esa administración se suspendieron las operaciones de desalojo y exterminio de los británicos en Belice. Esta política se revirtió con el ministerio de Arriaga, quien durante su encargo, de 1754 a 1776, mantuvo una enérgica posición en lo referente a Belice.

 

Las acciones españolas en contra del comercio del palo de tinte hacia necesario la conclusión de acuerdos ya no en el ámbito comercial, sino en materia de explotación y comercialización del producto por parte de los ingleses.  De esta manera, en 1763, durante el reinado de Carlos III, fue firmado el Tratado de París[13], que pone término a la guerra denominada de los Siete Años, por el que España recupera Filipinas y Cuba y permite a Inglaterra el corte de madera en la Bahía de Honduras, lo cual es el reconocimiento expreso inglés de la soberanía española en ese territorio. 

 

El artículo 17 de dicho Tratado señala que Inglaterra demolerá todas las fortificaciones que hubiese construido en la Bahía de Honduras y España otorga la concesión (primera) y el reconocimiento jurídico de los cortadores de palo de tinte, quienes hasta entonces se mantenían en una situación ilegal y clandestina, en un área comprendida en los parajes de la Bahía de Honduras, con una gran imprecisión topográfica que dio lugar a la inadecuada denominación que desde entonces tuvieron esos territorios como Honduras Británicas[14]

 

El 16 de junio de 1779 España declaró la guerra a Gran Bretaña, alegando, entre otras causas, los desmanes y excesos cometidos en la Bahía de Honduras.  Los ingleses pierden posesiones en América del Norte (Mobila y Pensacola, capital de Florida), en las Antillas y en América Central. El gobernador de Yucatán llevó a cabo una ofensiva contra los habitantes de Belice quienes, contrariando el espíritu del Tratado de París de 1763, ya habían construido fortificaciones, y en septiembre de 1779 desaloja a los ingleses de toda la costa centroamericana.

 

El 20 de enero de 1783 se firmaron los preliminares de paz; uno de los puntos más complicados fue el de los establecimientos ingleses en Belice.  El artículo IV establece: “Su Majestad Católica no permitirá en lo venidero que los vasallos de Su Majestad Británica sean inquietados o molestados bajo ningún pretexto en su ocupación de cortar y transportar el palo de tinte o campeche en un distrito cuyos límites se fijarán y, para este efecto, podrán fabricar sin impedimento y ocupar sin interrupción las casas y almacenes que fueren necesarios para ellos, para sus familias y para sus efectos, en el paraje que se concertará, ya sea por el tratado definitivo o seis meses después del canje de las ratificaciones, y Su Majestad Católica le asegura por este artículo el entero goce de lo que queda arriba estipulado; bien entendido que estas estipulaciones no se consideran como derogatorias en nada del derecho de su soberanía”.

 

Luego de extensas conversaciones entre los plenipotenciarios, fue firmado el Tratado definitivo de paz en Versalles[15], en el que se proclama la soberanía española sobre el territorio, delimita las actividades de los colonos británicos al establecer como límite de la concesión para la explotación del llamado Palo de Tinte un área de 4,804 kilómetros cuadrados, ubicada entre los ríos Hondo y Belice. 

 

Los habitantes del lugar pidieron al gobierno inglés obtener del español un radio de acción que les permitiera ejercer mayor goce de libertades, ya que dicho tratado concentraba a los ingleses dispersos en gran parte de la costa de América Central en un lugar perfectamente delimitado. Asimismo, solicitaron el nombramiento de un superintendente y que se constituyera una fuerza policial, proveyéndolos de un crucero que los defendiera de las naves españolas.  Ellos ofrecían, a cambio, pagar las rentas de su comercio.

 

En Europa se notaba la perspectiva de una paz duradera.  España estaba interesada en complacer a Inglaterra esperando como compensación la devolución del Peñón de Gibraltar.  Fue así que dos años después, se amplió la concesión mediante la Convención de Londres de 1786[16], cuyas características podrían resumirse en la reiteración de la soberanía española sobre el territorio y la ampliación de los derechos, no posesión, a los británicos, lo que se manifiesta en la extensión de los límites permitidos, libertad de cortar no solamente el palo de tinte sino cualquier otra madera, aprovechamiento de cualquier otro fruto o producción de la tierra en su estado natural y sin cultivo y derecho de ocupar la isla de Casina o St. George Key o Cayo Casina. Por la Convención se conceden 1,884 kilómetros cuadrados más de territorio, para llegar hasta el Río Sibún o Laguna Manate, al sur del Río Belice, que pertenecía en esa época a la Gobernación de Yucatán, Virreinato de la Nueva España. El permiso para explotar las riquezas de la selva comprendía una extensión total de 6,688 kilómetros cuadrados, con límites entre el Río Hondo por el norte y el Río Sibún por el sur.

 

El 1º de septiembre de 1786, ambas partes suscribieron una declaración adicional por la que se amplían las prevenciones contra posibles abusos de la licencia concedida por España a los súbditos ingleses, estableciendo la visita de un comisionado español que visitaría dos veces al año el establecimiento para constatar el cumplimiento de los artículos de la convención.

 

No obstante que en el artículo 7 se prohíbe a los habitantes extranjeros (británicos) en el territorio la formación de un sistema de gobierno militar o civil, en 1787 llegó a Belice el primer superintendente inglés, Coronel Eduardo Marcos Despard, con el fin de establecer un gobierno y organizar la administración de justicia. A pesar de la prohibición de realizar ciertos cultivos, en marzo de 1789 el gobernador español permitió a cada residente sembrar hortalizas, legumbres, papas, maíz para su consumo. A esto debemos agregar que en 1790 Belice ya estaba fortificado, contrariando también los acuerdos previos.

 

En 1796 Europa se sumió en las guerras napoleónicas; las posesiones españolas en América fueron expuestas al ataque británico; Londres conquistó la Antilla francesa, en 1794; el cabo Holandés, en 1795, y la Trinidad española en 1797, el Reino Unido se fortalecía cada vez más como potencia naval, en contra del debilitamiento de Francia, España y la República Bátava, constituida por Bélgica y Holanda.  España e Inglaterra se declararon la guerra en 1796.

 

El gobernador de Yucatán logró reunir una fuerza de 2,000 hombres y 13 navíos al mando del general O'Neil, para concertar un ataque sobre Belice y desalojar a los ingleses de la zona.  Los choques armados entre españoles e ingleses culminaron en la Batalla de Cayo Saint George, el 10 de septiembre de 1798, cuando los colonos, apoyados por la corbeta inglesa Merlín, y habiendo fortificado debidamente la isla Cayo de San Jorge, sostuvieron una decidida resistencia contra las fuerzas españolas, que se vieron obligadas a retirarse a Campeche.  La armada española fue derrotada, iniciándose el dominio abierto inglés en el territorio continental de Centroamérica, el cuál duraría 183 años[17].

 

Al término de la guerra de España y Francia contra Inglaterra, durante el reinado español de Carlos IV, fue suscrito el Tratado de paz de Amiens, el 25 de marzo de 1802[18], por el cual España pierde la isla de Trinidad, en tanto que Inglaterra se compromete a devolver a España todas las posesiones que hubiera ocupado durante la guerra, a excepción del emplazamiento entre los ríos Hondo y Sibún, al amparo de los tratados firmados.

 

El Tratado de Amiens sólo aseguró la paz por poco más de un año, de marzo de 1802 a mayo de 1803, cuando comienza la incertidumbre de una nueva guerra.  En el establecimiento de Belice continuaban los preparativos contra España.  Los leñadores solicitaron en reiteradas oportunidades protección a las autoridades de Jamaica ante la posibilidad de acciones que podrían ejercer los guardacostas españoles con los cargamentos de caoba.

 

El gobierno británico en repetidas ocasiones señaló que Belice no constituía parte de sus dominios.  En 1805 el Vizconde de Castlereagh reconoció que el establecimiento en Belice quedaba dentro de territorio y jurisdicción extraña a la Gran Bretaña.  Dos años después, en 1807, el Gobierno inglés prohibió el comercio de esclavos en dicha zona.  El tratado de paz del 14 de enero de 1809 nada estipula sobre Belice[19].

 

Por el Tratado de Amistad y Comercio del 24 de agosto de 1814, España e Inglaterra renuevan la vigencia de los acuerdos de 1783 y 1786, con todas las restricciones.  Los límites establecidos para Belice fueron respetados tanto por ambos países.  El 3 de julio de 1816 el gobierno inglés decomisó un cargamento de madera por haber sido cortado fuera del límite estipulado para Belice.  Hasta ese momento Inglaterra reconocía la soberanía española sobre la región.

 

El Parlamento Inglés reconoció en dos oportunidades, 1817 y 1819, que Belice no estaba en los límites y dominios de su Majestad Británica. La cláusula principal de la Ley para el más efectivo castigo de asesinatos cometidos en lugares no dentro de los dominios de Su Majestad”, sancionada por el parlamento británico el 27 de junio de 1817, establece “Por cuantos penosos asesinatos se han convertido en la Bahía de Honduras, siendo éste un establecimiento para ciertos fines, bajo la protección de Su Majestad, pero no dentro del territorio y sus dominios de Su Majestad”.  Esta ley fue reformada en 1819 y hacia 1858 aún estaba en vigencia.

 

Las vicisitudes políticas que siguieron (debilitamiento militar de España e independencia de las colonias españolas en América) facilitaron la extensión de las actividades, presencia y conquista inglesa hacia el sur, sobre territorio perteneciente a la Audiencia de Guatemala, ampliándose la zona hasta el Río Sartoon, y penetrando hacia el occidente hasta El Petén.

 

INDEPENCENCIA DE GUATEMALA, PENETRACIÓN INGLESA

 

Cuando se fijaron las fronteras de los territorios de la Real Audiencia y Capitanía General de Guatemala con el virreinato de la Nueva España, Belice quedó circunscrito a la región de La Verapaz, bajo la jurisdicción de la Alcaldía Mayor de Verapaz, región Norte de Guatemala.

 

El 15 de septiembre de 1821 la Capitanía General de Guatemala se independizó del Reino de España y, con base en el principio del uti possidetis iure, se convirtió en heredera de los intereses y los derechos que la corona mantenía en la Capitanía, que comprendía el territorio de Belice.  En esas fechas los ingleses aún no se extendían hacia el sur y no se habían establecido fuera de las fronteras acordadas con España, no obstante que ya incursionaban en los cortes de madera más allá del Río Sibún.

 

En julio de 1823, Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica (que se unió en 1824) formaron las Provincias Unidas del Centro de América.  Paralelamente a la unión de los países del Istmo, Gran Bretaña avanzaba sobre el territorio guatemalteco. En la primera Constitución del Estado de la Federación de Centro América de 1825, se señala que el territorio del país comprende “Al norte todos los pueblos de los partidos de Chiquimula con Izabal y el Castillo de San Felipe en el Golfo Dulce, Verapaz y el Petén.  Al sur, ...”.  En dicha Constitución figura la provincia de Verapaz con costa sobre el Golfo de Honduras, al sur del Río Sibún, y a ella pertenecía Belice.

En 1833 fue abolida la esclavitud en Belice y en 1834 Frederick Chatefield, político y diplomático inglés, fue presentado como nuevo cónsul, logrando ampliar unilateralmente el área bajo la jurisdicción de la monarquía inglesa.  No obstante que el General Francisco Morazán rechazó el reconocimiento de los límites del establecimiento hasta el Río Sartoon, el superintendente del territorio ocupado aprobó el 14 de marzo de 1835 la ampliación de la línea fronteriza de Garbutt's Falls, en el Río Belice, cercano a Fallabón y esto permitió que los ingleses continuaron su avance hasta el río Sartoon.

 

El gobierno de Guatemala, conciente de la penetración inglesa en su territorio, en 1834 aprobó el Decreto de Colonización de la Verapaz, ya que los piratas-madereros habían avanzado -explotando y expoliando- por el sur hasta el Río Sartoon y por el sur-poniente en la Verapaz y por el poniente en el Petén. 

 

La federación centroamericana terminó en 1839, y en la primera Constitución de la República de Guatemala, separada de la federación centroamericana, de 1843 se señala que “El Estado comprende los antiguos departamentos de Verapaz, Chiquimula, Sacatepéquez y Guatemala, y también los departamentos de Los Altos (incorporado al Estado por decreto de la Asamblea Nacional Constituyente del 13 de agosto de 1840)”, en dicha Constitución figura la Verapaz con costa sobre el Golfo de Honduras, que corresponde a la parte sur del territorio de Belice.

 

En 1840 Inglaterra estableció en Belice un Consejo Ejecutivo; en 1854 se decretó la primera Constitución para Belice y una Asamblea Legislativa exclusiva para ingleses, la que no permitía el acceso a los nativos de origen maya o negro; en 1859 formó la British Honduras Company y en 1862 convirtió a la región en colonia de la British Honduras Company, poniendo al frente del gobierno a un teniente gobernador que dependió de Jamaica hasta 1884, en que la colonia pasó a ser gobernada autónomamente.  Inglaterra estableció un gobierno en todo el territorio ocupado en 1868 y en 1871 Honduras Británicas fue declarada colonia de la corona inglesa.

 

Cabría señalar que Inglaterra había creado el Protectorado de La Mosquitia en Nicaragua y en 1850 firmado con EUA el Tratado Clayton-Bulwer, en el que ambas partes garantizan la neutralidad del proyectado canal interoceánico en Nicaragua.  Inglaterra aceptó no ejercer dominio alguno en territorio de Centro América.

 

Un segundo tratado entre el Reino Unido y EUA, firmado en Londres el 17 de octubre de 1856 por el Ministro de EUA, Dallas, y por el Secretario de Estado inglés Lord Clarendon, reconoce la falta de delimitación territorial de Belice, la cual, señala, debería concluirse entre Londres y Guatemala.  El Comité de Relaciones Exteriores del Senado de EUA publicó en 1856 un mapa de Centro América, elaborado por la Guardia Costera en marzo de ese año, que presentaba a Belice fraccionado en dos territorios: uno bajo jurisdicción inglesa, del Río Hondo al Río Sibún; y el otro bajo legislación guatemalteca, del Río Sibún al Río Sartoon.

