IX. NUEVA FORMULACIÓN DE LA POLÍTICA EXTERIOR DE MÉXICO

En el caso de México y desde luego en el de los demás países, cada gobierno debe formular o diseñar en términos claros y precisos sus propuestas en materia de política exterior, de acuerdo con las atribuciones que le concede la Carta Magna. El proyecto de formulación debe contar con Bases, Principios y Objetivos o Metas;[1] los cuales quedarán plasmados en el Plan Nacional de Desarrollo.

LA HISTORIA. Para el logro del diseño a que se hace referencia, se deben tener muy presentes los antecedentes históricos, tomando en cuenta nuestro pasado prehispánico (la diversidad étnica y lingüística) y además, la evolución que en distintas etapas ha vivido el pueblo mexicano: Virreinato Español, Independencia, Reforma, Consolidación de la República, Revolución (1910-1920), hasta nuestro días; así como acontecimientos notables (positivos, o negativos) y aspectos importantes, como la Conciencia Nacional basada a su vez en nuestra cultura.

ASPECTOS GOEGRÁFICOS. Las bases relacionadas con la geografía deben considerar en primer lugar el tamaño del territorio nacional, ampliado a las áreas marítimas e insulares; su ubicación geográfica que determina los límites fronterizos al norte con los Estados Unidos, al sur con Guatemala y Belize[2] y al sureste, nuestra tercera frontera con el Mar Caribe y los países que forman esa región. El hecho de contar con más de 10 mil kilómetros de litorales, obliga al diseño de políticas sobre el uso responsable de los recursos vivos y no vivos de esos lugares; así como de la superficie marítima que nos corresponde de acuerdo con el derecho internacional, en las modalidades de mar territorial, plataforma continental, zona económica exclusiva-mar patrimonial. El derecho de los ríos internacionales reclama también estar atentos para garantizar el cumplimiento de los acuerdos en vigor, entre otros asuntos.

La ubicación geográfica conlleva también a padecer los embates de las tormentas tropicales y huracanes que se forman casi siempre al sur y que varios terminan afectando las costas mexicanas en ambos océanos y otras poblaciones del interior. La actualización de políticas nacionales y de cooperación internacional en materia de desastres, será de utilidad. Asimismo, queriendo garantizar el derecho de “paso inocente” a las embarcaciones de países amigos, se deben adoptar políticas de control y vigilancia en contra de depredadores de los recursos naturales (barcos pesqueros y otros); así como a contrabandistas, especialmente a los traficantes de drogas y de personas. Todo ello sin olvidar el espacio aéreo, el cual es muy transitado de norte a sur y viceversa.

bases económicas. Estas determinan las políticas que se llevarán a cabo relacionadas con la exploración, explotación, comercialización y distribución de las ganancias, de recursos naturales minerales como el petróleo, plata, cobre, oro, uranio, etc. No es menos importante la transformación de la materia prima en productos industrializados. El hecho de considerarnos un país ganadero, agrícola, industrial, pesquero, obliga al diseño de políticas públicas que impulsen dichas actividades; así como también se debe revisar la inserción de las mismas en el ámbito internacional, buscando en los foros mundiales la defensa de las condiciones de vida de quienes se ocupan en tales actividades y en aspectos como producción, precios y condiciones para la exportación.

En la economía es de primordial importancia la población con que se cuenta, su grado de escolaridad, capacitación, educación; así como sus expectativas de vida, incluyendo de manera destacada el contar con trabajo bien remunerado, atención médica, educación para él y su familia y medios adicionales para el resto de las necesidades diarias, incluida la del esparcimiento (El Derecho al Trabajo).[3] Podemos asegurar que somos un país rico en población (México se ubica entre los 11 países más poblados del mundo), de acuerdo con cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), para el censo intermedio de 2015 contábamos con cerca de 20 millones de habitantes;[4] aunque de acuerdo con el crecimiento poblacional podemos calcular que en la actualidad pasamos de 124 millones, con una densidad de población de 61 habitantes por kilómetro cuadrado. Otras fuentes publican cifras más elevadas que las del INEGI, como un estudio aparecido en el diario mexicano El Economista, que afirma que en 2017 había 123.5 millones de mexicanos residentes.[5] Dicha población representa el capital humano, para el cual los dirigentes nacionales deben trabajar, con el propósito de lograr dotarla de todo lo necesario para llevar una vida digna, con esperanzas verdaderas de lograr sus metas y aspiraciones, tanto individuales, como familiares y sociales.

