VI. LA DIPLOMACIA CIENTÍFICA: EL MOMENTO DE MÉXICO

Hacer que la ciencia, la tecnología y la innovación tomen el papel que les
corresponde para que el conocimiento se convierta en base y motor de
nuestro desarrollo es una tarea compleja que requiere el concurso y
la voluntad de una gran cantidad de actores muy diversos.
Otros países nos llevan la delantera y no sabemos qué oportunidades
nos abrirá el futuro. Estamos por tanto ante la responsabilidad
histórica de hacerlo bien y ahora.

Enrique Peña Nieto


La diplomacia científica es un recurso que se encuentra a la disposición de
los sujetos de las relaciones internacionales para promover la ciencia, la tecnología y
el conocimiento innovador, que incluye el despliegue de personal científico
y diplomático de carrera, y la incorporación de estas materias en el ejercicio
de la política exterior o de las actividades internacionales.

Loren Cruz Sandoval

El desarrollo de la ciencia, la tecnología y la innovación (CTI) en México generalmente es un asunto velado en relación con otros asuntos de interés nacional, sin embargo hechos recientes constatan que es un tema singular que amerita mayor análisis e involucramiento. Suficiente referir la elección de México como invitado de honor en la Hannover Messe 2018, la mayor feria de tecnología industrial del mundo, donde más de un centenar de entidades, instituciones y empresas nacionales difundirán sus fortalezas en materia de industria 4.0, energía y tecnologías medio-ambientales, capital humano y manufactura de alta tecnología. Igualmente, el Talent Land, evento realizado recientemente en Guadalajara que vincula a gobierno, academia y empresas con jóvenes mexicanos a fin de crear espacios de innovación, emprendimiento, talento y tecnología; su objetivo es impulsar proyectos tecnológicos enfocados a resolver problemáticas de energía, agricultura, salud, educación y pobreza. Además de destacar el reconocimiento otorgado en años recientes a científicas mexicanas, tanto en el rubro de científicas excepcionales como en el de talentos emergentes, en el marco del Premio L’Oréal-UNESCO “La Mujer y la Ciencia”.

Estos acontecimientos confirman que no obstante las limitaciones y el pausado fortalecimiento de la CIT que destacan informes y noticias -gasto nacional en CTI, becas de posgrado, número de investigadores, artículos en publicaciones reconocidas, infraestructura científica y tecnológica, producción de bienes de alta tecnología, número de patentes- nuestro país cuenta con una herramienta fundamental para fortalecer tales ámbitos y posicionarse internacionalmente recurriendo a una herramienta utilizada por otras naciones desde años atrás: la diplomacia científica.

  1. Hitos históricos y conceptuales

La diplomacia científica es añeja y encuentra su raigambre en las estrategias de reconstrucción de los países europeos después de la segunda guerra mundial, no obstante su consolidación la encontramos durante la guerra fría en un ámbito de cooperación específico: la investigación nuclear. Posteriormente su desarrollo fue a la par del creciente número de actores y temas en la diplomacia tradicional, lo cual ha motivado nuevas variantes de relación entre los países.

En época más reciente, el Reporte de la Ciencia (Science Report) 2010, de la UNESCO, subrayó la rapidez con la cual el mundo adopta estrategias de crecimiento económico y de desarrollo sustentable basadas en el uso de la ciencia, la tecnología y la innovación. Como aspecto sustantivo, el documento describió un escenario en el cual nuevos países se estaban integrando a la carrera del desarrollo de políticas tecnológicas y científicas para mejorar sus investigaciones académicas y la innovación, ello con el objetivo de mejorar su competitividad, resaltar el prestigio de su “marca país” y reafirmar sus lazos con otros países a través de estos mecanismos.

Como parte de esta tendencia, cada vez fue más común referir una figura reformada de diplomacia para impulsar esos objetivos, así como incluir personal científico en sus estructuras para impulsar su crecimiento con ayuda exterior. Comenzó así a extenderse la denominación de diplomacia científica, que grosso modo refiere el uso y la aplicación de la ciencia con fines de vinculación entre sociedades y con un particular interés en aquellas áreas de la relación que tienen un menor número de mecanismos de cooperación establecidos a nivel oficial.