 

DELIMITACIÓN    TERRITORIAL   GUATEMALA - HONDURAS

BRITÁNICAS

 

Los límites entre Guatemala y Honduras Británicas quedaron fijados en la Convención de Límites del 30 de abril de 1859[20] firmada entre Guatemala y Reino Unido.  Esta Convención fue ratificada por el presidente guatemalteco al día siguiente. La frontera en la Bahía de Honduras se iniciaría en la boca del Río Sartoon, en la Bahía de Honduras y correría a lo largo del río por su punto medio hasta los Raudales de Gracias a Dios, de donde giraría a la derecha, hacia el norte, continuando en línea recta hasta los raudales de Garbutt, en el Río Belice, y desde ahí hacia el norte, derecho, hasta donde toca con la frontera mexicana.  El territorio ubicado al norte y al este de la citada línea de límites pertenecería a Inglaterra y el territorio al sur y oeste de la misma pertenecería a Guatemala. De hecho esta Convención cedió territorio guatemalteco a Inglaterra ya que una limitación únicamente se da cuando existen dos soberanías yuxtapuestas y no era el caso en Belice, en la que existía permisos para la presencia de leñadores británicos pero la soberanía residía primeramente en España y luego, por el principio de uti possidetis iure, a Guatemala[21]

 

En el artículo 7 de la Convención se señala que ambas partes pondrán todo su empeño para establecer la comunicación más fácil entre la costa del Océano Atlántico, cerca de Belice, y la Ciudad de Guatemala, lo que se ha interpretado como el compromiso de Inglaterra de construir la vía de comunicación entre la Ciudad de Guatemala y la costa atlántica a cambio de recibir el área ubicada entre los ríos Sibún y Sartoon.  La firma de esta Convención ocasionó la protesta

 

 

 

de EUA, por considerar que violaba el tratado Clayton-Bulwer y se oponía a la historia de la Federación Centroamericana y a la propia historia de Guatemala[22].

 

La demarcación fronteriza se inició el 30 de noviembre de 1861 bajo la supervisión de don Manuel Cano Madrazo, representante de Guatemala y del capitán Enrique Wray, representante inglés, quien en mayo de 1862 recibió órdenes de suspender la demarcación, por lo que únicamente se colocaron 29 mojones. Además, la carretera no fue construida, por lo que ambas acciones llevó a la firma de una nueva convención.

 

Por la Convención de Londres del 5 de agosto de 1863, firmada entre Francisco Martín y Lennox Wyke, Inglaterra se compromete a entregar 50,000 libras esterlinas para cumplir la obligación contraída en el artículo 7 de la Convención de 1859.  En el Artículo I se establece que “La República de Guatemala se compromete a emplear las cincuenta mil libras que recibirá del Gobierno de Su Majestad Británica en el pago de los gastos de la construcción del camino o línea de comunicación .....“, que deberá estar concluida en 4 años.  Esta suma comprometida no fue entregada.

 

En 1884 el gobierno de Guatemala denunció la Convención y exigió la reincorporación del territorio de Belice; la denuncia fue ratificada por el Congreso de la República en 1946.

 

DELIMITACIÓN TERRITORIAL MEXICO - HONDURAS BRITÁNICAS

 

El primer documento firmado entre México e Inglaterra respecto a la demarcación territorial con Honduras Británicas fue el Tratado de Amistad, Comercio y Navegación de 1826, en cuyo artículo 14 se menciona el Río Hondo como límite entre México y el territorio de Belice.

 

El Tratado Spencer-Mariscal, firmado el 8 de julio de 1893 entre México y el Reino Unido, establece los límites entre Yucatán y Belice.  El 7 de abril de 1897 se firmó una Convención adicional, por la que se asegura la libertad de navegación en las aguas de Honduras Británica para los buques mercantes mexicanos.

 

El gobierno mexicano, en su relación con Belice, siempre sostuvo la vigencia de los principios de autodeterminación y no intervención, que forman parte de sus principios de política exterior constitucionales.

 

RECLAMACIONES GUATEMALTECAS

 

En 1933 Inglaterra exigió a Guatemala concluir con la demarcación de la frontera.  Ante ello, el gobierno guatemalteco propuso la devolución de la comarca a cambio de 400 mil libras; si ello no era aceptado, Inglaterra podría comprarla por el mismo precio, pero sin incluir la parte sur, que corresponde al territorio de la Verapaz, así como los cayos de Zapotillo.  Esta propuesta fue rechazada.

 

Cuatro años después, Guatemala propuso acudir a un arbitraje.  En 1938 los ingleses declararon que no tenían obligación pendiente con Guatemala y consideraban como frontera la que ellos habían definido. El gobierno guatemalteco editó el llamado Libro Blanco, que es el compendio histórico de la controversia.

 

La Constitución guatemalteca de 1945 (derogada por el golpe de estado de 1982) estableció que Belice era parte del territorio guatemalteco y en 1946 el Congreso declaró la caducidad del tratado de límites e hizo la denuncia internacional.  Ese año, Inglaterra respondió que de acuerdo con el artículo 36 de la Carta de las Naciones Unidas, la controversia debería ser sometida a la Corte Internacional de Justicia, situación que fue aceptada, bajo el entendido de que se planteara de acuerdo con la modalidad de equidad, que analizaría aspectos jurídicos e históricos, lo que fue rechazado por Inglaterra[23].

 

En la Declaración de principios de convivencia centroamericana, firmada en Guatemala el 24 de agosto de 1945 por representantes de Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica, se rechaza la supervivencia del coloniaje en América y se expresa que el territorio de Belice es parte integrante de Guatemala.

 

Con base en el mandado establecido en la Resolución XXXIII de la IX Conferencia Internacional Americana celebrada en abril de 1948, la Comisión Americana de Territorios Dependientes reunida en La Habana en 1949, redactó una lista de colonias o territorios coloniales, a saber: Groenlandia; Antillas francesas; las Guayanas francesa, británica y holandesa; Isla de Clipperton, Antillas holandesas, Antillas menores británicas, Bahamas, Barbados, Jamaica y dependencias y Trinidad y Tobago; así como los territorios ocupados: Belice, Islas Malvinas, Islas Georgia y Sandwich del Sur y la Antártida argentina[24].

 

En el informe presentado a la X Conferencia Internacional Americana se recomienda a los países miembros dirigirse a los países extracontinentales con posesiones en América para solicitarles su cooperación en la resolución del problema colonial de los territorios ocupados.

 

INDEPENDENCIA DE BELICE Y TRASLADO

DE LAS NEGOCIACIONES

 

Hacia la independencia.-  En 1961 Belice adoptó un sistema ministerial de gobierno y en 1964 conquistó la autonomía interna; fue promulgada la Constitución por la que se crea una Asamblea Legislativa de 18 miembros electos y 6 representantes oficiales; siete miembros electos formaban una especie de Ministerios, con un Primer Ministro que cumplía las funciones del anterior Gobernador. 

 

Al anunciarse la futura independencia de Belice, en 1963, Guatemala anunció la ruptura de relaciones diplomáticas con Reino Unido, las cuales se reanudaron 23 años después, en diciembre de 1986.

 

Una comisión de arbitraje estadounidense propuso en 1968 que Inglaterra y Guatemala reconocieran la independencia de Honduras Británicas, que a partir del 1º de junio de 1973 pasó a llamarse Belice. En enero de 1972 Inglaterra realizó pruebas militares en las proximidades de Belice, en lo que se interpretó como el deseo de dejar constancia de su soberanía sobre ese territorio.

 

El 11 de marzo de 1981 el ministro de Relaciones Exteriores de Guatemala, Rafael Castillo Valdés y el Primer Ministro de Belice, George Price, firmaron en Londres las Bases de Entendimiento para lograr el arreglo negociado y definitivo de la controversia.  El acuerdo consta de 16 puntos para la futura independencia de Belice a cambio de algunas concesiones al régimen guatemalteco, como el libre y permanente acceso al Océano Atlántico, la exploración conjunta del fondo marino, la construcción de oleoductos y un convenio "antisubversivo".

 

La Constitución de Belice, promulgada el 20 de septiembre de 1981, reconoce que los límites de su territorio son los prescritos en la Convención de Límites de 1859.  Un día después, el 21 de septiembre, Belice proclama su independencia en el marco de la Comunidad Británica de Naciones (Commonwealth): el monarca británico sigue siendo el Jefe de Estado constitucional representado por el gobernador general, que debe ser belicense. Unas 1,800 tropas británicas permanecieron en el lugar para asegurar el respeto de las fronteras.

 

El Estatuto Fundamental de Gobierno de 1982 reconoció que Guatemala mantenía la reclamación de sus derechos en el territorio de Belice.  En la actual Constitución, redactada en 1985, se otorga al Ejecutivo la facultad de realizar las gestiones que tiendan a resolver la situación de los derechos de Guatemala respecto a Belice, de conformidad con los intereses nacionales, y especifica que todo acuerdo deberá ser sometido al procedimiento de Consulta Popular.

 

En septiembre de 1991 Guatemala reconoció a Belice como Estado independiente y a su pueblo el derecho de autodeterminación, pero nunca renunció al diferendo territorial, toda vez que, sostiene, no existe documento alguno que reconozca la existencia de una frontera.  Este reconocimiento permitió a las tropas inglesas iniciar su retirada en 1994 y la concesión a Guatemala de libre acceso al golfo de Honduras.

 

En 1995, la Ministra de Relaciones Exteriores, Maritza Ruiz de Vielman, envió a la ONU una reserva, en la que se reconoce la independencia y el derecho a la autodeterminación de Belice, más no su territorio, porque Guatemala no había resuelto su reclamo al diferendo territorial.

 

En 1996 la Corte de Constitucionalidad de Guatemala emitió un fallo en el que señaló que la ratificación de la Convención de Límites de 1859 por parte del ejecutivo guatemalteco, violó la Constitución vigente en ese entonces, ya que únicamente le permitía firmar acuerdos de alianza, amistad y comercio.  Un año después, la Corte resolvió declarar nulo el convenio de 1859, por incumplimiento; por consiguiente, Guatemala presentó un reclamo para que se le restituyera el territorio, que según su visión, le estaba siendo usurpado.

 

En octubre de 1999 Guatemala hizo llegar al gobierno de Belice el planteamiento de someter el caso a una instancia internacional, arbitraje o decisión judicial, a fin de encontrar una solución definitiva, al reclamo guatemalteco: devolución de la comarca que formó parte de la provincia de La Verapaz.

 

En su discurso de toma de posesión, el 14 de enero del 2000, el presidente Alfonso Portillo Cabrera, señaló que su gobierno hará todo lo necesario para encontrar lo más pronto posible una solución definitiva al diferendo territorial, la cual deberá estar apegada y en observancia con los principios, reglas y prácticas consagradas en el derecho internacional.

 

En la presente década se han registrado una serie de incidentes, entre ellos la detención de miembros de las Fuerzas Armadas de Belice (FDB) en el territorio del Departamento de Petén, y expulsión de jefes de misión diplomática.

 

El 20 de julio de 2001 se firmaron tres declaraciones en las que se acordó el establecimiento de una Comisión de Conciliación o Panel de Conciliadores, que recomendaría medidas específicas, mecanismos o procesos destinados a resolver la disputa y presentar al final de su mandato sus informes, conclusiones y recomendaciones a los dos Gobiernos. Estas últimas deberían incluir los temas que pueden ser resueltos bilateralmente entre los dos Gobiernos y aquellos que deberán ser sometidos al conocimiento de una instancia jurídica internacional que podría ser la Corte Internacional de Justicia o una Corte de Arbitraje Internacional.  El 31 de agosto de 2001, en la sede de la OEA en Washington, quedó instalado el Panel de Conciliadores, integrado por el doctor Paul Riechler, en representación de Guatemala, y por Belice, Sir Sidrath Ramphal.

 

Un segundo acuerdo fue conformar una Comisión Mixta, lo que se alcanzó el 28 de agosto, para la Construcción de Medidas de Fomento a la Confianza en el Diferendo Territorial Guatemala-Belice, integrada por 10 comisionados, cinco por Guatemala y cinco por Belice. 

 

Un tercer acuerdo fue el establecimiento de mecanismos de comunicación adecuados entre las fuerzas armadas de los dos países.

 

El 8 de noviembre de 2001, en presencia del Secretario General de OEA, César Gaviria, el Canciller de Guatemala, Gabriel Orellana Rojas, y el Embajador con rango de ministro por parte de Belice, Asad Shoman, firmaron el Acuerdo sobre Fomento de Medidas a la Confianza, cuyo primer compromiso fue la reunión entre representantes de las fuerzas armadas, que fue celebrada en Guatemala el 15 de noviembre, en el que se acordaron los mecanismos para coordinar los patrullajes conjuntos en la zona de adyacencia.

 

El 30 de septiembre de 2002 los mediadores de ambos países aceptaron las propuestas y recomendaciones planteadas por la OEA, las cuales deberían ser aprobadas por cada pueblo, beliceño y guatemalteco, mediante un plebiscito.

 

El documento redactado por las partes conciliadoras, se refiere tanto a los aspectos terrestres como marítimos, define las coordenadas de la frontera entre los dos territorios y hace una convocatoria para la creación de una comisión técnica encargada de la demarcación de la línea divisoria y su mantenimiento en el futuro.  Respecto a los límites marítimos, se señala que la frontera entre los mares es la llamada Línea de equidistancia y se establece una comisión tripartita (Guatemala, Belice y Honduras) encargada de administrar la pesca en el Golfo de Honduras. En caso de que el plebiscito no acepte las propuestas de la OEA, las partes podrán someter el diferendo a la Corte Internacional de Justicia.

 

La mediación de la OEA en el conflicto territorial entre Guatemala y Belice no logró una solución, toda vez que Guatemala rechazó las recomendaciones del panel, pues apenas le reconocía un angosto paso marítimo para tener acceso al mar Caribe. Belice también rechazó las recomendaciones.

