GILBERTO BOSQUES. DIPLOMACIA HUMANITARIA. Por Antonio Pérez Manzano

De la sección Diplomáticos Ejemplares:

               Las generaciones actuales y las venideras, debemos tomar lecciones de vidas ejemplares, como la del Cónsul Gilberto Bosques.

La humanidad arribó al siglo XXI, cargando con una herencia trágica de conflictos bélicos, que tuvieron lugar en el siglo anterior; así como con la carga de conciencia en el sentido de que los avances tecnológicos y un mayor conocimiento del mundo, no fueron suficientes para desterrar los odios raciales, políticos, ideológicos, intereses económicos y pretensiones hegemónicas, que condujeron a las devastadoras guerras mundiales y a otros conflictos bilaterales y regionales, durante la centuria a que hemos hecho referencia.

Por otra parte, la vida actual con la vorágine tecnológica, nos empuja a estar en constante actualización de los conocimientos y en la búsqueda de mayor capacitación y adiestramiento, para lograr nuevos métodos y sistemas de trabajo, que redunden en mayor productividad y eficiencia. Por lo que respecta a la profesión del diplomático, en algunos países en ciertas etapas de la administración de los recursos humanos del Servicio Exterior, se ha dado preponderancia a la preparación escolar, a los grados obtenidos y a los diplomas mostrados; los cuales tienen un innegable valor académico.

Asimismo, podemos observar que, en términos generales, los programas de estudio de las instituciones superiores, están diseñados para dotar al individuo, de mayores capacidades y de una instrucción de alto nivel; lo cual contribuye al desarrollo de las cualidades requeridas, para aspirar a ser un buen agente diplomático o consular.

Ahora bien, el hecho de contar con los conocimientos, con las herramientas necesarias para llevar a cabo determinada función, no es una garantía “per sé” para la obtención de resultados de excelencia. Sobre todo, en una profesión humanista y de servicio público.

Por ello, uno de los propósitos del presente análisis, es el de presentar el desempeño ejemplar de un funcionario del Servicio Exterior Mexicano, a la vez que poniendo de relieve, algunas de sus múltiples virtudes; las cuales dicho sea de paso, permiten en un momento determinado, adoptar las decisiones adecuadas, para el debido cumplimiento de la misión que se le encomiende.

Ahora bien, no es el propósito del presente trabajo llevar a cabo una confrontación semántica, ni filosófica, entre los conceptos antes mencionados, como: “instrucción y educación”, o entre “capacidades y virtudes”; así como tampoco si el agente diplomático o consular actual, debe de dominar más el “arte de la negociación”, o la “ciencia de las relaciones entre los Estados”.

En ese sentido, debemos de reiterar que la vida moderna y los avances científicos y tecnológicos, exigen o reclaman de una constante preparación y capacitación en todas las áreas del conocimiento; sin olvidar o dejar de lado aspectos tan esenciales como conducirse con la verdad, con lealtad, con honradez, rectitud, probidad e integridad. Y otras virtudes más, como prudencia, paciencia, modestia y dignidad; las que complementarían la personalidad del funcionario que quisiéramos ver al frente de las responsabilidades representativas de cada país.

Un ejemplo claro de lo anterior, lo constituye la manera de conducirse del Cónsul Gilberto Bosques, en tiempos en que la autoridad constituida es depuesta, como ocurrió durante la Segunda Guerra Mundial, cuando se produce la invasión alemana sobre territorio francés y se instala un nuevo gobierno en Vichy, a cuyo frente se nombra al Mariscal Petain:

-“El derecho internacional clásico no funcionaba, ni siquiera el derecho diplomático, para las gestiones normales. Todo estaba alterado. Entonces, había que recurrir a principios aceptados de manera universal. Quizás actitudes de excepción, pero que habían sido admitidas históricamente en esa nación, para crear por ejemplo, en la práctica, un estatuto de asilo en los dos albergues.
Ante tales circunstancias, una posición firme por parte de Francia había que emplear ciertos recursos persuasivos con sus funcionarios e ir por partes, hasta obtener el resultado esperado. Con estas negociaciones se lograron acuerdos importantes.”