En su connotación más amplia, la diplomacia científica cuenta con tres pilares:

  1. Ciencia en la diplomacia (science in diplomacy), aspecto que rescata el papel de la ciencia para proporcionar datos veraces y un acervo de información que sirva de sustento a los formuladores de política exterior.
  2. Ciencia para la diplomacia (science for diplomacy), que es una herramienta de “poder blando” para moldear los diálogos internacionales y establecer nuevos canales de comunicación entre países. Su objetivo es promover los propios logros en investigación y desarrollo a fin de aumentar el atractivo para la comunidad científica extranjera y el prestigio en el ámbito internacional.
  3. Diplomacia para la ciencia (diplomacy for science), que involucra los esfuerzos gubernamentales para incentivar la participación de diferentes actores en el desarrollo de la ciencia, la tecnología y la implementación de estos conocimientos en la innovación. Al respecto, destacan los esfuerzos de los gobiernos para atraer a científicos y tecnólogos con mayor experiencia a fin de desarrollar diferentes proyectos al interior de sus países.

De manera general, y en un nivel estructural, esas tres vertientes definen la nueva ola de diplomacia científica en el mundo, aunque cada actor tiene sus diferentes estrategias que involucran más a ciertos pilares que a otros, todo en función de sus objetivos.

Si bien el fomento al desarrollo del conocimiento científico, a la creación de nuevas tecnologías y el fomento de las ideas innovadoras se vinculan mayormente con la gestión gubernamental, tanto los organismos internacionales como las organizaciones no gubernamentales y centros de investigación se han sumado también a esta tendencia internacional  Así, actualmente el número y variedad de actores en CTI con actividades de dimensión internacional se ha incrementado exponencialmente al incorporarse un mayor número de empresas, fundaciones y organizaciones civiles.

Como es un tema que repercute mayormente en los Ministerios u oficinas del exterior, desde hace años se han convertido en objeto de estudio tanto respecto a la identificación de buenas prácticas como a la reestructuración operativa a fin de impulsar sus agendas nacionales. Sin excepción, en todos estos ajustes, las nuevas tecnologías de información han desempeñado un papel fundamental, ya que determinan el cambio de velocidad a través del cual el conocimiento se genera, se aplica y, por consiguiente, se transforma.

  1. Variantes de la diplomacia científica

A partir del camino que han recorrido en esta variante diplomática, resulta natural que la vanguardia en cuanto a modalidades y estilos la determinen los países desarrollados, así como aquellos que la han insertado como una herramienta de su política exterior. Las principales manifestaciones en el momento actual incluyen, entre otras variantes, ajustes en la estructura interior de los ministerios de asuntos exteriores, la apertura de oficinas en el exterior, el envío de personalidades con perfiles afines a estos puestos y el contacto permanente con sus propias comunidades de investigadores radicando en el exterior. Todo ello teniendo como objetivos fundamentales el posicionar internacionalmente a sus economías y mantener su competitividad global.

Lo más visible en países como Estados Unidos, Reino Unido, Japón y Nueva Zelanda es el establecimiento de  la figura de un asesor científico en sus respectivas cancillerías. Variantes adicionales incluyen la integración de consejeros científicos que son enviados al exterior a fin de identificar a los mejores científicos mundiales para realizar colaboraciones conjuntas y, al mismo tiempo, promover la internacionalización de la innovación. En época reciente presenciamos incluso nombramientos de Embajadores Tecnológicos (Tech Ambassador) en ciudades con notable actividad en ese rubro, como sucede con Dinamarca que asignó recientemente un representante en Silicon Valley para fortalecer sus vínculos con las empresas ahí establecidas, lo cual forma parte de lo que denomina Techplomacy Initiative,  ejecutada con el envío de representantes similares a Nueva Delhi, Seúl y Shanghái.

En el terreno de la singularidad encontramos que en los Estados Unidos existe un nutrido grupo de consejeros científicos al interior del Departamento de Estado. Por su parte, la asociación Americana para el Avance de la Ciencia (AAAS), en coordinación con el Departamento de Estado, desarrolla un programa de becas dirigido a la formación de científicos en materia de política científica y tecnología en la administración pública de ese país. Dentro de su estrategia también destaca el fomento de la participación de organizaciones públicas y privadas en áreas de la CTI.