 

Aceptando formalmente la recomendación del Secretario General de la OEA, José Miguel Insulza, el lunes 8 de diciembre de 2008, los cancilleres Haroldo Rodas, de Guatemala, y Wilfred Erlington, de Belice, suscribieron el “Acuerdo Especial para Someter el Reclamo Territorial, Insular y Marítimo de Guatemala” a la Corte Internacional de Justicia, según un comunicado publicado el 3 del mismo mes por el Ministerio de Relaciones Exteriores, que agregó: "El fallo de la Corte Internacional de Justicia es definitivo, inapelable y obligatorio".

 

Gert Rosenthal, embajador de Guatemala en la Organización de las Naciones Unidas y canciller durante la administración anterior, comentó que la firma del acuerdo es el inicio de un gran paso para el país. “Hemos invertido en muchos procedimientos para resolver estos conflictos, y la única solución que nos han recomendado es acudir a la Corte”, aseveró el diplomático.

 

En las negociaciones Guatemala reclama a Belice la devolución de 12,272 Km2 —más de la mitad de su territorio de 22,965 Km2— de una franja territorial sin demarcar que considera suya, así como varios cayos y una salida al Mar Caribe.  Belice rechaza el pedido y argumenta que ese territorio le corresponde y está delimitado por su Constitución, aprobada en 1981, cuando el país se independizó de Gran Bretaña.

 

CONCLUSIONES

 

Guatemala ha mantenido constantemente sus reivindicaciones sobre el territorio de Belice, primero sobre la parte meridional y luego sobre la totalidad del mismo, al sostener que había heredado de la corona española la soberanía, por lo que no reconocía la frontera entre Guatemala y Belice. 

 

La posición de Guatemala se fundamenta en el desconocimiento y extinción de los compromisos contraídos en la Convención de Límites de Guatemala de 1859, por incumplimiento británico del artículo 7.

 

Por otra parte, Belice es un país soberano e independiente, con territorio claramente definido en la Constitución y reconocido por la comunidad internacional, las Naciones Unidas, la OEA y los países de todo el mundo.  Esto a Guatemala le parece injusto, ya que no se toman en cuenta antecedentes históricos.  Por esta razón, Belice está de acuerdo en facilitar a Guatemala la entrada a sus puertos que tienen salida al mar pero no están dispuestos a negociar su territorio. Siguen registrándose incidentes entre ambos países y un enfrentamiento a gran escala continúa latente.

 

 

 

Bibliografía:

 

Ministerio de Relaciones Exteriores de Guatemala.

http://www.minex.gob.gt Potenciado por Joomla! Generado: 2 October, 2008, 04:35

CONFLICTO GUATEMALA-REINO UNIDO DE GRAN BRETAÑA E IRLANDA DEL NORTE (BELICE) SYLVIA A. COMPAÑY,  http://www.cepc.es/rap/Publicaciones/Revistas/13/RPI_162_079.pdf

http://www.canalsocial.net/GER/ficha_GER.asp?id=8110&cat=historia

http://usuarios.lycos.es/grandeslions2/id84.htm

 

 

 

 

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ANEXO: TRATADOS Y CONVENIOS

 

 

TRATADO DEFINITIVO DE PAZ DE VERSALLES

3 de septiembre de 1783

 

Siendo la intención de las dos Altas Partes contratantes precaver, en cuanto es posible, todos los motivos de queja y discordia a que anteriormente ha dado ocasión la corta de palo de tinte o de campeche, habiéndose formado y esparcido con este pretexto muchos establecimientos ingleses en el continente español, se ha convenido expresamente que los súbditos de Su Majestad Británica tendrán facultad de cortar, cargar y transportar el palo de tinte en el distrito que se comprende entre los Ríos Valiz o Bellese y Río Hondo, quedando el curso de los dos ríos por límites indelebles de manera que su navegación sea común a las dos naciones, a saber: el río Valiz o Bellese desde el mar, subiendo hasta frente de un lago o brazo muerto que se introduce en el país en forma de istmo o garganta con otro brazo semejante que viene de hacia río Nuevo o New River; de manera que la línea divisoria atravesará en derechura el citado istmo y llegará a otro lago que forman las aguas de Río Nuevo o New River hasta su corriente; y continuará después la línea por el curso del río Nuevo, descendiendo hasta frente de un riachuelo cuyo origen señala el mapa en Río Nuevo y Río Hondo y va a descargar en Río Hondo; el cual riachuelo servirá también de límite común hasta su unión con el Río Hondo; y desde allí lo será Río Hondo descendiendo hasta el mar, en la forma que todo se ha demarcado en el mapa que los plenipotenciarios de las dos Coronas han tenido por conveniente hacer uso para fijar los dos puntos concentrados a fin de que reine buena correspondencia entre las dos Naciones, y los obreros, cortadores y trabajadores ingleses no puedan propasarse por la incertidumbre de límites.

 

Los comisarios respectivos determinarán los parajes convenientes en el territorio arriba designado para que los súbditos de Su Majestad Británica empleados en beneficiar el palo puedan sin embarazo fabricar allí sus casas y almacenes que sean necesarios para ellos, para sus familias y para sus efectos; y Su Majestad Católica les asegura el goce de todo lo que se expresa en el presente artículo; bien entendido que estas estipulaciones no se consideran como derogatorias en cosa alguna de los derechos de su soberanía.  Por consecuencia de esto, todos los ingleses que puedan hallarse dispersos en cualesquiera otras partes, sea del Continente español o sea de cualquiera isla dependiente del sobredicho Continente español, y por cualquiera razón que fuere, sin excepción, se reunirán en el territorio arriba circunscripto en el término de dieciocho meses, contados desde el cambio de ratificaciones; para cuyo efecto se les expedirán las órdenes por parte de Su Majestad Británica; y por la de Su Majestad Católica se ordenará a sus gobernadores que den a dichos ingleses dispersos todas las facilidades posibles para que puedan transferir al establecimiento convenido por el presente artículo, o retirarse a donde mejor les parezca.  Se estipula también que si actualmente hubiere en la parte designada fortificaciones erigidas anteriormente, Su Majestad Británica las hará demoler todas, y ordenará a sus súbditos que no formen otras nuevas.

 

Será permitido a los habitantes ingleses que se establecieran para la corta del palo ejercer libremente la pesca para su subsistencia en las costas del distrito convenido arriba o de las islas que se hallen frente al mismo territorio, sin que sean inquietados de ningún modo por eso, con tal de que ellos no se establezcan de manera alguna en dichas islas.

 

CONVENCIÓN DE LONDRES

14 de julio de 1786

 

«Los Reyes de España e Inglaterra animados de igual deseo de afirmar por cuanto medio puedan la amistad que felizmente subsiste entre ambos y sus reinos, y deseando de común acuerdo precaver hasta la sombra de desavenencia que pudiera originarse de cualquier duda, malas inteligencias y otros motivos de disputa entre los súbditos fronterizos de ambas monarquías especialmente en países distantes, cuales son los de América, han tenido por conveniente arreglar de buena fe en un nuevo convenio los puntos que algún día pudieran producir aquellos inconvenientes que frecuentemente se han experimentado en tiempos anteriores...

 

Artículo 1.° Los súbditos de Su Majestad Británica y otros colonos que hasta el presente han gozado de la protección de Inglaterra, evacuarán los países de Mosquitos, igualmente que el continente en general y las islas adyacentes, sin excepción, situadas fuera de la línea abajo señalada, como que ha de servir de frontera a la extensión del territorio concedido por Su Majestad Católica a los ingleses para los usos especificados en el articulo 3.° de la presente Convención, y en aditamento de los países que ya se les concedieron en virtud de las estipulaciones en que convinieron los comisarios de las dos coronas el año de 1783.

 

Art. 2.° El Rey Católico, para dar pruebas por su parte al rey de la Gran Bretaña de la sinceridad de la amistad que profesa a Su Majestad y a la nación británica, concederá a los ingleses límites más extensos que los especificados en el último tratado de paz, y dichos límites del terreno aumentado por la presente Convención se entenderán de hoy en adelante del modo siguiente: La línea inglesa, empezando desde el mar, tomará el centro del Río Sibun o Javon, y por él continuará hasta el origen del mismo río; de allí atravesará esta línea recta la tierra intermedia hasta cortar el Río Wallis; y por el centro de éste bajará a buscar el medio de la corriente hasta el punto donde debe tocar la línea establecida ya, y marcada por los comisarios de las dos Coronas en 1783: cuyos límites, según la continuación de dicha línea, se observarán conforme a lo estipulado anteriormente en el tratado definitivo.

 

Art. 3.° Aunque hasta ahora no se ha tratado de otras ventajas que la corta del palo de tinte, sin embargo Su Majestad Católica, en mayor demostración de su disposición a complacer al Rey de la Gran Bretaña, concederá a los ingleses la libertad de cortar cualquier otra madera, sin exceptuar la caoba, y la de aprovecharse de cualquier otro fruto o producción de la tierra en su estado puramente natural y sin cultivo, que, transportado a otras partes en su estado natural, pudiere ser un objeto de utilidad o de comercio, sea para provisiones de boca, sea para manufacturas.  Pero se conviene expresamente en que esta estipulación no debe servir de pretexto para establecer en aquel país ningún cultivo de azúcar, café o cacao, u otras cosas semejantes, ni fábrica alguna o manufactura por medio de cualquiera molinos o máquinas o de otra manera: no entendiéndose, no obstante, esta restricción para el uso de los molinos de sierra para la corta u otro trabajo de la madera; pues siendo incontestablemente admitido que los terrenos de que se trata pertenecen en propiedad a la Corona de España, no pueden tener lugar establecimientos de tal clase, ni la población que de ellos se seguiría.

 

Será permitido a los ingleses transportar y conducir todas estas maderas y otras producciones del local, en su estado natural y sin cultivo, por los ríos hasta el mar, sin excederse jamás de los límites que se les prescriben en las estipulaciones arriba acordadas, y sin que esto pueda ser causa de que suban los dichos ríos fuera de sus límites en los parajes que pertenecen a la España.

 

Art. 4.° Será permitido a los ingleses ocupar la pequeña isla conocida con los nombres de Casina, St-George's Key, o Cayo-Casina, en consideración a que la parte de las costas que hacen frente a dicha isla consta ser notoriamente expuesta a enfermedades peligrosas.  Pero esto no ha de ser sino para los fines de una utilidad fundada en la buena fe; y como pudiera abusarse mucho de este permiso, no menos contra las intenciones del gobierno británico que contra los intereses esenciales de la España, se estipula aquí como condición indispensable, que en ningún tiempo se ha de hacer allí la menor fortificación o defensa, ni se establecerá cuerpo alguno de tropa, ni habrá pieza alguna de artillería; y para que se verifique de buena fe el cumplimiento de esta condición sine qua non, a la cual los particulares pudieran contravenir sin conocimiento del gobierno británico, se admitirá dos veces al año un oficial o comisario español acompañado de un comisario u oficial inglés, debidamente autorizados, para que examinen el estado de cosas.  (Como iguales inconvenientes y abusos pudieran ocurrir en los demás parajes así de las islas como del continente en que se hallasen situados colonos ingleses, o que tomen esta denominación, se han convenido las dos cortes de España e Inglaterra, guiadas de la más verdadera buena fe, y con el fin de apartar perpetuamente motivo de malas inteligencias y discordias que pudiera suscitar el interés de los mismos colonos, que iguales visitas o reconocimientos a los contenidos en este artículo se hagan en todos los dichos parajes; y con este concepto se han expedido las órdenes por ambas cortes.)

 

Art. 5.° La nación inglesa gozará de la libertad de carenar sus naves mercantes en el triángulo meridional comprendido entre el punto Cayo- Casina y el grupo de pequeñas islas situadas en frente de la parte de la costa ocupada por los cortadores, a ocho leguas de distancia del río Wallis, siete de Cayo-Casina y tres del río Sibun; cuyo sitio se ha tenido siempre por muy a propósito para dicho fin. A este efecto se podrán hacer los edificios y almacenes absolutamente indispensables para tal servicio.

 

Pero esta concesión comprende también la condición expresa de no levantar allí en ningún tiempo fortificaciones, poner tropas o construir obra alguna militar, y que igualmente no será permitido tener de continuo embarcaciones de guerra, o construir un arsenal, ni otro edificio que pueda tener por objeto la formación de un establecimiento naval.

 

Art. 6.° También se estipula que los ingleses podrán hacer libre y tranquilamente la pesca sobre la costa del terreno que se les señaló en el último tratado de paz, y del que les añade en la presente convención: pero sin traspasar sus términos y limitándose a la distancia especificada en el artículo precedente.

 

Art. 7.° Todas las restricciones especificadas en el último tratado de 1783 para conservar íntegra la propiedad de la soberanía de España en aquel país, donde no se concede a los ingleses sino la facultad de servirse de las maderas de varias especies, de los frutos y de otras producciones en su estado natural, se confirman aquí; y las mismas restricciones se observarán también respecto a la nueva concesión.  Por consecuencia, los habitantes de aquellos países sólo se emplearán en la corta y en el transporte de las maderas, en la recolección y el transporte de los frutos, sin pensar en otros establecimientos mayores ni en la formación de un sistema de gobierno militar ni civil, excepto aquellos reglamentos que Sus Majestades Católica y Británica tuvieren por conveniente establecer para mantener la tranquilidad y el buen orden entre sus respectivos súbditos.

 

Art. 8.° Siendo generalmente sabido que los bosques se conservan y multiplican haciendo las cortas arregladas y con método, los ingleses observarán esta máxima cuanto les sea posible; pero si a pesar de todas sus precauciones sucediese con el tiempo que necesiten de palo de tinte o de madera de caoba de que las posesiones españolas abundaren, en este caso el Gobierno español no pondrá dificultad en proveer de ellas a los ingleses a un precio justo y razonable.

 

Art. 9.° Se observarán todas las precauciones posibles para impedir el contrabando, y los ingleses cuidarán de conformarse a los reglamentos que el Gobierno español tuviere a bien establecer entre sus súbditos en cualquier comunicación que tuvieren o bien establecer entre sus súbditos en cualquiera comunicación que tuvieren con ellos; bajo la condición de que se dejará a los ingleses en el goce pacífico de las diversas ventajas insertas a su favor en el último tratado, o en las estipuladas en la presente convención.