Algunos de nuestros lectores, podrían preguntarse si es posible encontrar a un individuo que reúna todas las cualidades, capacidades y virtudes antes mencionadas, o si solamente, se trata de un ideal por alcanzar.

SEMBLANZA.- Don Gilberto Bosques antes de su incursión en la rama consular y diplomática, pasó por muchas otras actividades. A principios del Siglo XX (1909) -etapa inicial de la Revolución Mexicana-, cuando apenas llegaba a la edad de 17 años, luchó al lado de hombres valientes. Para ello, tuvo que interrumpir sus estudios para maestro de educación primaria, que por entonces cursaba en el Instituto Normalista de Puebla y como lo diría él mismo:
“Mi participación comenzó con los actos de conspiración de Aquiles Serdán y con la gente que tomó parte activa en el movimiento antirreeleccionista que encabezó Francisco I. Madero. Serví en los periodos de 1910 y 1913”.

Posteriormente, militó en el Ejército Constitucionalista y participó en la defensa del Puerto de Veracruz, contra la invasión del ejército de los Estados Unidos.

A la edad de 25 años, fue electo Diputado Constituyente por el Estado de Puebla, con la misión de colaborar en la redacción de una Carta Constitucional para dicha entidad. Al concluir sus estudios magisteriales, en 1916 participó en el Congreso Pedagógico Nacional, celebrado en el Estado de Tlaxcala, durante el cual se planteó una reforma educativa.

Al finalizar la lucha revolucionaria, alternó las actividades políticas con la enseñanza y con el periodismo. En ese ámbito, fue electo como Diputado Federal y posteriormente editorialista del periódico “El Nacional”, en cuyas funciones escribía sobre temas educativos, financieros y relaciones internacionales; en dicho diario, alcanzaría el puesto de Director. También elaboraba editoriales para la radio, por encargo de la Secretaría de Industria y Comercio. Al respecto, don Gilberto Bosques escribió:
“Hacía un editorial diario sobre asuntos económicos para la Secretaría. Me pasaban copia de los informes que mandaban regularmente los cónsules a la Secretaría de Relaciones Exteriores… Entonces, considero que mi ingreso al Servicio Exterior no fue una improvisación, porque yo estaba informado de tratados, derecho internacional público y privado y derecho diplomático”.

Antes de adentrarnos en la época de la militancia del señor Bosques en el Servicio Exterior Mexicano, cabe destacar la importante participación que tuvo en la etapa denominada “Institucionalización de la Revolución” y en la consolidación de los planes educativos, que deberían de considerar el paso del México rural, al urbano-industrial; así como también recoger los anhelos de todos aquellos que lucharon para construir un nuevo país.

Situados en los inicios de la década de los años 30, del siglo XX, es dable anotar que, la sociedad mexicana discutía sobre la dirección que debería tomar la educación, sobre todo, en su etapa básica. Algunos sectores exigían que fuera el Estado el único encargado de diseñar y aplicar los programas de educación primaria; otros consideraban que debería de haber libertad para que también participaran la iglesia católica y los particulares.

El problema del laicismo en la educación y las disposiciones gubernamentales en el sentido de reservarse para sí la responsabilidad y la potestad de la enseñanza primaria, secundaria y magisterial, mostraba secuelas del penoso enfrentamiento que tuvo lugar entre 1926 y 1929, durante la llamada “Rebelión Cristera”.

No obstante dicha situación, estando al frente de la Secretaría de Educación dos hombres prominentes de México: Narciso Bassols, como Secretario y, Jesús Silva Herzog, como Subsecretario, se propuso un proyecto de reforma al Artículo Tercero Constitucional, para que se estableciera en México la Educación Socialista.