Reino Unido ha desarrollado una política de apertura en este tema desde varios años, contrario a lo que fue su prioridad en el pasado: mantener su estrategia de diplomacia científica con Estados Unidos, Japón y miembros de la Unión Europea. Así, a fin de dar continuidad y fortalecer sus proyectos de investigación y desarrollo nacional, amplió su abanico de aliados estratégicos recurriendo a mecanismos como: el fortalecimiento de su red de agencias estatales de investigación para apoyar a universidades y centros de excelencia en todo el mundo; la ampliación de su red de ciencia e innovación (Science and Innovation Network) para colaborar con comunidades científicas de otros países o ciudades; la continuidad del Fondo Newton (Newton Found) para becas, proyectos y ayudas para la transferencia del conocimiento y colaboraciones científicas con otros países en desarrollo; el incremento del Global Challenge Research Found, para colaboraciones científicas internacionales incluidas en estrategias más amplias de cooperación para el desarrollo.

En el caso de Alemania, su estrategia en el campo de la diplomacia científica tiene como manifestaciones exitosas: la construcción Casas de Ciencia en otros países para dar a conocer sus singularidades en innovación y ciencia; la colaboración transversal entre ministerios para fomentar la internacionalización de la ciencia y la identificación de clústeres para brindar asesoría especializada; el financiamiento de proyectos de investigación internacionales o establecimiento de agencias para el intercambio académico a fin de subvencionar investigadores en el mundo.

La estrategia de Japón se sustenta en lineamientos para el desarrollo de estrategias diplomáticas a mediano y largo plazo. Sus objetivos en este ámbito son mantener una posición económica competitiva a nivel internacional y mantener su influencia a nivel regional o mundial, para lo cual el Ministerio de Asuntos Exteriores ha posicionado a oficiales especializados en CTI en más de 20 de sus representaciones diplomáticas, ha firmado múltiples tratados para afianzar su cooperación bilateral en temas específicos y ha establecido acuerdos de intercambio académico en materia científica-tecnológica.

Considerado por estudiosos del tema como el mejor modelo de redes y estructuras para ejercer la diplomacia científica en el mundo, Francia sustenta su estrategia en su Ministerio de Asuntos Exteriores, que desarrolla políticas para promover el “crecimiento inteligente” a través de la ciencia con el fin de internacionalizar las investigaciones francesas; reforzar el atractivo académico francés en estas áreas del conocimiento para los investigadores y estudiantes; mejorar o mantener relaciones con otros países, y asegurar el acceso de Francia a los instrumentos más destacados en estas materias. Para todo ello, ha recurrido a una reestructuración interior, creando el Departamento de Asuntos Globales, que incluye una oficina de políticas de movilidad y atracción, que administra una red de consejeros, agregados de ciencia, voluntarios y técnicos que están distribuidos por todo el mundo a través de sus representaciones diplomáticas. Adicionalmente, en 2009 estableció la Dirección General de la Mundialización, la Cultura, la Enseñanza y el Desarrollo Internacional, convirtiéndola en la pieza fundamental del engranaje interior del Ministerio a través de la vinculación de las redes culturales y científicas mediante foros con organismos internacionales, empresas y organizaciones civiles.

  1. Elementos de una de diplomacia científica para México

Bruno Figueroa Fischer, embajador mexicano, identifica la primera acción gubernamental de colaboración científica de México en 1895, año en que suscribe con El Salvador un convenio para iniciar un intercambio de publicaciones científicas, mapas y planos topográficos. Desde entonces hasta la creación de la Agencia Mexicana de Cooperación Internacional (AMEXCID) en 2011 han sido múltiples las variantes a través de las cuales nuestro país se ha insertado en las vertientes de la CTI allende de nuestras fronteras, tanto como receptor, coadyuvante y oferente.

Si bien la Ley de Cooperación Internacional para el Desarrollo señala como atribución de la agencia “concertar, coordinar y estimular las acciones de cooperación internacional con las dependencias y entidades de la Administración Pública”, es importante destacar que en  el caso de la CIT, existe un sistema más amplio que comprende tanto actores como normas que deben ser consideradas en cualquier acción que involucre a la diplomacia científica.

Destaca en primer lugar la Ley de Ciencia y Tecnología (2015), que establece los mecanismos de coordinación de acciones entre las dependencias, entidades y otras instituciones que intervienen en la definición de políticas y programas en materia de desarrollo científico, tecnológico e innovación. Parte fundamental de esta ley es el establecimiento del Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación, que comprende: una política de estado, un programa especial, principios orientadores e instrumentos administrativos y económicos, así como la red nacional de grupos y centros de investigación y las actividades de investigación científica de las universidades e instituciones de educación superior.