 

Art. 10. Se mandará a los gobernadores españoles concedan a los referidos ingleses dispersos todas las facilidades posibles para que puedan transferirse a los establecimientos pactados en esta convención, según las estipulaciones del artículo 6.° del tratado definitivo de 1783, relativas al país apropiado a su uso en dicho artículo.

 

Art. 11. Sus Majestades Católica y Británica, para evitar toda especie de duda tocante a la verdadera construcción del presente convenio, juzgan necesario declarar que las condiciones de esta convención se deberán observar según sus sinceras intenciones de asegurar y aumentar la armonía y buena inteligencia que tan felizmente subsisten ahora entre Sus Majestades.

 

Con esta mira se obliga Su Majestad Británica a dar las órdenes más positivas para la evacuación de los países arriba mencionados por todos sus súbditos, de cualquiera denominación que sean.  Pero si a pesar de esta declaración, todavía hubiere personas tan audaces, que retirándose a lo interior del país, osaren oponerse a la evacuación total ya convenida, Su Majestad Británica, muy lejos de prestarles el menor auxilio o protección, lo desaprobará en el modo más solemne; como lo hará igualmente con los que en adelante intentasen establecerse en territorio perteneciente a dominio español.

 

Art. 12. La evacuación convenida se efectuará completamente en los términos de seis meses después del cambio de las ratificaciones de esta convención, o antes si fuere posible.

 

Art. 13. Se ha convenido que las nuevas concesiones escritas en los artículos precedentes en favor de la nación inglesa tendrán lugar así que se haya verificado en un todo la sobredicha evacuación.

 

Art. 14. Su Majestad Católica, escuchando sólo los sentimientos de su humanidad, promete al Rey de Inglaterra que no usará de severidad con los indios Mosquitos que habitan parte de los países que deberán ser evacuados en virtud de esta convención, por causa de las relaciones que haya habido entre dichos indios y los ingleses; y Su Majestad Británica ofrece por su parte que prohibirá rigurosamente a todos sus vasallos suministren armas o municiones de guerra a los indios en general situados en las fronteras de las posesiones españolas.

 

Art. 15. Ambas Cortes se entregarán mutuamente duplicados de las órdenes que deben a expedir a sus gobernadores y comandantes respectivos en América para el cumplimiento de este convenio; y se destinará de cada parte una fragata u otra embarcación de guerra proporcionada para vigilar, juntas y de común acuerdo, que las cosas se ejecuten con el mejor orden posible y con la cordialidad y buena fe que los dos soberanos han tenido a bien dar el ejemplo.

 

Art. 16. Ratificarán esta convención Sus Majestades Católica y Británica y se canjearán sus ratificaciones en el término de seis semanas, o antes si pudiere ser.  En fe de lo cual, nos, los infrascritos ministros plenipotenciarios de Sus Majestades Católica y Británica, en virtud de nuestros respectivos plenos poderes, hemos firmado la presente Convención y hecho poner en ellas los sellos de nuestras armas. 

 

Hecho en Londres, a 14 de julio de 1786.

 

TRATADO DEFINITIVO DE PAZ ENTRE S.M. EL REY DE ESPAÑA DE LAS INDIAS, LA REPÚBLICA FRANCESA Y LA REPÚBLICA BÁTAVA DE UNA PARTE, Y S.M. EL REY DEL REYNO UNIDO DE LA GRAN BRETAÑA Y DE IRLANDA DE LA OTRA, CONCLUIDO EN AMIENS EL 27 DE MARZO DE 1802.

 

El primer Cónsul de la República Francesa, en nombre del Pueblo Francés, y S.M. El Rey del Reino Unido de la Gran Bretaña y de Irlanda, igualmente animados del deseo de hacer cesar las calamidades de la guerra, pusieron los fundamentos de la Paz mediante Artículos Preliminares firmados en Londres el día primero de Octubre de mil ochocientos uno, nueve Vendimiario, año diez de la República Francesa. Y como por el Artículo 15 de dichos Preliminares se convino en que se nombrarían de una parte y de otra Plenipotenciarios, que se trasladarían á Amiens para proceder allí á la extensión del Tratado definitivo de concierto con los Aliados de las Potencias contratantes:

 

El primer Cónsul de la República Francesa, en nombre del Pueblo Francés, ha nombrado al Ciudadano Joseph Bonaparte, Consejero de Estado;

Y S.M. el Rey del Reyno Unido de la Gran Bretaña y de Irlanda, al Marqués Cornwallis, Caballero de la muy ilustre Orden de la Jarretiera, Consejero privado de S.M. y General de sus Ejércitos.

 

S.M. el Rey de España y de las Indias, y el Gobierno de Estado de la República Bátava, han nombrado por sus Plenipotenciarios, á saber, S.M.C. á Don Josef Nicolás de Azara, Caballero Gran Cruz de la Real Orden de Carlos III, Consejero de Estado, y su Embajador Extraordinario cerca de la República Francesa; y el Gobierno de Estado de la República Bátava á Roger Juan Schimmelpenninck, su Embajador Extraordinario cerca de la República Francesa;

 

Los cuales después de haberse comunicado debidamente sus plenos Poderes, que van copiados al fin de este Tratado, han convenido en los Artículos siguientes.

 

I. Habrá Paz, amistad, y buena inteligencia entre S.M. el rey de España, sus herederos y sucesores, la República Francesa, y la República Bátava de una parte, y S.M. el Rey del Reino Unido de la Gran Bretaña y de Irlanda, sus herederos y sucesores de la otra. Las Partes contratantes pondrán la mayor atención en mantener una perfecta armonía entre sí y sus Estados, sin permitir que de una parte ni de otra se cometa ninguna especie de hostilidad por tierra, ni por mar, por cualquier causa, ó bajo cualquier pretexto que sea. Evitarán cuidadosamente todo cuanto pudiera en lo venidero alterar la unión felizmente restablecida; y no darán socorro alguno o protección ni directa ni indirectamente á los que quisiesen perjudicar á alguno de ellas.

 

II. Todos los Prisioneros hechos de una parte y de otra tanto por tierra como por mar, y los rehenes tomados o dados durante la guerra, y hasta este día, se restituirán sin rescate dentro de seis semanas a los más tardar, contadas desde el día del canje de las Ratificaciones del presente Tratado, pagando las deudas que hubiesen contraído durante su detención. Cada Parte contratante satisfará respectivamente las sumas que alguna de las otras Partes contratantes hubiese adelantado para la subsistencia y mantenimiento de los Prisioneros en el País en que hubiesen estado detenidos. A este efecto se nombrará de común acuerdo una Comisión, encargada específicamente de verificar y arreglar la compensación que podrá deberse á una ú otra de las Potencias contratantes. Se fijará igualmente de concierto la época y el lugar donde se hayan de juntar los Comisarios á quienes se encargue la ejecución de este Artículo, los cuales pondrán en cuenta no solamente los gastos hechos por los Prisioneros de las Naciones respectivas, sino también por las Tropas extranjeras que antes de ser prisioneras estaban al sueldo ó á la disposición de una de las Partes contratantes.

 

III. S.M. Británica restituye á la República Francesa y á sus Aliados, á saber, á S.M. Católica y á la República Batava todas las Posesiones o Colonias que les pertenecían respectivamente, y han sido ocupadas ó conquistadas por las fuerzas Británicas durante el curso de la guerra, á excepción de la Isla de la Trinidad, y de las posesiones Holandesas en la Isla de Ceilán.

 

IV. S.M. Católica cede y asegura s S.M. Británica la Isla de la Trinidad en toda propiedad y soberanía.

 

V. La República Bátava cebe y asegura á S.M. Británica en toda propiedad y soberanía todas las posesiones y establecimientos que pertenecían a antes de la guerra á la República de las Provincias Unidas, ó á su Compañía de las Indias Orientales en la Isla de Ceilán.

 

VI. El Cabo de Buena-Esperanza queda á la República Bátava en toda soberanía como estaba antes de la guerra. Los buques de toda especie pertenecientes a las demás Partes contratantes tendrán la facultad de aportar á él, y comprar las provisiones necesarias como antes, sin pagar más derechos que aquellos á que la República Bátava sujeta los Buques de su Nación.

 

VII. Los territorios y posesiones de S.M. Fidelísima quedarán en su integridad, como estaban antes de la guerra. Sin embargo, los límites de las Guyana Francesa y Portuguesa se fijan en el Río Arawari, que entra en el Océano más arriba del Cabo Norte, cerca de la Isla Nueva y de la Isla de la Penitencia, como á un grado y tercio de latitud septentrional. Estos límites seguirán el Río Arawari desde su embocadura más apartada del Cabo-Norte hasta su origen; y luego por una línea recta tirada desde dicho origen hasta el Río Branco hacia el Oeste.

 

En consecuencia la orilla septentrional del Río Arawari desde su última embocadura hasta su origen, y las tierras que se encuentran al Norte de la línea de límites arriba fijados, pertenecerán en toda soberanía á la República Francesa.

 

La orilla meridional de dicho Río, partiendo de la misma embocadura, y todas las tierras que están al Sur de dicho límite, pertenecerán á S.M. Fidelísima.

 

La navegación del Río Arawari en todo su curso será común á las dos Naciones.

Las disposiciones hechas entre las Cortes de Madrid y Lisboa para rectificar sus fronteras en Europa, se ejecutarán no obstante, según lo estipulado en el Tratado de Badajoz.

 

VIII. Los territorios, posesiones y derechos de la Sublime Puerta deben quedar en su integridad como estaban antes de la guerra.

 

IX. Queda reconocida la República de las Siete Islas.

X. Las Islas de Malta, de Gozzo y de Comino serán restituidas á la Orden de San Juan de Jerusalén, para que las posea con las mismas condiciones con que las había poseído antes de la guerra y bajo las estipulaciones siguientes:

 

1. Se propone á los Caballeros de la Orden cuyas Lenguas continúen subsistiendo después del cambio de las Ratificaciones del presente Tratado, que vuelvan a Malta luego que dicho cambio se haya verificado. Allí formarán un Capítulo general, y procederán a la elección de un Gran Maestre elegido entre los naturales de las Naciones que conserven Lenguas, á menos que dicha elección esté ya hecha después del cambio de las Ratificaciones de los Preliminares: bien entendido, que solamente será consideraba como válida una elección hecha desde dicho tiempo, con exclusión de cualquiera otra que se hubiese hecho anteriormente a dicha época.

 

2. Los Gobiernos de la República Francesa y de la Gran Bretaña, deseando poner la Orden y la Isla de Malta en un estado de independencia absoluta con respecto á ellos, convienen en que en adelante no habrá en dicha Orden Lengua Francesa ni Lengua Inglesa, y en que ningún individuo perteneciente á una ni a otra de estas dos Potencias podrá ser admitido en la Orden.

 

3. Se establecerá una Lengua Maltesa, que se mantendrá de los productos territoriales, y de los derechos comerciales de la Isla. Esta Lengua tendrá sus dignidades que le serán propias, sus rentas, y un albergo. No serán necesarias pruebas de nobleza para la admisión de los Caballeros de dicha Lengua, los cuales podrán por otra parte servir todos los empleos, y gozarán de todos los privilegios, como los Caballeros de las demás Lenguas. Los empleos municipales, administrativos, civiles, judiciales y demás dependientes del Gobierno de la Isla serán ocupados, á lo menos por mitad, por los habitantes de las Islas de Malta, Gozzo y Comino.

 

4. Las fuerzas de S.M. Británica evacuarán la Isla y sus dependencias en los tres meses que seguirán al cambio de las Ratificaciones, o antes si es posible. A esta época se entregará la Isla a la Orden de San Juan en el estado en que se encuentra, con tal que el Gran Maestre ó Comisarios plenamente autorizados según los Estatutos de la Orden se hallen en la Isla para tomar posesión de ella, y que la fuerza que debe suministrar S.M. Siciliana (como está estipulado más abajo) haya llegado allí.

 

5. La mitad de la guarnición por lo menos se compondrá siempre de naturales Malteses: para lo restante la Orden podrá reclutar entre los naturales de solo aquellos Países que continúen poseyendo sus Lenguas. Las Tropas Maltesas tendrán Oficiales Malteses. El mando en Jefe de la guarnición, como también el nombramiento de los Oficiales, pertenecerá al Gran Maestre, y no podrá renunciarlo, ni aún por tiempo limitado, sino a favor de un Caballero, y conforme al dictamen del Consejo de la Orden.

 

6. La independencia de las Islas de Malta, de Guazzo y de Comino, como también la presente disposición, quedan bajo la protección y garantía de la Francia, de la Gran Bretaña, de la Austria, de la España, de la Rusia y de la Prusia.

 

7. Se proclama la neutralidad permanente de la Orden y de la Isla de Malta con sus dependencias.

 

8. Los puertos de Malta estarán abiertos al comercio y á la navegación de todas las Naciones, las cuales pagarán derechos iguales y moderados. Estos derechos se aplicarán al mantenimiento de la Lengua Maltesa, como se han expresado en el párrafo 3, al de los establecimientos civiles y militares de la Isla, y al de un Lazareto general abierto á todas las Banderas.

 

9. Los Estados Berberiscos se exceptúan de las disposiciones de los dos párrafos precedentes, hasta que por medio de un Convenio, que procurarán las Partes contratantes, haya cesado el sistema de hostilidad que subsiste entre dichos Estados Berberiscos, la Orden de San Juan, y las Potencias que posean sus Lenguas, ó concurran á la composición de ellas.

 

10. La Orden se gobernará tanto en lo espiritual como en lo temporal por los mismos Estatutos que estaban en vigor cuando los Caballeros salieron de la Isla, en cuanto á ellos no se deroga por el presente Tratado.

 

11. Las disposiciones contenidas en los párrafos 3, 5, 7, 8 y 10 se convertirán en Leyes y Estatutos perpetuos de la Orden en la forma acostumbrada; y el Gran Maestre (ó su Representante, si este no estuviese en la Isla al tiempo de su entrega á la Orden) igualmente que sus sucesores, estarán obligados á hacer el juramento de observarlas puntualmente.