En el capítulo económico se insertan otros aspectos, como el sistema nacional de telecomunicaciones, que incluye la red satelital y las posibilidades de conectividad para internet, ondas de radio y televisión y otros avances tecnológicos. Los transportes, tomando en cuenta la red de carreteras, aeropuertos y puertos marítimos; así como la infraestructura que permite el desarrollo de la actividad económica y la integración nacional hasta la fecha incipiente u olvidada, pues los proyectos del sureste se quedaron para la posteridad. Ojalá el próximo gobierno adoptara como una prioridad las distintas opciones que existen para homologar el nivel de vida de la población de todo el país.

LOS PRINCIPIOS. En la literatura académica y de los medios de comunicación se ha estado insistiendo que el asunto de los principios de la política exterior de México, es algo de la historia, del pasado, que son obsoletos y que debe de actuarse con un pensamiento globalizador, universal. Dicha tendencia simplista omite señalar que los principios consagrados en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, son de alcance universal y que no tienen fecha de caducidad.

Cada uno de los principios contenidos en el Art. 89 de nuestra Carta Magna, tienen un desarrollo histórico que sería muy extenso para describir, baste con decir que primero se tuvieron experiencias reales sobre acciones de países poderosos que intervinieron (y siguen interviniendo) en México y en muchos otros países en sus asuntos internos; lo han hecho de diferentes maneras y con diversos objetivos: invasiones territoriales, derrocamiento de gobiernos, imposición de gobernantes y muchas otras acciones que han sido sujetas de la crítica internacional y de la creación de consensos en el sentido de prohibirlas. Existen muchas justificaciones para insistir en que la No-Intervención y la Autodeterminación, deben estar presentes en las relaciones internacionales. Tales principios fueron adoptados en distintas convenciones y recogidas en la Carta de las Naciones Unidas.

Seguidamente podríamos preguntarnos ¿Quién no quiere la Solución Pacífica de los Conflictos? La respuesta es sencilla: Las grandes potencias armamentistas que promueven lo contrario, como parte de sus grandes negocios. Consecuentemente, se deben oponer al principio de la Proscripción de la Amenaza o el Uso de la Fuerza en las Relaciones Internacionales; así como a la Igualdad Jurídica de los Estados y, Lucha por la Paz y la Seguridad Internacionales. (No podemos olvidar que la humanidad ha sido rehén de las potencias nucleares, que constantemente amenazan con su posible empleo y que se oponen a que nuevos Estados las posean).

Por su evolución histórica y su situación económica que sitúa a México como un país en vías desarrollo, se buscado negociar con los países amigos una serie de acuerdo, convenios y programas de acción para estimular o impulsar la Cooperación Internacional para el Desarrollo; así como el Respeto, la Protección y Promoción de los Derechos Humanos.

Cuando un gobierno afirma y confirma con los hechos que los principios antes enunciados han caducado, lo hace por ignorancia de nuestra historia, o lo hace por conveniencia, al aliarse a esas potencias que no tienen ningún escrúpulo en bombardear países, en destruir ciudades y asesinar a personas, bajo sus retorcidos argumentos. Y los gobiernos que no promueven la fuerza del derecho, pueden verse en la mira de esos depredadores de la humanidad.

OBJETIVOS Y METAS. Todo lo anterior debe servir de guía a la hora de formular el capítulo de política exterior, para insertarlo en el Plan Nacional de Desarrollo (O Plan Sexenal). Además de dichos lineamientos, se debe ir a acciones concretas, que persigan una meta de beneficio para México.

Se debe tener muy claro cuál es el objetivo de las relaciones en el ámbito de América del Norte, como conjunto y en las relaciones bilaterales con Canadá y con los Estados Unidos. En esta parte se incluye lo relativo al Tratado (Acuerdo) de Libre Comercio, en el cual se debe insistir e tratar lo relativo a los trabajadores migratorios; la producción, comercialización y contrabando de armas que tengan como destino nuestro país. Si las condiciones lo permitieran proponer un programa a mediano y largo plazo, para desaparecer las asimetrías económicas, tecnológicas y de condiciones de vida en la población. Similares acciones deberían de llevarse a cabo con nuestros vecinos de Centroamérica, buscando que en cada uno de los países se creen los empleos necesarios, bien remunerados para que sus habitantes no tengan que ir al norte en su búsqueda.