En el mismo marco jurídico se establece como máximo órgano rector el Consejo Nacional de Investigación Científica, Desarrollo Tecnológico e Innovación, del cual forma parte la Secretaría de Relaciones Exteriores, además de otras secretarías de Estado, y actores estratégicos como el CONACYT, el Foro Consultivo Científico y Tecnológico, la Academia Mexicana de Ciencias, la Conferencia Nacional de Ciencia y Tecnología, el Sistema de Centros Públicos de Investigación y la ANUIES. La participación de la cancillería en esta instancia es importante ya que las labores que realiza la AMEXCID se vinculan y tienen repercusión en el programa establecido en 2014 por el Consejo con una visión de largo plazo y con actualizaciones trianuales.

Un acontecimiento adicional de gran trascendencia fue la creación, en abril de 2013, de la Coordinación de Ciencia, Tecnología e Innovación en la Oficina de la Presidencia, lo cual confirma la alta prioridad que se le ha brindado al tema durante el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto. La creación de esta unidad respondió a la necesidad de asegurar una coordinación entre todos los actores involucrados en este ámbito, así como para asegurar el logro de los objetivos establecidos en el Programa Especial de Ciencia Tecnología e Innovación  (PECiTI) 2014-2018.

Es este programa el referente fundamental en toda concepción de diplomacia científica que busque coadyuvar en el logro de los objetivos establecidos en los marcos jurídicos referidos, fortalecer los esfuerzos de actores cuya razón de existir es el sumar logros en estos temas y, sobre todo, sintonizar con estrategias desarrolladas por otros países desde hace varios años.

En su apartado de diagnóstico, el PECiTI destaca que “hasta el momento los esfuerzos que se han llevada a cabo en materia de cooperación internacional han sido de naturaleza dispersa. Por ello, se considera que al identificar a los socios estratégicos, los recursos destinados para ese fin serán aplicados de manera más eficaz y eficiente, con lo que se busca alcanzar el máximo potencial en los intercambios de conocimiento”. Posteriormente refiere como regiones y países que presentan para México oportunidades de cooperación internacional a los siguientes:

  1. Estados Unidos y Canadá, en América del Norte
  2. Argentina, Brasil, Chile y Colombia, en América del Sur
  3. Alemania, España, Francia y Reino Unido, en Europa
  4. China, Corea del Sur, India, Israel y Japón, en Asia

Tomando en consideración estas referencias y asumiendo como objetivo medular en toda estrategia de diplomacia científica el intercambio de conocimientos, recursos y experiencias para ampliar y profundizar la investigación científica, el desarrollo tecnológico, la formación de recursos humanos y la innovación, aprovechando las capacidades y potencialidades tanto propias como de otros países a fin de lograr superiores niveles de desarrollo humano y el tránsito de nuestro país hacia una economía basada en el conocimiento, se proponen acciones en las tres vertientes que componen esta modalidad diplomática.

  1. Ciencia en la diplomacia. Al respecto, como fue expuesto en una colaboración anterior (“Asesoría en Ciencia y Tecnología: herramienta necesaria de política exterior”, en : http://diplomaticosescritores.org/web/article/v-asesoria-ciencia-tecnologia-herramienta-necesaria-politica-exterior ) resulta apremiante que el titular de la Secretaría d Relaciones Exteriores cuente con una unidad de asesoría, un consejo asesor o, al menos, un asesor permanente en CTI. Es un aspecto medular en los temas de la agenda internacional contemporánea –de forma preponderante en los vinculados con el desarrollo sustentable- ya que, como lo exhibe esta experiencia en otras cancillerías, permite trascender de la decisión política característica de las cancillerías, hacia acciones o posturas con sustento metodológico y de conocimiento que coadyuvan tanto en el bienestar nacional como universal.

    Ante el entramado de aliados nacionales involucrados en los temas de CTI, sería pertinente invitar a científicos o investigadores del Consejo Consultivo de Ciencias o de la Academia Mexicana de Ciencias a realizar estadías de distinta duración en la cancillería. En el apartado “Alineación de las estrategias de los programas sectoriales 2013-2018 con las oportunidades estratégicas del PECiTI”, están establecidos los temas prioritarios a partir de los cuales se podrían identificar perfiles idóneos: Seguridad ciudadana y conectividad informática y desarrollo de las tecnologías de la información, en los casos de Estados Unidos y Canadá; aprovechamiento y protección de ecosistemas y de la biodiversidad; resiliencia frente a desastres naturales y tecnológicos, en el caso de organismos y programas multilaterales. Una lectura más amplia podría incluir asesoramiento sobre otros temas de la política exterior mexicana, planteados en acuerdos, programas o posiciones internacionales, tanto en proceso de diseño o en etapa de negociación.