 

12. Se propondrá a S.M. Siciliana que suministre dos mil hombres naturales de sus Estados para servir de guarnición en las diferentes fortalezas de dichas Islas. Esta fuerza permanecerá allí un año contado desde su restitución á los Caballeros; y si al expirar este término la Orden no hubiese organizado la fuerza suficiente á juicio de los potencias garantes, para servir de guarnición en la Isla y sus dependencias, según se ha especificado en el párrafo 5, las Tropas Napolitanas continuarán en ellas hasta que sean reemplazadas por otra fuerza, que las dichas Potencias juzguen suficiente.

 

13. A las diferentes Potencias citadas en el párrafo 6, á saber, la Francia, la Gran Bretaña, la Austria, la España, la Rusia y la Prusia se les hará la propuesta de que accedan á las presentes estipulaciones.

 

XI. Las Tropas Francesas evacuarán el Reino de Nápoles y el Estado Romano. Las fuerzas Inglesas evacuarán igualmente Porto-Ferrayo, y en general todos los Puertos é Islas que ocupasen en el Mediterráneo ó en el Adriático.

 

XII. Las evacuaciones, cesiones y restituciones estipuladas por el presente Tratado se ejecutarán en Europa dentro de un mes; en el Continente y los mares de América y de África dentro de tres meses, y en el Continente y los mares de Asia dentro de seis meses contados desde la ratificación del presente Tratado definitivo, exceptuando el caso en que á esta disposición se deroga especialmente.

 

XIII. En todos los casos de restitución convenidos por el presente Tratado, las fortificaciones se entregarán en el estado que tenían al momento de firmarse los Preliminares; y todas las obras que hubiesen hecho desde la ocupación, quedarán intactas. Se ha convenido además que en todos los casos de cesión estipulados, se concederá á los habitantes, de cualquiera condición ó Nación que sean, un término de tres años contados desde la ratificación del presente Tratado, para disponer de sus propiedades adquiridas y poseídas, sea antes ó durante la guerra, en cuyo término de tres años podrán ejercer libremente su Religión, y gozar de sus propiedades. La misma facultad se concede en los Países restituidos á todos los habitantes ú otras personas que hayan hecho cualesquiera establecimientos durante el tiempo en que estos Países estaban poseídos por la Gran Bretaña.

 

En cuanto á los habitantes de los Países restituidos ó cedidos se ha convenido que ninguno de ellos podrá ser perseguido, inquietado o turbado en su persona ó en su propiedad, baxo ningún pretexto, á causa de su conducta ú opinión política, ó de su inclinación á alguna de las Partes contratantes, ó por cualquiera otra razón, como no sea por deudas contraídas con individuos, ó por hechos posteriores al presente Tratado.

 

XIV. Todos los secuestros puestos por una parte ó por otra sobre fondos, rentas y créditos de cualquiera especie que sean, pertenecientes á una de las Potencias, ó á sus ciudadanos o súbditos, se alzarán inmediatamente después de firmado este Tratado definitivo. La decisión de toda reclamación entre los individuos de las Naciones respectivas por deudas, propiedades, efectos, ó derechos cualesquiera, que según costumbre recibida, y el derecho de las gentes debe reproducirse a la época de la Paz, se remitirá á los Tribunales competentes, y en este caso se administrará pronta y entera justicia en el País donde se hayan hecho respectivamente las reclamaciones.

 

XV. Las Pesquerías sobre las Costas de Terra-Nova é Islas adyacentes, y en el Golfo de San Lorenzo se pondrán sobre el mismo pie en que estaban antes de la guerra. Los Pescadores Franceses de Terra-Nova y los habitantes de las Islas de San Pedro y Miquelón podrán cortar las maderas que les sean necesarias en las Bahías de la Fortuna y la Desesperación durante el primer año, á contar desde la notificación del presente Tratado.

 

XVI. Para prevenir todo motivo de quejas y de contestaciones que podrían nacer con ocasión de las presas que se hubieren hecho en el mar después de firmados los Artículos Preliminares, se ha convenido recíprocamente en que los Buques y efectos que hubiesen podido ser tomados en el Canal de la Mancha y en los mares del Norte, doce días después del cambio de las Ratificaciones de los Artículos Preliminares, se restituirán de una parte y de otra: que este término será de un mes desde el Canal de la Mancha y los mares del Norte, hasta las Islas de Canaria inclusive, ya sea en el Océano ó en el Mediterráneo: de dos meses desde dichas Islas hasta el Ecuador; y en fin, de cinco meses en todas las demás partes del mundo, sin excepción alguna, ni más distinción de tiempos ni de lugares.

 

XVII. Los Embajadores, Ministros y demás Agentes de las Potencias contratantes tendrán respectivamente en los Estados de dichas Potencias el mismo lugar, y gozarán de los mismos privilegios, prerrogativas é inmunidades que gozaban antes de la guerra los Agentes de la misma clase.

 

XVIII. A la Rama de la Casa de Nassau, que se hallaba establecida en la República que fue de los Estados Unidos, actualmente República Bátava, y que ha tenido allí algunas pérdidas tanto en propiedades particulares, como por la mudanza de constitución adoptada en aquel País, se le procurará una compensación equivalente a dichas pérdidas.

 

XIX. El presente Tratado definitivo de Paz se declara común a la Sublime Puerta Otomana, Aliada de S.M. Británica; y se propondrá a la Sublime Puerta que envíe su Acto de accesión en el término más corto que sea posible.

 

XX. Se ha convenido en que las Partes contratantes siendo requeridas entre á respectivamente, ó por sus Ministros y Oficiales debidamente autorizados al efecto, deberán entregar á la Justicia las personas acusadas de los crímenes de homicidio, falsificación o bancarrota fraudulenta, cometidos en la jurisdicción de la Parte requirente, con tal que esto no se haga sino cuando la evidencia del crimen esté tan bien acreditada, que las leyes del lugar donde se descubra la persona acusada, autorizasen su arresto y entrega á la Justicia, si el crimen se hubiese cometido allí. Los gastos del arresto y entrega á la Justicia serán de cuenta de quien hubiese hecho el requerimiento: bien entendido, que este Artículo no se entiende con los crímenes de homicidio, de falsificación o de bancarrota fraudulenta cometidos antes de la conclusión de este Tratado definitivo.

 

XXI. Las Partes contratantes prometen observar sinceramente y de buena fe todos los Artículos contenidos en el presente Tratado, y no permitirán que se contravenga á ellos directa ni indirectamente por sus súbditos o ciudadanos respectivos; y las sobredichas Partes contratantes se hacen garantes general y recíprocamente de todas las estipulaciones del presente Tratado.

 

XXII. El presente Tratado será ratificado por las partes contratantes en el espacio de treinta días ó antes si es posible; y las ratificaciones serán canjeadas en debida forma en París.

 

En fe de lo cual Nos los infrascritos Plenipotenciarios, en virtud de nuestros respectivos plenos Poderes hemos firmado el presente Tratado definitivo, y hemos hecho poner en él nuestros sellos respectivos.

 

Fecha en Amiens á veinte y siete de Marzo de mil ochocientos y dos; seis Germinal año diez de la República Francesa.

(L.S.)J. Nicolás de Azara

(L.S.)Josef Bonaparte

(L.S.)R.J. Schimmelpenninck

(L.S.)Cornwallis

 

ARTÍCULO SEPARADO

Se ha convenido en que las lenguas Francesa e Inglesa sean empleadas en todos los ejemplares del presente Tratado, no harán ejemplares del presenta Tratado, no harán ejemplar que pueda alegarse ni traerse a consecuencia, ni causar perjuicio en manera alguna a las Potencias contratantes cuyas lenguas no han sido empleadas; y que en lo venidero se estará á lo que se haya observado y deba observarse respecto y por parte de las Potencias que acostumbran y están en posesión de dar y recibir ejemplares de semejantes Tratados en otra lengua no dejando de tener el presente Tratado la misma fuerza y valor que si en él se hubiese observado la sobredicha costumbre.

 

En fe de lo cual Nos los infrascritos Plenipotenciarios de S.M. Católica, de la República Francesa, de la República Bátava y de S.M. Británica hemos firmado el presente Artículo separado, y hemos hecho poner en él nuestros sellos respectivos.

 

Fecha en Amiens á veinte y siete de Marzo de mil ochocientos y dos; seis Germinal año diez de la República Francesa.

 

(L.S.)J. Nicolás de Azara

(L.S.)Josef Bonaparte

(L.S.)R.J. Schimmelpenninck

(L.S.)Cornwallis

 

PLENIPOTENCIA DEL REY NUESTRO SEÑOR

Don Carlos por la gracia de Dios, Rey de Castilla, de León, de Aragón, de las dos Sicilias, de Jerusalén, de Navarra, de Granada, de Toledo, de Valencia, de Galicia, de Mallorca, de Sevilla, de Cerdeña, de Córdoba, de Córcega, de Murcia, de Jaém, de los Algarbes, de Algeciras, de Gibraltar, de las Islas de Canaria, de las Indias Orientales y Occidentales, Islas y Tierra firme del mar Océano; Archiduque de Austria, Duque de Borgoña, de Brabante y de Milán; Conde de Absburg, de Flandes, Tirol y Barcelona; Señor de Vizcaya y de Molina;

 

Por cuanto el primer Cónsul de la República Francesa, nuestra buena amiga y aliada, nos ha participado haberse firmado en Londres el primero de Octubre del año próximo pasado de mil ochocientos y uno de los Preliminares (cuya copia nos ha dirigido) para la Paz entre la misma República Francesa y el Rey de la Gran Bretaña, noticiándonos al mismo tiempo haberse convenido los Aliados respectivos de las dos Potencias que se hallan comprendidos en ellos enviarían sus Plenipotenciarios para que asisten á un Congreso que debe celebrarse en Amiens á fin de concluir el Tratado definitivo; y en consecuencia nos ha convidado a enviar nuestros Plenipotenciarios á dicho Congreso, en virtud de la amistad y alianza que nos une:

 

por tanto, por la entera satisfacción y confianza que tenemos en vos, Don Joseph Nicolás de Azara, Caballero Gran Cruz de la Orden de Carlos III y de la de San Juan, Consejero de Estado y mi Embajador Extraordinario cerca de la República Francesa, hemos venido en elegiros y nombraros (como en virtud de la presente os elegimos y nombramos) por nuestro Embajador Extraordinario con todo el poder y facultad que se requiere para que por Nos, y representando nuestra propia Persona, tratéis, ajustéis y firméis cualesquiera artículos, pactos, convenciones ó convenios que puedan convenir á nuestros intereses, con los demás Plenipotenciarios legítimamente autorizados por sus respectivos Príncipes ó Estados á quienes representen en el próximo Congreso que debe celebrarse en Amiens para la conclusión del tratado definitivo de Paz entre la República Francesa y sus respectivos Aliados, obligándonos como nos obligamos y prometemos en fe y palabra de Rey, que aprobaremos, ratificaremos y cumpliremos, y haremos observar y cumplir santa e inviolablemente cuanto por vos fuere estipulado y firmado.

 

En fe lo cual hemos hecho expedir la presente firmada de nuestra mano, sellada con nuestro sello secreto, y refrendada por el infrascrito nuestro Consejero y Secretario de Estado y del Despacho Universal. En Madrid, a cuatro de Enero de mil ochocientos y dos.

 

YO EL REY

(L.S.)

Pedro Cevallos

 

RATIFICACIÓN DEL REY NUESTRO SEÑOR

Don Carlos por la gracia de Dios, Rey de Castilla, de León, de Aragón, de las dos Sicilias, de Jerusalén, de Navarra, de Granada, de Toledo, de Valencia, de Galicia, de Mallorca, de Sevilla, de Cerdeña, de Córdoba, de Córcega, de Murcia, de Jaém, de los Algarbes, de Algeciras, de Gibraltar, de las Islas de Canaria, de las Indias Orientales y Occidentales, Islas y Tierra firme del mar Océano; Archiduque de Austria, Duque de Borgoña, de Brabante y de Milán; Conde de Absburgo, de Flandes, Tirol y Barcelona; Señor de Vizcaya y de Molina;

 

Por cuanto entre Nos, la República Francesa y la República Báltava de una parte, y el Rey de la Gran Bretaña de la otra, se concluyo y firmó en veinte y siete de Marzo de este año por medio de Plenipotenciarios respectivamente, y en bastante forma autorizados, un tratado de Paz y Amistad, que comprende un Preámbulo, veinte y dos Artículos en el cuerpo de él, y otro separado, que todo es del tenor siguiente:

(Aquí el tratado)

Por tanto habiendo visto y examinado los referidos veinte y dos artículos, y uno separado, he venido en aprobar y ratificar cuanto contiene, como en virtud de la presente los apruebo y ratifico, todo en la mejor y más amplia forma que puedo, prometiendo en fe y palabra de Rey cumplirlo y observarlo, y hacer que se cumpla y observe enteramente, como si Yo mismo los hubiese firmado. En fe de lo cual mandé despachar la presente firmada de mi mano, sellada con mi sello, y refrendada por el infrascrito mi Consejero y primer Secretario de Estado y del Despacho. Dada en Aranjuez á cinco de Abril de mil ochocientos y dos.

YO EL REY

(L.S.)

Pedro Cevallos

 

RATIFICACIÓN DEL GOBIERNO FRANCÉS

Bonaparte, primer Cónsul, en nombre del Pueblo Francés; los Cónsules de la República habiendo visto y examinado el Tratado concluido, ajustado y firmado en Amiens el seis Germinal años diez de la República Francesa, (veinte y siete de Marzo de mil ochocientos dos) por el Ciudadano Josef Bonaparte, Consejero de Estado, y por Don Josef Nicolás de Azara, Ministro Plenipotenciario de S.M. Católica, y Roger Juan Schimmelpenninck, Ministro Plenipotenciario de la República Bátava, en virtud de los Plenos Poderes que se les habían conferido á este efecto, con el Marqués de Cornwallis, Caballero de la muy ilustre Orden de la Jarretiera, Ministro Plenipotenciario de S.M. el Rey del Reino Unido de la Gran Bretaña y de la Irlanda, igualmente autorizado con Plenos poderes, de los cuales Tratado y plenos poderes el tenor es como se sigue,

 

(Aquí el Tratado)

 

Aprueba el tratado de arriba en todos y cada uno de los Artículos que en él se contienen, declara que está aceptado, ratificado y confirmado, y promete que será observado inviolablemente.

