VII. MÉXICO: TIEMPOS DE UNIFICACIÓN Y RESPONSABILIDAD

El objetivo principal de este análisis es llevar al lector a una profunda reflexión sobre los señalamientos que se realizan sobre el acontecer socio político del país pero, implícitamente, también se convierte en un llamado para que los mexicanos participen decididamente y contribuyan en bien del país.

Las percepciones negativas que se tienen de México en la actualidad, de ninguna manera obedecen a una campaña nacional o mundial en su contra; lo reproducido por los medios de comunicación nacional y la prensa extranjera sobre la extrema violencia, inseguridad e impunidad, entre otros males que aquejan a millones de mexicanos son parte de una gran verdad, no así las opiniones personales y comentarios internacionales que intentan “interpretar” la realidad mexicana.

Con el único propósito de centrar este análisis, es preciso recordar que, tras más de 200 años de Independencia y a más de 100 años de la Revolución, el desenvolvimiento pos revolucionario de las principales organizaciones políticas, sindicatos obreros, organizaciones campesinas, etc., que dieron fuerza y cuerpo a la lucha armada, se han ido convirtiendo en una rémora para el país desde el momento en que se transformaron en organizaciones clientelistas y corporativistas, por lo tanto, perdieron el principal objetivo de su creación: la defensa de los obreros, de los campesinos y de la población en general, a lo que se han ido sumando los desaciertos y las torpezas de la clase política y de los mandatarios pasados y presente.

Para muchos mexicanos y extranjeros, México es un país “…donde todo es posible y donde nada se altera, donde no pasa nada, donde todo queda igual…”[1], algo así como un país que vive en un surrealismo autóctono[2]; aunque día a día es golpeado por el hambre, la miseria, la desigualdad, el enriquecimiento ilícito, la corrupción, la impunidad, la narco violencia; situaciones a las que se suma una clase política que ya es poco útil a los mexicanos y a los intereses nacionales de México.

Un México que sigue siendo fuerte y vigoroso por la variedad de sus riquezas naturales y humanas, aunque grupúsculos políticos y empresariales persistan en derrochar sin sentido esos recursos y sojuzgar sin contemplación esa calidad humana y, todo lo anterior ante una población auto inmovilizada, con rasgos cada vez más crecientes de conformismo y de resignación, que parecía no tener ni memoria histórica, ni recursos para cambiar su propio futuro.

En esta visión general de México, es necesario reconocer que los problemas políticos, económicos y sociales no son actuales, por el contrario, son tan históricos que por lo mismo llevan a pensar que ha sido poco o nada lo que las diferentes administraciones han realizado para solucionarlos y que, desafortunadamente, iniciaron durante los más de 70 años ininterrumpidos del Partido Revolucionario Institucional (PRI), explotaron con mayor intensidad durante los 12 años de gobierno del Partido de Acción Nacional (PAN) y “reventaron” en la actual administración priista. En este sentido es necesario recordar la ostensible insensibilidad política demostrada con magnas celebraciones de los 200 años de Independencia y los 100 de la Revolución que, en lugar de servir para renovar el orgullo nacional del pasado glorioso, pareció tratar que la población olvidara el presente ominoso que vivía y vive el país, logrando solamente unificar la percepción de los mexicanos en el sentido de que no sólo le esperaba un futuro poco prometedor en cuanto a su nivel de vida sino, asimismo, que México tendía a una mayor profundización y polarización política y social como se puede apreciar con claridad en el presente.

Desde mi punto de vista, hace 200 años los mexicanos pusieron fin a una conquista que duró 300 años, pero no han logrado emanciparse completamente. Los mexicanos siguen siendo objeto de un vasallaje, proveniente de su propia clase política. Por otra parte, el apego irrestricto a una economía con características neoliberales -que a todas luces ya es inoperante- y su histórica dependencia estadounidense, continúan produciendo una gran vulnerabilidad a su interior y, por extensión, lo deja sumamente expuesto a recesiones financieras y económicas mundiales y a una mayor y peligrosa dependencia de los estadounidenses. La nueva etapa de conquistas que sufre México ahora se denomina a su interior “partidocracia” y en el ámbito mundial “globalización” y, recientemente, con las medidas adoptadas por el gobierno estadounidense “proteccionismo”, con todas las connotaciones que ello implica.

De igual manera, en México se continúa acelerando y deteriorando la desconfianza y la credibilidad hacia los poderes del Estado (Ejecutivo, Legislativo y Judicial); al igual que de los gobernantes federales, estatales y municipales, pero principalmente, de los políticos en general y de las organizaciones a las que pertenecen. México se fue convirtiendo en un botín que normalmente se disputaron sin sentido (con honrosas excepciones), corsarios disfrazados de políticos y mercenarios con semblanza de empresarios, soslayando unos y otros las urgentes necesidades de la población y del país, sin importarles que, en ese absurdo accionar, también iban destruyendo a la Nación.[3]

A manera de conclusión, se puede establecer que todos los factores señalados con anterioridad, incidieron definitivamente en la situación interna actual por la que atraviesa el país y, por ende, en la actual imagen de México. Así, en el ámbito político interno, de nada sirvieron los constantes llamados a la unidad que, en su momento hicieron o hacen los mandatarios en turno, si siempre han prevalecido el ocultamiento o la negación de hechos delictivos consumados en todos los ámbitos del quehacer mexicano y las promesas incumplidas de un México mejor. Por otra parte, es una realidad la descomposición de sus instituciones políticas y la carencia de una justicia pronta y expedita, elementos que definitivamente contribuyen a seguir socavando los cimientos de la democracia y que seguirán siendo territorio fértil para los poderosos grupos de narcotraficantes y el avance de la delincuencia organizada, sin olvidar la inmovilidad ciudadana para exigir sus derechos y cumplir con sus obligaciones.

