II. JULIUS NYERERE: UN LIBERTADOR AFRICANO

En territorio suajili

Es uno solo el plano del tiempo y en ese plano –continuo, persistente- se halla todo. Durante siglos la costa oriental africana formó parte del emporio que comerciaba con Arabia, India, Persia y las islas orientales. El territorio suajili -Tanzania, Kenia y Uganda sobre todo, pero también los bordes de Somalia, Mozambique, Burundi, Ruanda y la República del Congo- mantenía un activo tráfico de bienes y personas, lo mismo que otros intercambios, con las comunidades ribereñas del Océano Índico.

 

Las relaciones y los lazos así establecidos dieron lugar a la formación del suajili, un idioma formado con elementos árabes y bantúes y lengua franca en la región en la actualidad. La mezcla cultural dio lugar también a una sociedad nueva, a una civilización de África del Este. La comunidad suajili estableció reinos y varias ciudades-estado en Kilwa, Zanzíbar, Mombasa, Malindi, Lamu, que florecieron por menos o más años, pero cuya historia se ha extinguido por la inexistencia de testimonios o documentos escritos.

En los albores del siglo dieciséis la flota portuguesa se adueña del control del Índico y el poder de aquellas ciudades merma en forma dramática. Eventualmente desaparecen de la historia, hasta que reaparecen en la segunda mitad del siglo diecinueve con motivo de la expansión colonial europea.

A la fecha, África se mantiene asaz lejana de la atracción y afanes mexicanos, más allá de la afición, trabajo y esfuerzo de unos cuantos devotos.

El azar nos arrastró a nosotros a residir por más de cuatro años en Nairobi, una de las ciudades más activas y sorprendentes de África, y a conocer de primera mano la vida y hábitos locales, además de cultivar el acceso y trato con personalidades de la región. Vecina de Kenia, Tanzania -una de las naciones más pacíficas del mundo- representa el corazón del territorio suajili. Allí emergió –en el periodo de entreguerras- un personaje cuya trayectoria política desdice el patrón común de la fuerza, la simulación y el abuso, por no citar la violencia, la sangre y la impunidad. Evocar a Julius Nyerere es referirse no sólo al padre de la independencia tanzana, sino también a un hombre incorruptible, a un personaje excepcional, a un líder épico.

 

Ministerio diplomático

El camino a Arusha demanda unas cuatro horas al volante desde Nairobi, si no lo obstruye algún percance o contrariedad. La población de la ciudad debe rondar el medio millón de habitantes y está ubicada al sureste del Lago Victoria, no alejada de la frontera con Kenia, del Serengueti y del Kilimanjaro. Ha alcanzado renombre en la región por su actividad turística y diplomática.

En dos ocasiones viajamos allá para gestionar asuntos de la Embajada, pero nos acompañaba también el interés de visitar a Julius Nyerere. La Providencia no lo permitió, lo consumía ya la enfermedad que acabó por vencerlo. Vivía en Arusha retirado del gobierno y otras actividades administrativas, aunque mantenía una agenda ocupada recibiendo cada día a compatriotas suyos que acudían a él en busca de guía, consejo o apoyo y de extranjeros interesados en conocer sus puntos de vista sobre el futuro de Tanzania o las perspectivas de África.

Hacía tiempo que los tanzanos lo veneraban y lo llamaban Mualimu (Mwalimu: maestro, sabia figura paternal). La fama de su carácter y nobleza rebasaba ya las fronteras tanzanas. México vivía entonces circunstancias diferentes a las que lo agobian hoy y lo reconoció otorgándole la condecoración de El Águila Azteca.

 

Nyerere encabezaba el gobierno de su país en 1962, recién independizada Tanzania, cuando Nelson Mandela lo visitó. Uno de los biógrafos de Mandela relata que los dos líderes discreparon en su visión de los problemas africanos. No podía ser de otra manera si Nyerere mantenía un pie en el cielo y el otro en la tierra, en tanto que Mandela jamás perdía el contacto con las realidades que pisaba. Con todo, el líder sudafricano quedó prendado de la modestia y la sencillez de aquel maestro rural quien al renunciar a la presidencia de su país, veintitrés años después de su asunción, continuaba tan pobre como al comenzarla.

 

En su madurez, sin abdicar de sus convicciones, admitió que su proyecto agrícola para el país era errado y con la misma honestidad renunció al poder que había ejercido como presidente de Tanzania por casi un cuarto de siglo. La gratitud y el cariño de la población tanzana siguen vigentes.