 

En fe de los cual fueron hechas las presentes, firmadas, refrendadas y selladas con el gran sello de la República.

En París el veinte y siete Germinal año diez de la República (diez y siete de Abril de mil ochocientos dos)

Bonaparte

El Ministro de Relaciones Exteriores

Ch. Mau. Talleirand

Por el primer Cónsul

El Secretario de Estado

Hugoes B. Maret

 

RATIFICACIÓN DE LA REPÚBLICA BÁTAVA

El Gobierno de Estado de la República Bátava á todos los que las presentes vieres, salud.

Habiendo visto y examinado los Artículos del Tratado de Paz con el artículo separado concluidos y firmados en Amiens el veinte y siete de Marzo de mil ochocientos dos (el seis Germinal año diez de la República Francesa); por el Ciudadano Josef Bonaparte, Consejero de Estado, en nombre y por parte del primer Cónsul de la República Francesa; por el Marqués de Cornwallis, cabalero de la muy ilustre Orden de la Jarretiera, Consejero privado de S.M. el Rey del Reino Unido de la Gran Bretaña y de Irlanda, General de sus Ejércitos etc. en nombre y por parte de dicha Majestad; por Don Josef Nicolás de Azara, Consejero de Estado, Caballero Gran Cruz de Carlos III, Embajador extraordinario de S.M. el Rey de España y de las Indias cerca de la República Francesa, en nombre y por parte de dicha majestad; y por Roger Juan Schimmelpenninck, nuestro Embajador Extraordinario cerca de la República Francesa, en nuestro nombre y de nuestra parte, en virtud de sus plenos Poderes respectivos, el tenor de los quales Artículos es el siguiente,

 

(Aquí el Tratado)

 

Nos, deseando dar muestras de sinceridad, hemos aceptado, aprobado y ratificado dicho Tratado de Paz, y cada uno de sus Artículos arriba copiados, como los aceptamos, aprobamos y ratificamos por las presentes, prometiendo guardarlos sinceramente y de buena fe, observándolos y ejecutándolo según su forma y tenor, sin ir ni venir contra ellos en manera alguna ni directa ni indirectamente.

 

En fe de lo cual hemos hecho cotejar las presentes por el Presidente de nuestra Asamblea, firmarlas por nuestro Secretario de Estado del Departamento de Negocios extrangeros, y poner e ellas el gran sello del Estado en la Haya a diez y seis de Abril de mil ochocientos dos.

Rengers

M. Vander Goes

 

RATIFICACIÓN DEL REY DE LA GRAN BRETAÑA

Jorge III por la gracia de Dios, Rey de la Gran Bretaña, Defensor de la Fe, Duque de Brunswich y de Luneburgo, Archi-Tesorero, Príncipe Elector del Sacro Romano Imperio etc, á todos y á cada uno de aquellos á quienes las presentes llegasen, salud.

 

Ya que son el favor de Dios, la saludable y deseable obra de restablecer la Paz y Amistad entre Nos, el Serenísimo y Potentísimo Príncipe Carlos IV, Rey Católico de las Españas y de las Indias, nuestro buen hermano, la República Francesa, y la República Bátava, á que se había dado principio con los Artículos Preliminares, firmados algún tiempo ha, se ha consumado ahora felizmente, y el Tratado definitivo con un Artículo separado entre Nos y dicho Rey Católico, y las dichas Repúblicas Francesa y Bátava, ha sido concluido y firmado en Amiens el veinte y siete de Marzo próximo pasado por medio de Plenipotenciarios autorizados por unos y otros suficientemente en la forma y términos que siguen.

 

(Aquí el Tratado)

 

Nos, visto y examinado el Tratado definitivo con el Artículo separado arriba expresado, lo hemos aprobado en todos y cada uno de sus Artículos y cláusulas, y lo hemos tenido por válido, grato y subsistente, como por las presentes por Nosotros, nuestros herederos y sucesores lo aprobamos, y lo tenemos por válido, grato y subsistente, ofreciendo y prometiendo bajo palabra Real, que Nos cumpliremos y observaremos sinceramente y de buena fe todas y cada una de las cosas que en dicho Tratado y Artículo separado se contienen, y que no permitiremos jamás, en cuanto esté en nuestra parte, que nadie las quebrante, ni en manera alguna se vaya contra su tenor.

 

Y para mayor fe y firmeza de todo lo sobredicho, hemos hecho poner en las presentes firmadas de nuestra mano Real nuestro gran sello de la Gran Bretaña. En nuestro palacio de San James día doce de Abril del año del Señor mil ochocientos dos, y el cuarenta y dos de nuestro Reinado.

Jorge R.

 

CERTIFICACIÓN DEL CANGE DE LAS RATIFICACIONES CON LA REPÚBLICA FRANCESA

Nos Don Josef Nicolás de Azara, Caballero Gran Cruz de la Orden de Carlos III y de la de San Juan de Jerusalén, Consejero de Estado de S.M. Católica, y su Embajador Extraordinario cerca de la República Francesa; y el Ciudadano Josef Bonaparte, Consejero de Estado.

 

Certificamos que las Letras de Ratificación del tratado definitivo de Paz entre S.M. Católica, la República Francesa, y la República Bátava con S.M. Británica, firmado en Amiens el veinte y siete de Marzo último (seis Germinal año diez), revestidas de toda su forma, y debidamente cotejadas entre sí y con el original, han sido cangeadas por Nos en el día de hoy.

En fe de lo cual hemos firmado el presente Acto, y hecho poner en él nuestros respectivos sellos.

Dado en París el veinte y seis de Abril de mil ochocientos dos, seis Floreal año diez de la República Francesa.

(L.S.) J. Nicolás de Azara

(L.S.) J. Bonaparte

 

CERTIFICACIÓN DEL CAMBIO DE LAS RATIFICACIONES CON LA REPÚBLICA BÁTAVA

Nos Don Josef Nicolás de Azara, Caballero Gran Cruz de la Orden de Carlos III y de la de San Juan de Jerusalén, Consejero de Estado de S.M. Católica, y su Embajador Extraordinario cerca de la República Francesa; y Roger Juan Schimmelpenninck, Embajador Extraordinario de la República Bátava cerca de la República Francesa.

 

Certificamos que las Letras de Ratificación del tratado definitivo de Paz entre S.M. Católica, la República Francesa, y la República Bátava con S.M. Británica, firmado en Amiens el veinte y siete de Marzo último, revestidas de toda su forma, y debidamente cotejadas la una con la otra y con el original, han sido canjeadas por Nos en el día de hoy.

 

En fe de los cual hemos firmado el presente Acto, y hecho poner en él nuestros respectivos sellos.

 

Dado en París el veinte y cuatro de Abril de mil ochocientos dos.

(L.S.) Josef Nicolás de Azara

(L.S.) R.J. Schimmelpenninck

 

CERTIFICACIÓN DEL CAMBIO DE LAS RATIFICACIONES CON EL REY DEL REYNO UNIDO DE LA GRAN BRETAÑA Y DE IRLANDA

Nos Don Josef Nicolás de Azara, Caballero Gran Cruz de la Orden de Carlos III, Embajador Extraordinario de dicho Soberano cerca de la República Francesa; y Antonio Merry, Ministro Plenipotenciario de S.M. Británica cerca de la República Francesa.

Certificamos que las Letras de Ratificación del tratado definitivo de Paz entre S.M. Católica, la República Francesa, y la República Bátava con S.M. Británica, firmado en Amiens el veinte y siete de Marzo último, revestidas de toda su forma, y debidamente cotejadas la una con la otra y con el original, han sido canjeadas por Nos en el día de hoy.

 

En fe de lo cual hemos firmado el presente Acto, y hecho poner en él nuestros respectivos sellos.

Dado en París el veinte y tres de Abril de mil ochocientos dos.

(L.S.) J. Nicolás de Azara

(L.S.) Antonio Merry

 

CONVENTION BETWEEN HER MAJESTY AND THE REPUBLIC OF GUATEMALA, RELATIVE TO THE BOUNDARY OF BRITISH HONDURAS. SIGNED AT GUATEMALA, APRIL 30, 1859.

 

Whereas the boundary between Her Britannic Majesty's settlement and possessions in the Bay of Honduras, and the territories of the Republic of Guatemala has not yet been ascertained and marked out;

 

Her Majesty the Queen of the United Kingdom of Great Britain and Ireland, and the Republic of Guatemala, being desirous, with a view to improve and perpetuate the friendly relations which happily subsist between the two countries, to define the boundary aforesaid, have resolved to conclude a convention for that purpose, and have named as their plenipotentiaries, that is to say:

 

HER MAJESTY THE QUEEN OF THE UNITED KINGDOM OF GREAT BRITAIN AND IRELAND: Charles LENNOX WYKE, Esquire, Her Britannic Majesty's Charg d'Affaires to the Republic of Guatemala;

and His EXCELLENCY THE PRESIDENT OF THE REPUBLIC OF GUATEMALA: Don Pedro DE AYCINENA, Councillor of State, and Minister for Foreign Affairs;

 

Who, after having communicated to each other their respective full powers, found in good and due form, have agreed upon and concluded the following articles:

 

Article 1.

It is agreed between Her Britannic Majesty and the Republic of Guatemala, that the boundary between the Republic and the British Settlement and Possessions in the Bay of Honduras, as they existed previous to and on the 1st day of January, 1850, and have continued to exist up to the present time, was and is as follows: Beginning at the mouth of the River Sarstoon in the Bay of Honduras, and proceeding up the mid-channel thereof to Gracias Dios Falls; then turning to the right and continuing by a line drawn direct from Gracias a Dios Falls to Garbutt's Falls on the River Belize, and from Garbutt's Falls due north until it strikes the Mexican frontier.  It is agreed and declared between the high contracting parties that all the territory to the north and east of the line of boundary above described belongs to Her Britannic Majesty, and that all the territory to the south and west of the same belongs to the Republic of Guatemala.

 

Article 2.

Her Britannic Majesty and the Republic of Guatemala shall, within twelve months after the exchange of the ratifications of the present convention, appoint each a commissioner for the purpose of designating and marking out the boundary described in the preceding article.  Such commissioners shall ascertain the latitude and longitude of Gracias Dios Falls and of Garbutt's Falls, and shall cause the line of boundary between Garbutt's Falls and the Mexican territory to be opened and marked where necessary, as a protection against future trespass.

 

Article 3.

The commissioners mentioned in the preceding article shall meet at such place or places as shall be hereafter fixed, at the earliest convenient period after they shall have been respectively named; and shall, before proceeding to any business, make and subscribe a solemn declaration that they will impartially and carefully examine and decide, to the best of their judgment, and according to justice and equity, without fear, favour, or affection to their own country, upon all the matters referred to them for their decision; and such declaration shall be entered on the record of their proceedings.  The commissioners shall then, and before proceeding to any other business, name some third person to act as arbitrator or umpire in any case or cases in which they may themselves differ in opinion.  It they should not be able to agree upon the choice of such a third person, they shall each name a person; and in each and every case in which the commissioners may differ in opinion as to the decision which they ought to give, it shall be determined by lot which of the two persons so named shall be the arbitrator or umpire in that particular case.  The person or persons so to be chosen shall, before proceeding to act, make and subscribe a solemn declaration, in a form similar to that which shall already have been made and subscribed by the commissioners, which declaration shall also be entered on the record of the proceedings. In the event of the death, absence, or incapacity of either of such commissioners, or of either of such arbitrators or umpires, or of his omitting, or declining, or ceasing to act, another person shall be named, in the same manner, to act in his place or stead, and shall make and subscribe such declaration as aforesaid. Her Britannic Majesty and the Republic of Guatemala shall engage to consider the decisions of the two commissioners conjointly, or of the arbitrator or umpire, as the case may be, as final and conclusive on the matters to be respectively referred to their decision, and forthwith to give full effect to the same.

 

Article 4.

The commissioners hereinbefore mentioned shall make to each of the respective Governments a joint report or declaration, under their hands and seals, accompanied with a map or maps in quadruplicate (two for each Government), certified by them to be true maps of the boundary defined in the present treaty, and traversed and examined by them.

 

Article 5.

The commissioners and the arbitrator or umpire shall keep accurate records and correct minutes or notes of all their proceedings, with the dates thereof, and shall appoint and employ such surveyors, clerk or clerks, or other persons, as they shall find necessary to assist them in the transaction of the business which may come before them.  The salaries of the commissioners shall be paid by their respective Governments. The contingent expenses of the commissions, including the salary of the arbitrator or umpire, and of the surveyors and clerks, shall be defrayed in equal moieties by the two Governments.

 

Article 6.

It is further agreed that the channels in the water-line of boundary described in article I of the present convention shall be equally free and open to the vessels and boats of both parties; and that any islands which may be found therein shall belong to that party on whose side of the main navigable channel they are situated.

 

Article 7.

With the object of practically carrying out the views set forth in the preamble of the present convention, for improving and perpetuating the friendly relations which at present so happily exist between the two high contracting parties, they mutually agree conjointly to use their best efforts, by taking adequate means for establishing the easiest communication (either by means of a cart-road, or employing the rivers, or both united, according to the opinion of the surveying engineers), between the fittest place on the Atlantic coast, near the settlement of Belize, and the capital of Guatemala ; whereby the commerce of England on the one hand, and the material prosperity of the Republic on the other, cannot fail to be sensibly increased, at the same time that the limits of the two countries being now clearly defined, all further encroachments by either party on the territory of the other will be effectually checked and prevented for the future.

 

Article 8.

The present convention shall be ratified, and the ratifications shall be exchanged at London or Guatemala as soon as possible within the space of six months.

 

In witness whereof, the respective plenipotentiaries have signed the same, and have affixed there to the seals of their arms.

 

Done at Guatemala, the thirtieth day of April, in the year one thousand eight hundred and fifty-nine.

(L. S.) Charles LENNOX WYKE.

