VIII. LA CONFIANZA EN LOS GOBIERNOS: DILEMA FUNDAMENTAL EN EL MUNDO

En los cuerpos políticos el poder de los representantes
es siempre limitado, y quien prescribe
los límites del mismo es el poder soberano. […]

Thomas Hobbes

Trust in public institutions need to be nurtured,
it comes
by foot and leaves on a horseback

Katju Holkeri

Un efecto adicional de la pandemia detonada por el COVID-19 se observa en la confianza de los ciudadanos respecto a los gobiernos y las instituciones públicas. Respuestas gubernamentales como la preponderancia de los asuntos de salud sobre los económicos, el cierre de fronteras, el confinamiento domiciliario, la suspensión de actividades no fundamentales o la utilización de partidas extraordinarias de presupuesto, han generado un impacto favorable en la confianza que la ciudadanía tiene respecto a los actores y entes públicos.

Aunque esos índices de confidencia son superiores a los que prevalecían antes del de la crisis sanitaria, se prevé un declive a partir de la aparente “normalización” o etapa post-COVID asumida por diversos países desde hace varias semanas. A guisa de ejemplo destaca la confianza al gobierno de Boris Johnson, quien según el Edelman Trust Barometer 2020 alcanzó en mayo pasado 60%, logrando un incremento de 24 puntos de lo que tenía en enero y asegurando por vez primera en 20 años que el gobierno británico alcance esos niveles.

Este dato -sorprendente si se compara con el índice de aprobación promedio que prevalece entre los países de la OCDE, que es de 43%- desluce al desagregarlo por instituciones o servicios públicos que se ofrecen a la población. Así, el mismo informe señala que solo 24% de la ciudadanía de aquel país considera que el gobierno está haciendo un trabajo efectivo respecto a las pruebas de detección del COVID-19; sólo el 32% considera eficiente la distribución de medicamentos y equipo médico, y el 33% cree que la asistencia de salud no llega eficientemente a los sectores sociales que más lo necesitan.

El caso de México también es representativo. Según una encuesta publicada en el periódico El Financiero (julio 1º, 2020), que reúne un sondeo realizado a 820 personas, la confianza en el desempeño del presidente López Obrador habría pasado de 71%, en enero, a 56%, en junio. Por su parte, de acuerdo con un estudio similar realizado a 45 mil personas por Consulta Mitofsky para el periódico El Economista (junio 29, 2020), el nivel de confianza en el Primer mandatario pasó de 62.6% a 47.5%, en el mismo periodo. Lamentablemente ninguno de los estudios hace un desglose hacia los servicios o las instituciones gubernamentales durante la pandemia.

Hasta ahora es evidente que la confianza en los gobiernos y en las instituciones públicas es un indicador fundamental, tanto en su plano general –reconocimiento a los actos y actores de gobierno-, como en su plano desagregado –subniveles y sectores o ámbitos específicos-, que puede indicar lo mismo aceptación al ejercicio público, como rechazo a los resultados alcanzados. No obstante, se debe hacer énfasis en una limitante constantemente señalada por investigadores: los sondeos o métricas practicados dan mayor preponderancia al resultado de las políticas públicas que a los procesos de las mismas. Todo ello aunado a que los niveles de confianza varían según las necesidades y expectativas de los diferentes grupos de población (características socioeconómicas, ubicación rural o urbana, edad, educación, etcétera).

Un ejemplo que exhibe esa multidireccionalidad es que durante la pandemia los jóvenes muestran niveles de confianza más altos que otros grupos en la mayoría de las instituciones y exhiben una confianza más alta en sus gobiernos y líderes políticos. No obstante, sus percepciones respecto a la creciente inseguridad, el desempleo y las condiciones desfavorables de retiro laboral, estimularán una menor confianza en el corto y mediano plazo. Esto es previsible, porque esas condiciones parece que empeoraran debido a los efectos socioeconómicos de la pandemia, por lo cual se hace evidente la necesidad de contar con datos granulares, desglosados y amplios para comprender los impactos en los diferentes grupos de población y las geografías nacionales.

Del lado de los gobiernos, la evidencia confirma que la confianza comprende una amplia gama de fenómenos, por lo que seguirá siendo necesario establecer acciones a fin de fortalecer las métricas vigentes y fomentar una mayor confianza en el gobierno, los líderes políticos y las instituciones. Sobre este último aspecto, la OCDE argumenta que la confianza está impulsada principalmente por las competencias -capacidad de respuesta, confiabilidad, mejor regulación- y por los valores -apertura, integridad, justicia- de las instituciones públicas. Ambos elementos siguen siendo clave en el contexto actual, particularmente porque la crisis ha enfrentado a los servidores públicos con la necesidad de tomar decisiones rápidas sin apegarse a los procedimientos vigentes en condiciones “normales”.

De ese conjunto, la calidad y la capacidad de adaptación de los servicios públicos, así como la integridad con la que se llevarán a cabo las medidas de recuperación, seguirán siendo los determinantes fundamentales en los niveles de confianza que afronten los gobiernos en el futuro. Adicionalmente, la crisis sanitaria actual ha exhibido la importancia de contar con una comunicación clara, coherente y efectiva hacia los ciudadanos, ya que es un aspecto que cada vez abona más en este ámbito.

Definitivamente el COVID-19 marcará un antes y un después respecto a la confianza ciudadana de sus gobiernos e instituciones. Aunque es cierto que las variaciones en la confianza ciudadana son consecuencia de momentos críticos que aquejan a las personas -como lo confirmaron el ataque a las torres gemelas de Nueva York en 2001, el shock financiero de 2008-2009 y la actual crisis sanitaria-, no por ello se deben escatimar esfuerzos para fomentarla permanentemente. Lo fundamental es reconocer que permite identificar fracturas en los niveles de apoyo o de legitimidad de los gobiernos e instituciones públicas, lo cual de no atenderse genera creciente descontento social y preferencias electorales en diversas direcciones.

Un desafío adicional a los niveles de confianza ciudadana emergió con las medidas de confinamiento, que evidenciaron la necesidad de un liderazgo fuerte, incluso minando la libertad individual, y un creciente apoyo a la gobernanza tecnocrática durante la pandemia y sus efectos en general. En ese sentido, será interesante ver si para mantener los niveles de confianza vigentes se recurrirá al paradigma planteado por Hobbes en Leviatán o, si por el contrario, se rescatará la connotación originaria de la confianza: tener una percepción positiva sobre las acciones de un individuo u organización, es decir constatar que otros actúan como podríamos esperar, ya sea en una acción particular o en un conjunto de acciones.

*El autor del presente artículo es consejero del Servicio Exterior Mexicano, adscrito a la representación permanente de México ante la OCDE.

 

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