En representación de México asistimos a sus funerales. El país entero se volcó a honrar a ese hombre cuya modestia y sencillez sólo eran opacadas por la fuerza de su carácter. Se le rindió tributo en el estadio de fútbol de Dar es Salaam, antigua capital y la mayor ciudad del país. Acudieron a despedirlo enviados de todos los continentes, así como personalidades mundiales. El estadio estaba a reventar.

Nyerere fue el libertador de su país, presidente de la República Unida de Tanzania por más de dos décadas, figura entre los grandes luchadores contra el colonialismo del siglo pasado, lo mismo que entre las eminencias de África. En una época y un continente no exentos de excesos y crueldades, este hombre magro, de baja estatura y sonrisa recurrente estaba obsesionado con educar a la población de su país y enseñarla a respetar las leyes.

 

Biografía africana

Tanzania acoge a un centenar de grupos étnicos. Nyerere provenía de la tribu Zanaki, asentada al suroeste del Lago Victoria. No alejadas de esa región se extienden las planicies del Serengueti, uno de los mayores parques naturales africanos, así como el Monte Kilimanjaro, al que Hemingway dio fama mundial con su cuento Las nieves del Kilimanjaro y años después la película del mismo nombre, con la actuación de Gregory Peck, Ava Gardner y Susan Hayward.

 

Burito Nyerere, su padre, tenía 61 años cuando se casó con Mugaya, su madre, de 15. Nyerere en Zanaki significa oruga. Julius nació el 13 de abril de 1922. Los alemanes, primeros colonizadores europeos de Tangañica, establecieron algunas formas de gobierno y nombraron “jefe” a Burito en la comunidad de Butamia.

Educado con cuidadosos principios religiosos, heredó mucho del carácter de su padre, pero fue su madre quien le inculcó hábitos y modales. De su cuñada, esposa de Edward, su medio hermano mayor, recibió también importantes influencias. A los 12 años fue internado en Mwisenge School, a unas treinta millas del Lago Victoria. Allí aprendió inglés, suajili, cocina y tomó clases de religión.

 

Ingresó en Tabora a una escuela de la élite británica, donde se acercó más al cristianismo. Permaneció seis años allí luego de tres en Mwisenge. De Tabora pasó a Makerere College, en Uganda, para estudiar la carrera de docente. Makerere fue por mucho tiempo un centro de estudios con gran reputación en África del Este.

Convertido al catolicismo, fue bautizado en 1943 con el nombre de Julius. Dos años después acababa la Segunda Guerra Mundial y él obtenía su diploma de maestro. Comenzó a trabajar como docente impartiendo las materias de historia y biología en St. Mary College, una secundaria católica de Tabora, donde se politizó.

En abril de 1949 una beca le permitió viajar a Inglaterra y en octubre ingresar a la Universidad de Edimburgo. John Hatch, autor de una biografía de Nyerere –que se ha aprovechado en la presente nota- fue su maestro en aquella universidad, donde obtuvo el grado de Maestría, en 1952.

De regreso en Tangañica –nombre de Tanzania antes de la unión con Zanzíbar- se casó con María Gabriel, en enero de 1953. Comenzó a trabajar en una escuela en Pugu y a hacer vida de casado, pero pronto lo envolvió la política. En abril del mismo año lo eligieron presidente de la TAA (Asociación Africana de Tangañica). Creó allí lo que serían sus lazos y amistades de la política: Amir Jamal, un educado empresario de origen asiático; Denis Phombeah, un experimentado administrador; Oskar Kambona, maestro; y Rashidi Kawawa, trabajador social.

 

En algún momento Nyerere confió a Hatch, su maestro y biógrafo, que al terminar la presidencia confiaba en dedicarse a la contemplación, a la escritura y la reflexión. Tradujo al suajili el Julio César de Shakespeare y es el autor de la Declaración de Arusha, un texto que adquirió gran popularidad y contiene no más que la filosofía del autor sobre el desarrollo de Tanzania.

Murió el 14 de octubre de 1999, hace veinte años, de leucemia.

 

La independencia

Se alejaba el fin de la Segunda Guerra Mundial y en África crecían los anhelos independentistas y las tensiones raciales. En Edimburgo, más que participar en política u otros movimientos Nyerere había reflexionado sobre el problema racial. A diferencia de Kenia y Uganda, donde dominaba el tribalismo (kikuyu y baganda respectivamente), en Tangañica no existía esa limitación ni tampoco representaba problema la población de los settlers (los colonizadores europeos y sus descendientes, asentados de modo permanente en las antiguas colonias).