(L. S.) P. DE AYCINENA.


CANJE DE NOTAS ENTRE EL GOBIERNO DE SU MAJESTAD EN EL REINO UNIDO Y EL GOBIERNO DE GUATEMALA, RELATIVO A LA FRONTERA ENTRE HONDURAS BRITANICA Y GUATEMALA.  GUATEMALA, 25 Y 26 DE AGOSTO DE 1931.

 

BRITISH LEGATION.

 

FROM MR. GRANT WATSON                                 TO SENOR SKINNER KLE.

                                                            GUATEMALA, August 25, 1931.

 

YOUR EXCELLENCY:

 

The boundary between British Honduras and the Republic of Guatemala was laid down in the convention between the Republic of Guatemala and Her Majesty the Queen of Great Britain and Ireland, signed at Guatemala on the 30 April, 1859 *, article i (paragraph 2) of which defines the line as "beginning at the mouth of the River Sarstoon in the Bay of Honduras and proceeding up the mid-channel thereof to Gracias Dios Falls; then turning to the right and continuing by a line drawn direct from Gracias Dios Falls to Garbutt's Falls on the River Belize and from Garbutt's Falls due north until it strikes the Mexican frontier".

 

It was further stipulated by article 2 of the convention that "Her Britannic Majesty and the Republic of Guatemala shall, within twelve months after the exchange of the ratifications of the present convention, appoint each a commissioner for the purpose of designating and marking out the boundary described in the preceding article.  Such commissioners shall ascertain the latitude and longitude of Gracias Dios Falls and of Garbutt's Falls, and shall cause the line of boundary between Garbutt's Falls and the Mexican territory to be opened and marked where necessary, as a protection against future trespass."

 

In consequence joint commissioners were appointed in 1860 for this purpose, who marked in situ the position of the terminal points of the southern section of the boundary, namely, Garbutt's Falls and Gracias Bios Falls. However, the full survey of the frontier was not completed at that time.

 

The Governments of the United Kingdom and Guatemala are now desirous of completing the demarcation.  As a first step towards this purpose, commissioners were reappointed, who met on the Sarstoon River on the 16 January, 1929, and who proceeded to inspect the terminal points of the southern section of the frontier.  They inspected the concrete monument on the north bank of the Sarstoon River at Gracias Dios, 900 yards up-stream from the mouth of the Chocon branch.

 

On the 22 January, 1929, they inspected the piles of stones on either side of the Belize River at Garbutt's Falls, erected by the joint commissioners in 1861.  They decided to accept these marks as indicating the exact position of the two terminal points.  The marks were then replaced by new concrete monuments, erected under the supervision of the commissioners, the monument at Garbutt's Falls being placed on the southern side of the river, and the former piles of stones being demolished.

 

The work, both on the Belize and the Sarstoon Rivers, was duly recorded in a report signed by the said commissioners at the Sarstoon River on the 29 May, 1929, of which I have received an original signed copy.

 

I have the honour to inform your Excellency that I am authorised by His Majesty's Government in the United Kingdom to confirm, on their behalf and in accordance with article 3, paragraph 3, of the convention, this report as set forth in the accompanying copy, duly certified by me, to accept the concrete monuments erected by the said commissioners as correctly marking the terminal points aforesaid, and to state that they would be glad to receive a similar assurance on the part of the Government of Guatemala.

 

The present note and your Excellency's reply will constitute the agreement between the Governments of the United Kingdom and Guatemala in the matter.

 

I avail, ……

 

H. A. GRANT WATSON.

ENCLOSURE IN No. i.

REPORT.

 

We, the commissioners appointed by the Governments of Guatemala and British Honduras to establish the permanent boundary marks at Garbutt's Falls, Belize River and at Gracias Dios Falls, Sarstoon River, met at Fallavon, Belize River, on the 7th day of May, 1929.  On the 8th we proceeded to demolish the pile of stones erected at Garbutt's Falls by the commissioners of 1861, and to erect in its place a concrete monument bearing on its top two copper plates marked "Guatemala" and "British Honduras" respectively.  We completed this work on the loth.  From the 11th to the I5th we were engaged upon other work for our respective Governments, and on the loth we left for Belize, where we arrived on the night of the 20th.  Having made necessary prepar ations, we left Belize for Sarstoon River on the 24th and arrived at Gracias Dios Falls on the 26th.

 

There we erected a monument similar to that at Garbutt's Falls, which we finished on the 29th.  We then proceeded down the river to Sarstoon Bar, where we separated.

 

Signed at Sarstoon River Bar this 29th day of May, 1929.

Fernando CRUZ, Commissioner for the Government of Guatemala.

Fred W. BRUNTON, Commissioner for the Government of British Honduras.

 

SECRETARIA DE RELACIONES EXTERIORES.

 

FROM SENOR SKINNER KLE                          TO MR. GRANT WATSON.

GUATEMALA, 26 de agosto de 1931.

 

SENOR MINISTRO:

 

Tengo el honor de acusar recibo de la nota de Vuestra Excelencia, fechada el 25 del mes en curso.

 

El Gobierno de Guatemala esta de acuerdo en reconocer los mojones de concreto erigidos en las caídas de Garbutt y en los rápidos de Gracias a Dios, que fijaron los comisionados de ambos Gobiernos, Señores Ingenieros Fernando Cruz y Frederick W. Brunton, el 8 y 26 de mayo del ano de 1929, entre la frontera de Guatemala y Belice, según consta en el acta levantada en la Barra del Río Sarstoon por ambos delegados, el día 29 del mismo mes.

 

Una copia del Acta, debidamente certificada, se acompaña como anexo.  Estos mojones, así terminados, forman parte de la línea fronteriza entre Belice y la República de Guatemala.

 

Aprovecho, etc.

 

A. SKINNER KLE.

 

ENCLOSURE IN No. 2.

El infrascrito Subsecretario de Relaciones Exteriores certifica: que para el efecto ha tenido a la vista el acta que dice:

"Los suscritos comisionados y nombrados por Guatemala y Honduras Británica para colocar los mojones definitivos en Garbutt's Falls y en Gracias a Dios, en el río Sarstún nos reunimos en Fallabon, sobre el río Belice, el siete de mayo de 1929. El ocho procedimos a demoler la pirámide de piedra colocada en Garbutt's Falls por los Comisionados de 1861, y construimos en su lugar un monumento de concreto que lleva en la cara superior dos planas de cobre que dicen respectivamente: 'Guatemala' y 'British Honduras'.  Terminamos dicho trabajo el día diez.  Del once al quince nos ocupamos de otros asuntos que nos habían encargado nuestros gobiernos y el diez y seis salimos para Belice, a donde llegamos en la noche del veinte.  Después de hacer los preparativos del caso el veinticuatro salimos de Belice en dirección al río Sarsttúm y llegamos a los rápidos de Gracias a Dios el veintiséis. Ahí se construyó un monumento semejante al de Garbutt's Falls, el cual quedó terminado el veintinueve.  Después caminamos río abajo hasta la Barra del Sarstún, en donde nos s par mes.

Firmamos la presente en la Barra del Sarstun el 29 de mayo de 1929.

Fernando CRUZ, Comisionado por el Gobierno de Guatemala,

Fred W. BRUNTON, Comisionado por el Gobierno de Honduras British. "

 

APPENDIX.

CONVENTION 2 BETWEEN HER MAJESTY AND THE REPUBLIC OF GUATEMALA, RELATIVE TO THE BOUNDARY OF BRITISH HONDURAS. SIGNED AT GUATEMALA, APRIL 30, 1859.

 


TRATADO SOBRE LÍMITES ENTRE MEXICO Y HONDURAS BRITANICA, CELEBRADO EL 8 DE JULIO DE 1893, Y CONVENCION ADICIONAL CELEBRADA EL 7 DE ABRIL DE 1897.

 

PORFIRIO DIAZ, Presidente de los Estados Unidos Mexicanos, a todos sus habitantes, sabed:

 

Que el día ocho de julio del año de mil ochocientos noventa y tres se concluyó y firmó, por medio de los Plenipotenciarios respectivos, debidamente autorizados al efecto, un Tratado entre los Estados Unidos Mexicanos y la Gran Bretaña e Irlanda, en la forma y del tenor siguientes:

 

Considerando que el 30 de abril de 1859 se concluyó entre su Majestad Británica y la República de Guatemala un Tratado, cuyo Artículo Primero es como sigue: "Queda convenido entre la República de Guatemala y Su Majestad Británica que los límites entre la República y el establecimiento y posesiones británicas en la Bahía de Honduras, como existían antes del 1° de enero de 1850 y en aquel día, y han continuado existiendo hasta el presente, fueron y son los siguientes:

 

"Comenzando en la Boca del Río Sarstoon en la Bahía de Honduras y remontando la madre del río hasta los Raudales de Gracias a Dios; volviendo después a la derecha, y continuando por una línea recta tirada desde los Raudales de Gracias a Dios hasta los de Garbutt en el Río Belice, y después de los Raudales de Garbutt Norte derecho hasta donde toca con la frontera mexicana."

 

Que el 27 de septiembre de 1882 la República Mexicana negoció un Tratado de Límites con la de Guatemala y, al fijar la línea divisoria entre ambos países en la Península de Yucatán, señalose con tal carácter el paralelo de latitud Norte de 17° 49' que debería correr indefinidamente hacia el Este;

 

Que es de notoriedad conveniente, para conservar las relaciones amistosas que felizmente existen entre las Altas Partes Contratantes, el definir con toda claridad cuál es la frontera mexicana a que Guatemala se refirió en el Tratado relativo a sus límites con las posesiones británicas en la Bahía de Honduras y, en consecuencia, cuáles son los límites de esas posesiones con México;

 

El Presidente de los Estados Unidos Mexicanos y Su Majestad la Reina del Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda, han nombrado sus Plenipotenciarios para la celebración de un Tratado de Límites:

 

El Presidente de los Estados Unidos Mexicanos, al Sr. D. Ignacio Mariscal, Secretario de Estado y del Despacho de Relaciones Exteriores;

Y Su Majestad la Reina, a Sir Spenser St. John, Caballero Comendador de San Miguel y San Jorge, Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de Su Majestad Británica en México;

 

Quienes, después de haberse comunicado sus Plenos Poderes, habiéndolos encontrado en debida forma, han convenido en los Artículos siguientes:

 

ARTÍCULO I. Queda convenido, entre la República Mexicana y Su Majestad Británica que el límite entre dicha República y la Colonia de Honduras Británica era y es como sigue:

 

Comenzando en Boca de Bacalar Chica, estrecho que separa el Estado de Yucatán del Cayo Ambergris y sus islas anexas, la línea divisoria corre en el centro del canal entre el referido Cayo y el Continente con dirección al Sudoeste hasta el paralelo de 18° 9' Norte, y luego al Noroeste a igual distancia de dos cayos, como está marcado en el mapa anexo, hasta el paralelo 18° 10' Norte; torciendo entonces hacia el Poniente, continúa por la bahía vecina, primero en la misma dirección hasta el Meridiano de 88° 2' Oeste; entonces sube al Norte hasta el paralelo 18° 25' Norte; de nuevo corre hacia el Poniente hasta el Meridiano 88° 18' Oeste, siguiendo el mismo Meridiano hasta la latitud de 18° 28½' Norte, a la que se encuentra la embocadura del Río Hondo, al cual sigue por su canal más profundo, pasando al Poniente de la Isla Albión y remontando el Arroyo Azul hasta donde éste cruce el Meridiano del Salto de Garbutt en un punto al Norte de la intersección de las líneas divisorias de México, Guatemala y Honduras Británica, y desde ese punto corre hacia el Sur hasta la latitud 17° 49' Norte, línea divisoria entre la República Mexicana y Guatemala; dejando al Norte en territorio mexicano el llamado Río Snosha o Xnohha.

 

ARTÍCULO II. La República Mexicana y Su Majestad Británica, con el fin de facilitar la pacificación de las tribus indias que viven cerca de las fronteras de México y Honduras Británica, y para prevenir cualquiera futura insurrección entre las mismas, convienen en prohibir de una manera eficaz, a sus ciudadanos o súbditos y a los habitantes de sus respectivos dominios, el que proporcionen armas o municiones a esas tribus indias.

 

ARTÍCULO III. El Gobierno de México y el Gobierno Británico convienen en hacer toda clase de esfuerzos para evitar que los indios que viven en los respectivos territorios de los dos países hagan incursiones en los dominios de la otra Parte Contratante: pero ninguno de ambos Gobiernos puede hacerse responsable por los actos de las tribus indias que se hallen en abierta rebelión contra su autoridad.

 

ARTÍCULO IV. Este Tratado será ratificado por ambas Partes, y las ratificaciones se canjearán en México a la brevedad posible.

 

En testimonio de lo cual, los Plenipotenciarios lo han firmado y sellado con sus respectivos sellos.

 

Hecho en dos originales, en la ciudad de México, el día ocho de julio de mil ochocientos noventa y tres.

 

(L. S.) Ignacio Mariscal

(L.S.) Spenser St. John.

 

Que, habiéndose convenido posteriormente en adicionar el mismo Tratado con un Artículo que asegura la libertad de navegación en las aguas de Honduras Británica a los buques mercantes mexicanos, con fecha siete de abril del corriente año, los respectivos Plenipotenciarios subscribieron la siguiente Convención:

 

Las Altas Partes Contratantes en el Tratado convenido por México y la Gran Bretaña, sobre límites entre México y Honduras Británica, que fue firmado el 8 de julio de 1893, deseando asegurar a perpetuidad, a los buques de la marina mercante de los Estados Unidos Mexicanos, la libre navegación en las aguas territoriales de Honduras Británica por el estrecho que desemboca al Sur de Cayo de Ambergris, conocido también con el nombre de Isla de San Pedro, han nombrado con ese objeto sus Plenipotenciarios, a saber:

 

El Presidente de los Estados Unidos Mexicanos, al Sr. Lic. Don Ignacio Mariscal, Secretario de Estado y del Despacho de Relaciones Exteriores; Y Su Majestad la Reina del Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda, a Sir Henry Nevill Dering, Baronet de Inglaterra, Caballero de la Muy Honorable Orden del Baño, Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de Su Majestad Británica en México;

 

Quienes, después de haberse comunicado sus respectivos Plenos Poderes; encontrándolos en buena y debida forma, han convenido en el siguiente Artículo Adicional de dicho Tratado:

 

ARTÍCULO III Bis.