En el ámbito estricto de las relaciones bilaterales, México debe ampliar significativamente su presencia en África y Asia, para lo cual se requiere aumentar el número de representaciones diplomáticas y sobre todo, el personal a cargo de las mismas. El Servicio Exterior Mexicano de carrera ha demostrado vocación de servicio y de sacrificio cuando es requerido, pero en algunos casos la carga de trabajo puede llegar a ser extenuante y los resultados pueden ser no los deseables; por ello se requiere reforzarlos y estimularlos profesionalmente.

Además de lo anterior, la política exterior debe diseñarse tomando en cuenta los factores descritos al inicio y de acuerdo con las metas u objetivos por alcanzar durante el periodo presidencial, tomar en cuenta la capacidad de representación: número de embajadas, consulados, representaciones permanentes ante organismos internacionales y como antes se dice, el número de profesionales miembros del Servicio Exterior Mexicano. Asimismo, un presupuesto destinado a la creación de materiales expresamente dirigidos a los nacionales de otros países, que muestren los valores culturales, económicos y humanos con que contamos en México. Estos recursos deben ser de alto impacto, con enfoques específicos para la población que se pretenda sensibilizar.

Otra región que debemos “recuperar” es América Latina, con un espíritu bondadoso, pero a la vez realista; que otorgue, pero que también reciba; que se replanteen unas relaciones basadas en la reciprocidad, en el beneficio mutuo. Las amistades compradas no son duraderas y los votos a cambio de bienes materiales tampoco nos aseguran logros permanentes en los organismos internacionales, ni lealtades en lo bilateral.

En el marco de una competencia comercial descarnada, debemos moderar a los inversionistas y empresarios mexicanos, para evitar que actúen como tantas transnacionales que llegan al saqueo de las riquezas de países que necesitan de sus capitales y tecnología. De esa manera podremos construir una amistad fuerte y duradera con cada uno de los países latinoamericanos y la fortaleza o presencia regional, llegará por añadidura.

A grandes rasgos estas son algunas sugerencias, propuestas o ideas que requieren de un proceso de depuración, de enriquecimiento y de ser llevadas hasta la parte donde se hable de acciones concretas; donde se analicen los recursos necesarios para llevarlas a cabo y concluir si se puede contar con la aceptación de las otras partes, o si se debe “sembrar” para en un futuro cosechar.

Para los propósitos antes descritos, se debe recurrir a especialistas de distintas disciplinas del saber, a la academia, a los legisladores, medios de comunicación-opinión pública; así como a ONG´s y colegios profesionales.


  1. Las Bases generales de la política exterior son la historia, la geografía y la economía.
  2. Escritura en idioma vernáculo de dicho país
  3. El embajador Leandro Arellano escribió: “Las causas del atraso hay que buscarlas, pues, en otra parte. La desigualdad continúa siendo la mayor falla del país. De 1946 a 1982 México creció a una tasa promedio de 6.6%. Pero lo cierto es que las autoridades mexicanas se atuvieron sistemáticamente a que Estados Unidos absorbiera la mano de obra mexicana sobrante, una de cuyas consecuencias emerge hoy como bandera de rechazo a México por parte de Estados Unidos, con una adición: al rechazo han agregado injurias, racismo y altanería. Bien que nuestra dependencia económica de Estados Unidos es un fenómeno histórico, esa dependencia no tiene que ser excesiva ni intolerable. Eso depende de México, y México no debe ser complaciente. ¿Qué política exterior puede asumir?” Visto en www.diplomaticosescritores.org artículo titulado “El Saltador del Muro”, 1º de junio de 2018.
  4. Se recuerda que los censos nacionales de población se realizan cada 10 años y a la mitad de dicho periodo se realiza un conteo aproximado. En el 2015 la cifra publicada fue de 119, 530, 753 habitantes. Visto en: http://cuentame.inegi.org.mx/poblacion/habitantes.aspx?tema=P
  5. Visto en: El Economista, 10 de julio de 2017.

    https://www.eleconomista.com.mx/politica/Mexico-cuenta-con-123.5-millones-de-habitantes-20170710-0116.html

 

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