La propuesta para la constitución de una federación entre Uganda, Kenia y Tangañica no prosperó en parte porque Tangañica y Uganda desconfiaban de Kenia dado el volumen considerable de colonos y de Asians (los hindúes y otros asiáticos de la región, establecidos en la costa oriental africana) que acoge.

 

De las costumbres tribales Nyerere aprendió una serie de principios. Uno de ellos fue que la primera obligación del jefe o líder es atender a la población, cuyo bienestar social surge de la cooperación y no de la competencia. En 1954, bajo su liderazgo, la TAA se transformó en la Tangañica African National Union (TANU: Unión Nacional Africana de Tangañica), de la que Nyerere, de 32 años, fue electo presidente. No obstante su carácter tímido y modesto, su activismo lo fue transformando poco a poco en héroe popular.

Los anhelos independentistas se manifestaban por todos los rumbos de África. Lumumba en el Congo, Kaunda en Zambia, Krumah en Ghana, Kenyatta en Kenia, Sedar Senghor en Senegal y otros líderes se afanaban en poner fin al colonialismo. Una Misión de la ONU de visita en Tanzania planteó considerar la independencia del país. Al gobernador inglés, Richard Turnbull, la propuesta le causó indignación en tanto que Nyerere se regocijó.

Cuando el tema llegó al Consejo de Administración Fiduciaria de las Naciones Unidas aquel africano menudo y reservado conquistó al auditorio con su argumentación y su sencillez. Su posición sobre el dilema racial se resolvía sin dificultades: quienes habitan en África son africanos independientemente de su raza u origen nacional.

 

En 1957 Ghana obtiene la independencia generando grandes expectativas en el resto de África. Pero a Tangañica le faltaba tiempo. No era estratégicamente importante y sí un país pobre, con pocos colonos y sin grandes haberes. Por lo demás, Nyerere nunca creyó que la independencia curaría todos los males de la sociedad tanzana. Tangañica era pobre y tras la independencia lo seguiría siendo. No en balde en sus conversaciones y negociaciones preveía el establecimiento de un “gobierno responsable” antes de la independencia.

 

En las elecciones de 1960 TANU ganó casi todos los asientos y Nyerere fue designado Primer Ministro. El 9 de diciembre de 1961 Tangañica obtuvo la independencia del dominio británico. La isla de Zanzíbar –sometida al poderío árabe del Índico por largo tiempo- obtuvo la propia en 1963 y al año siguiente se unió con Tangañica, formando la República Unida de Tanzania.

Nyerere escribió un hondo ensayo, Ujamaa (familia), que contiene su visión de los fundamentos sobre los cuales debería desarrollarse el socialismo africano, un socialismo esencialmente distributivo. También escribió textos en los que establece posicionamientos (para decirlo en lenguaje actual) sobre el Commonwealth y Sudáfrica, sobre el racismo y la dignidad humana. Nyerere promovía el panafricanismo al tiempo que pugnaba por el establecimiento no de una sociedad multirracial, sino de una no racial.

Al dejar la gubernatura Tunrbull, Nyerere se convirtió en Presidente. En 1965 celebraron las primeras elecciones en el marco de una Constitución unipartidista, en las que Nyerere fue electo presidente por segunda vez. Eso le permitió deshacerse de la oligarquía burocrática y dar cabida en el gobierno a gente nueva. Pero la economía, básicamente agrícola de sus comunas, comenzaba a mostrar cuarteaduras.

De gira en el país, en las faldas de Kilimanjaro, tras debatir con los locales, el 5 de febrero de 1967 publicó la famosa Declaración de Arusha: la Hoja de ruta para el desarrollo socio económico del país. En dicho documento privilegia la agricultura –como lo hizo siempre- sobre la industria, e introduce un sistema de colectivización en el campo, que en la práctica fracasó.

 

Varios libertadores africanos establecieron sistemas políticos autocráticos. Aunque menos contundente, Nyerere no fue la excepción. Hacia 1973 era ya un convencido socialista y en política exterior un combatiente por la liberación de los pueblos y por la paz y el desarme mundial. Su rechazo al armamentismo era similar a su repudio al dinero, la avaricia y el marxismo leninismo. Tanzania formaba parte de los países de la Línea del frente contra Sudáfrica y abiertamente apoyaba al FRELIMO, la guerrilla mozambiqueña.

En un hecho inusitado, en un gesto que desconoce el caudillaje de todos los continentes –el latinoamericano en particular-, Nyerere se retiró de la política activa luego de las elecciones nacionales de 1985. No le alcanzó la vida para ver el nuevo milenio. Pero la historia le reservó un final inesperado: la Iglesia católica anunció en 2005 el inicio de los trámites para su canonización.

 

CDMX, marzo de 2019

 

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