  1. Ciencia para la diplomacia. En este ámbito, la labor fundamental recae en la AMEXCID ya que es la institución encargada de programar, promocionar y concertar las acciones y programas de cooperación internacional, tanto con otros países como con organismos multilaterales y otros actores internacionales. Al respecto, debe subrayarse su atribución de transferir, recibir e intercambiar recursos, bienes, conocimientos y experiencias educativas, culturales, técnicas, científicas, económicas y financieras. En ese sentido, aspectos como su presupuesto anual y su distribución en los rubros de la agencia, la posible fragmentación o duplicidad de esfuerzos, la concreción de su reglamento interno y la obligada actualización de sus recursos humanos respecto a las mejores prácticas de cooperación internacional, continúan siendo desafíos que la agencia afronta y a los cuales da respuesta día con día.

    Adicionalmente, es conveniente resaltar la estrategia de vinculación que desde hace varios años desarrolla el Instituto de los Mexicanos en el Exterior con la diáspora calificada, que según datos de CONACYT es de alrededor de 1.2 millones de mexicanos con educación terciaria, la mayoría en los Estados Unidos, aunque también con presencia en otros países. La Red Global MX Mexicanos calificados cuenta en la actualidad con más de seis mil integrantes agrupados en 58 capítulos de 28 países, lo cual es una gran paso para garantizar el contacto con las comunidades epistémicas, que según Peter Haas son redes de profesionales con reconocida experiencia y competencia sobre un particular tema, lo cual las convierte en referentes de las tendencias que derivan de esa área de conocimiento. Para potencializar el efecto de estos conglomerados en el avance de la CTI en México y contribuir consecuentemente al desarrollo nacional se han creado nodos en México a fin de aterrizar localmente los proyectos de los integrantes de la Red en conjunción con actores locales como universidades, gobiernos locales, empresas y sociedad civil.

  1. Diplomacia para la ciencia. Es el ámbito que ofrece mayor margen de acción ya que, tomando como referente acciones emprendidas por otros países, es viable considerar el envío de agregados en CTI a las regiones y los países que presentan para México oportunidades de cooperación internacional de acuerdo al PECiTI. Este propuesta, que podría incluir además a un asesor o una oficina encargada de dar seguimiento a estos temas en el círculo inmediato de decisión del titular de la cancillería, a fin de coordinar las actividades del personal diplomático adscrito en el exterior para realizar actividades en este ámbito.

    Estos actores podrían  provenir de alguna de las dependencias que conforman el Consejo Nacional de Investigación Científica, Desarrollo Tecnológico e Innovación y podrían adherirse al servicio exterior mexicano (SEM) en la misma modalidad que el personal asimilado de otras dependencias. Sus funciones serían específicas y acordes a las prioridades que se establezcan en el país u organismo al que sea adscrito por un tiempo determinado. Otra variante podría ser la capacitación del personal activo del SEM a fin de proveerles conocimiento y habilidades que les permitan desarrollar actividades en este ámbito. Esto implicaría el desarrollo de alguna estrategia por parte del Instituto Matías Romero y de instancias como el Consejo Consultivo de Ciencia y la Coordinación de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Oficina de la Presidencia a fin de lograr que en el desempeño de sus funciones tanto objetivos como medios sean armónicos con el PECiTI y con el programa de la AMEXCID.

La prioridad en el envío de estos diplomáticos -que en conjunto podrían ser hasta 20 en una primera etapa- fue identificada en los países considerados por el PECiTI como fundamentales para la cooperación internacional de México. La única omisión que habría que considerar es Rusia, país que con China, Estados Unidos, Japón y la Unión Europea, aglutinan a 3/4 partes de los investigadores de todo el mundo, de acuerdo con la UNESCO. Es decir una primera etapa de diplomacia científica deberá considerar que las comunidades epistémicas científicas se encuentran concentradas en esos actores y por ello serían las primeras adscripciones a considerar en cualquier estrategia que se establezca.

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