VII. LA CIENCIA ABIERTA: DEL BIEN COMÚN A LA ACCIÓN INTERNACIONAL

El cúmulo de referencias durante el trigésimo aniversario del nacimiento de la World Wide Web (WWW) o red informática mundial coincidieron en mencionar dos aspectos fundamentales de este sistema internacional de información y comunicación creado por Tim Berners-Lee en marzo de 1989: la creciente cantidad de datos que fluyen sin cesar a través del internet y la amplia variedad de usuarios que lo utilizan para los fines más diversos. En este marco ubicamos un ámbito que ha cobrado importancia tanto por su significado intrínseco, como por sus efectos en el bienestar de la humanidad y por lo tanto en la convivencia internacional: la Ciencia Abierta (Open Science).

Open Science no es un concepto nuevo, aunque sí su connotación y uso generalizado. Aunque se han usado otros términos, y todavía se usan, para referirse a la transformación de la práctica científica (Ciencia 2.0, e-Ciencia, entre otros), «Ciencia Abierta» es el más referido por sus principales actores, quienes la consideran como un “nuevo acercamiento al proceso científico basado en el trabajo cooperativo y las nuevas formas de difusión del conocimiento utilizando tecnologías digitales y nuevas herramientas colaborativas” (Comisión Europea, 2015). La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) la define como la forma de «hacer que los resultados primarios de los resultados de investigación financiados con fondos públicos – las publicaciones y los datos de investigación – sean accesibles al público en formato digital sin restricciones o con una restricción mínima»”.

Tomando en consideración estos parámetros es fundamental considerar a la Ciencia Abierta como un término sombrilla ya que conlleva varios aspectos enfocados a remover las barreras que permiten compartir todo tipo de resultados, fuentes, métodos o herramientas en cualquier nivel del proceso de investigación. Sus manifestaciones incluyen: acceso abierto a las publicaciones científicas y a los datos de investigación (aspecto con el que muchas veces se confunde el término de Open Science); software de código abierto (que permite a los usuarios estudiar, modificar y mejorar su diseño mediante la disponibilidad de un código fuente); colaboración y revisión de investigaciones entre pares; cuadernos de laboratorio y registros clínicos abiertos; blogs científicos; monografías y recursos educacionales abiertos; ciencia ciudadana y financiamiento participativo (crowfunding).

Más allá de su conceptualización y manifestaciones, la Ciencia Abierta tiene 4 objetivos fundamentales: 1) transparencia en la metodología experimental, la observación y la obtención de datos; 2) disponibilidad pública y reutilización de los datos científicos; 3) accesibilidad pública y trasparencia en la comunicación científica; 4) uso de herramientas web para facilitar la colaboración científica.

En un contexto más amplio la Ciencia Abierta incluye dimensiones basadas en valores como la equidad, la justicia y el beneficio colectivo, lo cual hace que las posturas nacionales y las prácticas internacionales resulten divergentes. Aunque hay comunión respecto a sus beneficios, siguen todavía pendientes de atender, entre otros, aspectos como los valores fundamentales detrás de la investigación, la forma cómo deben traducirse las buenas prácticas, así como las normas científicas que deberán prevalecer en una era digital.

Al respecto, es evidente que desde hace algunos años, tanto la comunidad internacional como los países en su interior, han asumido como desafío lograr un enfoque de consenso entre todos los agentes involucrados: investigadores, instituciones, responsables políticos, editores, empresas y la sociedad en general. Al mismo tiempo que avanzan tomando en consideración las acciones realizadas previamente y considerando las implicaciones que podrían tener en todo el ecosistema de investigación global.

Indiscutiblemente, vivimos en un mundo interconectado donde la difusión de información es prácticamente gratuita y donde las herramientas y servicios sociales proporcionan a los investigadores un poder incalculable en la generación de conocimiento y comunicación, sin embargo preguntas como: quién controla el flujo de cambio, cuáles son las implicaciones de estos cambios y cuáles son los roles fundamentales de la ciencia en nuestra sociedad moderna, siguen esperando respuestas.

Las academias y las editoriales, como organizaciones centrales, han irrumpido de forma lenta; las leyes de derechos de autor permanecen ancladas en un mundo pre-digital; la investigación aún se rige por las prácticas de contratación académica y la ideología de que la competencia y el crecimiento económico internacional son el objetivo final de la investigación.

A menudo, este fenómeno se denomina la «hegemonía» de la comunicación académica, lo que significa que a pesar de la innovación de la Web y las motivaciones sociales detrás de la ciencia abierta, gran parte del control sigue rodeado por un número cada vez más concentrado de actores clave, como las plataformas digitales Elsevier, Clarivate Analytics o Springer Nature.

Lo que podría marcar un nuevo rumbo al momento actual es el consenso y el establecimiento de puntos comunes de avance entre los actores fundamentales, todo ello a fin de asegurar un entorno donde la erudición sea un bien público y persista un conjunto de valores comunes y de estándares técnicos ad hoc a las nuevas circunstancias.

Si bien los esfuerzos nacionales puestos en marcha en los últimos años han logrado avances sustantivos (en México la política de Ciencia Abierta se estableció en 2017), es evidente la necesidad de una entidad más amplia que proporcione un marco para el desarrollo de una Ciencia Abierta global. En este ámbito, un ejemplo sobresaliente de trabajo conjunto exitoso se observa con OpenAIRE, red de 34 oficinas nacionales de Acceso Abierto de Europa enfocada en fortalecer el diálogo de Ciencia Abierta tanto en ese continente como en otras partes del mundo. Sin duda es un modelo comunitario estable y global que impulsa simultáneamente avances en todos los frentes (incluida la financiación).

En un contexto universal la ONU parece un candidato idóneo para formar y fusionar las iniciativas supranacionales existentes, con la ventaja adicional de que podría convertirse en un ente consultivo a nivel internacional. Los elementos de esto ya están comenzando a encajar, como el desarrollo de la Open Scholarship Initiative, Foundations for Open Scholarship Strategy Development, Joint Road Map for Open Science Tools, OCSDNet y Open Science MOOC. Sin embargo todas estas son solo piezas de un rompecabezas más grande en el cual la unificación de todas bajo la bandera de Ciencia Abierta como un bien humano luciría como la imagen definitiva.

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