En otras palabras, entre otros efectos presentes y futuros de este complicado panorama nacional, considero que el Presidente Peña Nieto ha perdido cualquier oportunidad de consolidar al país en los meses que le quedan de administración ya que, desde cualquier ángulo que se analice, ha disminuido ostensiblemente su credibilidad (12%) y, con ello, aún está latente el surgimiento de un peligroso período de ingobernabilidad. Lamentablemente, desde mi punto de vista, el daño a la incipiente democracia mexicana es un hecho fehaciente pero, afortunadamente, puede revertirse.

De la misma manera, es necesario anotar el deterioro paulatino pero constante que ha venido sufriendo la Corte Suprema de Justicia la que, por si acaso, es la institución final en donde descansa la justicia mexicana, ya que mediante interpretaciones políticas sui generis de la Constitución ha evitado condenas en contra de instituciones y funcionarios gubernamentales y personajes de la política nacional que han incurrido en severos delitos penales, “olvidando” que también tiene una responsabilidad jurídica, moral y ética, que bien podrían haber coadyuvado en la estabilidad política y social del país.

En materia de política exterior, si bien es cierto que nuestra cercanía y dependencia con los Estados Unidos de América es inexorable, la misma podría, desde hace mucho tiempo, haberse transformado en un sólido proceso de interdependencia-vulnerabilidad en ambos sentidos pero, lamentablemente, la pequeñez de la visión y el temor infundado de los gobernantes mexicanos hacia ese país ha insistido en mantener una complacencia (léase servilismo) dirigida a “respetar” las decisiones estadounidenses, no obstante la visible soberbia, irresponsabilidad, insultos y xenofobia que dicho país ha emitido en contra de México y de los mexicanos, que lamentablemente continuarán afectando a nuestro país. Los que rigen los destinos de la Nación deben de entender de una vez por todas que México necesita de una Política Exterior de Estado que, mediante una diplomacia apropiada, le permita formular una política bilateral y multilateral inserta en el marco de los intereses nacionales. Ya basta de posiciones personales o de “ideas fugaces” sexenales, que a nada conducen al país.

Los mexicanos lucharon y lograron su libertad hace más de 200 años; pelearon nuevamente hace más de100 años y obtuvieron el fin de una dictadura; en el 2000 pusieron fin al dominio de un solo partido: ¿qué los detenía para obtener un cambio total de su sistema político?, ¿cuánto tiempo más resistirá la población el vasallaje de organizaciones políticas obsoletas o de gobiernos que prometen pero no cumplen? La paciencia de la población mexicana no es ilimitada, por lo tanto, a nadie convenía que se produjera un estallido social similar a las gestas independentista y revolucionaria.

Todo parece indicar que el pasado primero de julio el pueblo mexicano dio inicio a una reconsideración de sus prioridades políticas, mostrada no sólo por su masiva participación en las urnas sino, más importante aún, porque parece haber dejado atrás su conformismo electoral. Pero que nadie se confunda y dé por hecho que su labor ha terminado; por el contrario, los mexicanos estamos obligados a seguir trascendiendo en la vida política, económica y social de nuestro país; es nuestra obligación coadyuvar directa e indirectamente en el futuro mexicano…no podemos volver a dejar toda la responsabilidad en las manos del gobierno, tenemos la obligación de exigirle pero al mismo tiempo, de hacernos responsables de nuestras obligaciones.

Soy un convencido de que México aún puede salir adelante, pero necesita con suma urgencia de una verdadera unidad nacional y de un esfuerzo conjunto de todos los sectores de su sociedad. Sin esos dos factores, que son esenciales para la supervivencia de un Estado Nación, nadie, en este momento, puede augurar un futuro promisorio.

Ministro del Servicio Exterior Mexicano

Víctor Hugo Ramírez Lavalle


  1. Felipe Camino Galicia de la Rosa, conocido como León Felipe, Poeta Español que se exilió en México: (ver escrito “…de la pólvora y la rosa”).
  2. Sobre esta apreciación, vale la pena mencionar lo dicho por el pintor español Salvador Dalí, uno de los principales exponentes del surrealismo moderno: “De ninguna manera volveré a México. No soporto estar en un país más surrealista que mis pinturas”.
  3. Ramírez Lavalle Víctor Hugo. Para una mayor profundidad de estas apreciaciones ver: “Situación actual y perspectivas de México en los ámbitos político, económico y social” Revista Iberoamérica. Trimestral desde Moscú 2008 No.3 (50). Instituto de Latinoamérica de la Academia de Ciencias de Rusia ILARAN.

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