 

Su Majestad Británica garantiza a perpetuidad, a los barcos mercantes mexicanos, la libertad absoluta, que disfrutan al presente, de navegar por el estrecho que se abre al Sur del Cayo de Ambergris, conocido también por la Isla de San Pedro, entre este Cayo y el Continente, así como la de navegar en las aguas territoriales de Honduras Británica.

 

En testimonio de lo cual, los infrascritos han firmado la presente Convención complementaria y la han autorizado con sus sellos, en México, el día siete de abril de mil ochocientos noventa y siete.

 

(L.S.) Ignacio Mariscal.

(L.S.) Henry Nevill Dering.

 

Que, en diez y nueve de abril último, el Senado de los Estados Unidos Mexicanos aprobó dichos Tratado y Convención Adicional;

 

Que en tal virtud, en uso de la facultad que me concede la Fracción X del Artículo Octogésimo quinto de la Constitución Federal, he ratificado, aceptado y confirmado dichos Tratado y Convenio Adicional, el día veinticinco del mismo mes de abril;

 

Que igualmente los ha aprobado Su Majestad la Reina del Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda, el día seis de mayo último;

 

Y que las ratificaciones han sido canjeadas en esta capital el día veintiuno del presente mes.

 

Por tanto, mando se imprima, publique, circule y se le dé el debido cumplimiento.

Palacio del Gobierno Federal, México, julio 26 de 1897.

 

Porfirio Díaz

------ o ------



[1] Nota: El presente trabajo pretende ampliar la investigación realizada por el Embajador Enrique Hubbard, publicada en ADE No. 6 (Junio-Agosto 2002), y forma parte de una trilogía que se inició con "Bougainville Conflicto Separatista Latente", en ADE No. 27 (Junio-Agosto 2008) y continuó con "La Guyana Esequib a Olvidada", ADE No. 27 (Septiembre-Noviembre 2008).  A través de estos ensayos se desea dejar patente las políticas de penetración, dominación, saqueo, contaminación, valcanización etc., que la nación más poderosa, arrogante, segregacionista y bárbara, en su momento, de la tierra llevó a cabo en sus dominios coloniales.  En América, siempre buscó impedir la consolidación absoluta de la dominación española o portuguesa en el Continente.

[2] La Gran Barrera de Coral (Great Barrier Reef) es el mayor arrecife de coral del mundo; se sitúa en el Mar del Coral, frente a la costa de Queensland al noreste de Australia, y se extiende sobre unos 2,600 kilómetros de longitud.  http://es.wikipedia.org/wiki/Gran_Barrera_de_Coral.

 

 

[3] La Baliza es la señal que se levanta a la entrada de un puerto para guiar la entrada o salida de los barcos.

[4] Calderón Quijano, José Antonio: Belice /1663-1821, Escuela de Estudios Hispanoamericanos de la Universidad de Sevilla, Sevilla, 1944.

[5] Es conocido que piratas ingleses y franceses se apoderaban de los navíos encallados en los numerosos arrecifes coralinos situados a lo largo del litoral, constituyendo actos de corsarismo que, tanto piratas como filibusteros, llevaron a cabo en los territorios e islas españolas en América.

[6] Al poco tiempo, los esclavos superaban en número a los europeos; en 1784 únicamente el 10% de la población era de origen europeo, proporción que ha continuado reduciéndose.  La base étnica habría de volverse más heterogénea a comienzos del siglo XIX, al instalarse en la costa sur de Belice inmigrantes garifunas; la guerra de las Castas de Yucatán, entre 1847 y 1853, arrojó decenas de miles de hispanoparlantes a la costa norte de Belice, al tiempo que varias comunidades mayas volvían a establecerse en el norte y el oeste.  En las décadas de 1860 y 1870, los propietarios de plantaciones de caña de azúcar patrocinaron la inmigración de varios miles de trabajadores provenientes de China e India.  A finales del siglo XX, indígenas mayas y kekchi, que escapaban de la opresión en Guatemala, establecieron comunidades autosuficientes en el sur y oeste de Belice.

[7] Es un Tratado comercial firmado entre España e Inglaterra el 23 de mayo de 1667 y básicamente fue una prórroga de los acuerdos comerciales establecidos en el Tratado de Londres de 1604 (rotos por las hostilidades de la guerra anglo- española de 1654-1660), por el que se garantizaban los derechos comerciales de los súbditos ingleses en América.  El Tratado de Münster fue firmado el 30 de enero de 1648 y en el se reconocen las adquisiciones de los súbditos de las Provincias Unidas de los Países Bajos en las islas y continentes del Nuevo Mundo.

[8] El Tratado de Madrid fue firmado el 18 de julio de 1670 por el plenipotenciario español Gaspar de Bracamontes y Guzmán y el británico, Guillermo Godolphin; en el se ratifican las condiciones pactadas en el Tratado de Madrid de 1667; se establece el compromiso de no agresión entre las flotas de ambos países, la liberación de los prisioneros tomados en anteriores conflictos, el olvido de los daños y ofensas recíprocos habidos en tiempos pasados; España reconoce las posesiones inglesas en las Indias Occidentales en el Mar Caribe, pero sin especificar cuales eran exactamente: "todas las tierras, islas, colonias y dominios situados en las Indias Occidentales ". En una cédula de 1689 se anotaban como posesiones inglesas las islas de Jamaica, Barbados, Nueva Inglaterra, Canadá y parte de la Isla de San Cristóbal, pero no Belice.  Como consecuencia del Tratado, Inglaterra tomó el control formal de Jamaica y las Islas Caimán.  Asimismo, ambos países acuerdan permitir la libertad de movimiento de los buques de la parte contraria, y cada país se compromete a abstenerse de comerciar en el territorio del otro. El texto del acuerdo se puede consultar en:  http://books.google.es/books?id=XE8NAAAAIAAJ&printsec=titlepage#PPA162,M1

[9] El artículo 7 del Tratado de Madrid establece: : «... se ha convenido en que el serenísimo rey de la Gran Bretaña y sus herederos y sucesores gozarán, tendrán y poseerán perpetuamente en pleno derecho de soberanía, propiedad y posesión todas las tierras, provincias, islas, colonias y dominios situados en la India Occidental ó en cualquier parte de la América, que el dicho rey de la Gran Bretaña y sus súbditos tienen y poseen al presente: de suerte, que ni por razón de esto ni con cualquier otro pretexto se pueda ni deba pretender jamás alguna otra cosa...»

[10] Aznar Sánchez, Juan; “La situación internacional de Belice”, p 67-90,

 http://www.cepc.es/rap/Publicaciones/Revistas/13/RPI_133_067.pdf

[11] Un asiento era un tratado o acuerdo de paz por el cual un conjunto de comerciantes recibía el monopolio sobre una ruta comercial o producto.  El Asiento de Negros fue el monopolio sobre la caza de esclavos de África y la América hispana que se otorgó a Inglaterra como compensación por la victoria del candidato francés Felipe V de España.  Con el Tratado del Asiento de Negros se fijaba que, anualmente, Inglaterra tenía el derecho de traficar con 4800 esclavos de color, durante un periodo de treinta años.

[12] En 1727 el gobernador había recibido instrucciones de la corona española de repoblar el área con colonos provenientes de las islas Canarias y construir el Fuerte de San Felipe a orillas de la laguna Bacalar, como punto estratégico para frenar el expansionismo inglés. La construcción del fuerte terminó a fines del siglo XVIII y desde su inicio cumplió con la función de resguardo de la soberanía española.

 

[13] Fue firmado el 10 de febrero de 1763 por Gran Bretaña y sus adversarios, Francia y España, con el objeto de poner fin a la guerra de los Siete Años —que tenía lugar en Europa— y a la Guerra Francesa e India —fase de ese mismo conflicto en tierras americanas.  Supuso el triunfo internacional de Gran Bretaña, que obtuvo las posesiones francesas en Canadá, así como las posesiones de aquélla al este del río Mississippi y las españolas en Florida. El Impero Británico se convirtió en el de mayor del mundo.  Para España, la paz supuso una grave humillación, pues puso de manifiesto su incapacidad defensiva. Las obligaciones contraídas por Carlos III fueron: dejar las cuestiones de las presas marítimas a juicio de los tribunales del almirantazgo británico, permitir a los británicos seguir cortando palo en Honduras, a condición de demoler todas las fortificaciones de sus factorías, renunciar las pretensiones españolas de pescar en Terranova, devolver la colonia del Sacramento y Almeida a Portugal, ceder a Inglaterra la Florida, el fuerte de San Agustín, la bahía de Pensacola y los territorios al este y sudeste del río Missisipi, a cambio de la devolución de La Habana y Manila.

[14] El texto del artículo 17 es: “Su Majestad Británica hará demoler todas las fortificaciones que sus nacionales hubieren construido en la Bahía de Honduras y en otros lugares, territorios de España, en esa parte del mundo, cuatro meses después de la ratificación de este Tratado; A su vez, su Majestad Católica no deberá permitir que los nacionales de Su Majestad Británica o sus trabajadores sean inquietados o molestados, bajo ningún pretexto, en los lugares mencionados, en sus ocupaciones de cortadores, cargadores y transportadores de los botes de tinte o de Campeche. Y para esos efectos podrán combatir y ocupar sin interrupción las casas y las tiendas que les sean necesarias, tanto para ellos como para sus familias y sus efectos personales. Y su majestad católica les asegurará por este artículo la entera satisfacción de sus ventajas y facultades en las costas y territorios españoles, como esta estipulado aquí, inmediatamente después de la ratificación del presente tratado”. 

[15] El Tratado de París o Tratado de Versalles se firmó el 3 de septiembre de 1783 entre Gran Bretaña y Estados Unidos y puso término a la Guerra de Independencia de los Estados Unidos. Los británicos firmaron también el mismo día acuerdos por separado con España, Francia y los Países Bajos, que ya habían sido negociados con anterioridad: España mantenía los territorios recuperados de Menorca y Florida oriental y occidental; recuperó las costas de Nicaragua, Honduras (Costa de los Mosquitos) y Campeche; se reconoció la soberanía española sobre la colonia de Providencia y la inglesa sobre Bahamas, y Gran Bretaña conservaba la estratégica posición de Gibraltar (Londres se mostró inflexible, ya que el control del Mediterráneo era impracticable sin la fortaleza de la Roca).

[16] La Convención de Londres del 14 de julio de1786 fue firmada bajo el Ministerio de Gálvez por el Caballero del Campo y Camarthen; consta de un preámbulo y 16 artículos; la finalidad es “explicar, ampliar y hacer efectivo lo estipulado en el artículo 6 del Tratado definitivo de paz de 1783”.  Se puede afirmar que la base jurídica de la presencia británica en Belice lo conforman los Tratados de París (1763) y Versalles (1783) y la Convención de Londres (1786), en los que se concesiona a los ingleses el corte de madera, palo de tinte, en la zona comprendida primeramente entre el Río Hondo y el Río Belice y luego de este último hasta el Río Sibún. Con posterioridad, los límites se ampliaron unilateralmente hacia el sur, a expensas de territorio guatemalteco, llegando al Río Sartoon, sin dejar de registrarse constantes ataques españoles sobre los asentamientos ingleses.

 

[17] En 1871 se declaró colonia con el nombre de Honduras Británicas; en 1964 se le permitió contar con un gobierno propio; en 1973 el nombre le fue cambiado de Honduras Británicas a Belice y el 21 de septiembre de 1981 obtuvo su independencia.

[18] El artículo III del Tratado estipula: «Su Majestad Británica restituye a la República Francesa y sus aliadas, a saber, a Su Majestad Católica y a la República Bátava, todas las posesiones y colonias que les pertenecían, respectivamente, y han sido ocupadas por las fuerzas británicas durante el curso de la guerra, a excepción de la isla Trinidad y de las posesiones holandesas de la isla de Ceilán»

[19] Tratado de paz, amistad y alianza entre S.M. E rey de España Fernando VII y en su real nombre la Suprema Junta Central Gubernativa y S.M. El rey del Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda.  Firmado en Londres el 14 de enero de 1809.

[20] Es conocida como Tratado Aycinena-Wyke.

[21] Aznar Sánchez, Juan; “La situación internacional de Belice”, p 67-90,

 http://www.cepc.es/rap/Publicaciones/Revistas/13/RPI_133_067.pdf

[22] Aznar Sánchez, Juan; “La situación internacional de Belice”, p 67-90,

 http://www.cepc.es/rap/Publicaciones/Revistas/13/RPI_133_067.pdf

[23] Capítulo VI “Arreglo pacífico de controversias”:

Artículo 36

1. El Consejo de Seguridad podrá, en cualquier estado en que se encuentre una controversia de la naturaleza de que trata el Artículo 33 o una situación de índole semejante, recomendar los procedimientos o métodos de ajuste que sean apropiados.

2. El Consejo de Seguridad deberá tomar en consideración todo procedimiento que las partes hayan adoptado para el arreglo de la controversia.

3. Al hacer recomendaciones de acuerdo con este Artículo, el Consejo de Seguridad deberá tomar también en consideración que las controversias de orden jurídico, por regla general, deben ser sometidas por las partes a la Corte Internacional de Justicia, de conformidad con las disposiciones del Estatuto de la Corte.

Artículo 33

l. Las partes en una controversia cuya continuación sea susceptible de poner en peligro el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales tratarán de buscarle solución, ante todo, mediante la negociación, la investigación, la mediación, la conciliación, el arbitraje, el arreglo judicial, el recurso a organismos o acuerdos regionales u otros medios pacíficos de su elección.

2. El Consejo de Seguridad, si lo estimare necesario, instará a las partes a que arreglen sus controversias por dichos medios.

[24] Aznar Sánchez, Juan; “La situación internacional de Belice”, p 67-90,

http://www.cepc.es/rap/Publicaciones/Revistas/13/RPI_133_067.pdf