En dicho proyecto trabajó arduamente don Gilberto Bosques, diputado y representante del Partido Nacional de la Revolución (PNR), formando parte de la Comisión de Educación y junto con otro joven diputado de nombre Luis Enrique Erro, sostenían que era necesario darle una nueva orientación a la escuela, recuperando así la esencia del sentido social y cultural de la Revolución.

Dicha reforma se complementaba con la posible implantación de un tipo de educación a la que se le denominaba “racionalista”, considerada como aquella que trata de implantar en el educando un concepto racional y exacto del universo y de la vida social.

Como un paso mas en su carrera, en una nueva faceta, puede verse el llamado que le hiciera el entonces Presidente de México, don Lázaro Cárdenas (1934-1940), para que se incorporara al Servicio Exterior. De ese modo, a finales de agosto de 1938, don Gilberto platica con el Presidente.

Sobre dicho encuentro, nuestro personaje comenta que de manera informal se le preguntó el por qué y para qué ir a Europa, a lo que el maestro Bosques replicaría que era para estudiar el estado de preguerra que por entonces se sentía en tierras europeas y en materia educativa, le llamaba la atención el “sistema de aculturación” empleado por Francia en sus colonias:
-Bueno te irías a Francia –le dijo el Presidente Cárdenas-, ¿pero en calidad de qué?
-Como Cónsul General –responde G. Bosques-;
-¿Por qué no como Ministro?
-No, -contesté- como Ministro se tienen muchas obligaciones sociales. No tendría tiempo para observaciones y estudios. No quiero un rango en el Servicio Exterior, sino una oportunidad para mis propósitos sin desatender los servicios oficiales del cargo.

El nombramiento presidencial tuvo lugar poco tiempo después y antes de partir a París, el nuevo Cónsul General fue recibido en audiencia por el mismo mandatario, para recibir instrucciones:
“Para que me planteara algunas cosas que él había traído a cuento, como la adopción de ciertas medidas de protección a los israelitas y contemplar la posibilidad de traer un número importante de ellos a México.
El Presidente Cárdenas me dijo: Ve todo eso, a reserva de que se den los acuerdos necesarios sobre el asunto, a fin de documentarlos. Por otra parte, la situación de los refugiados españoles ya es muy delicada. Necesitas cierta amplitud de acción, tendrás todo el apoyo de la Presidencia”[11].
Posteriormente, don Gilberto comenta:
-“No hubo necesidad de emplear esas facultades por lo pronto, pero más tarde, cuando llegó aquel volumen de 600 mil españoles a refugiarse a Francia, se tuvo que ver como aplicarlas. También llegaron polacos desplazados, alemanes, italianos y yugoslavos”.

Sobre el mismo aspecto, el Cónsul General nos legó en sus memorias la narración de las peripecias que tuvo que pasar, para poder cumplir con su elevada misión; primero informando con veracidad y precisión los acontecimientos que se iban sucediendo en Europa. Después, el necesario seguimiento de los acontecimientos en España, donde los Republicanos enfrentaban a los franquistas en una lucha desigual; lo que provocaba cada vez un mayor número de españoles que buscaban refugio:

-“A medida que se hacía mas tensa la situación en España –por la derrota de los Republicanos-, los refugiados aumentaron y formamos las listas de los que admitiría México, de acuerdo con las disposiciones de Bassols, en completo acuerdo conmigo”.

Los problemas suscitados por la insaciable política hitleriana, de reclamar su “espacio vital”, con el desencadenamiento de una serie de acciones agresivas en contra de la entonces República de Checoslovaquia, Austria y Polonia, fueron construyendo el clima bélico que se acentuaría en septiembre de 1939, con la bárbara invasión perpetrada contra Polonia y con ello, el estallido de la conflagración mundial.

Durante la guerra se pudo apreciar que, Hitler más que buscar objetivos estrictamente militares, perseguía la venganza en contra de la nación judía y de la población polaca, por haberse atrevido a comportarse como buenos anfitriones.

Dicha situación agravó las necesidades de protección, refugio y asilo en todas sus modalidades y México aportó todo su esfuerzo para salvar el mayor número posible de vidas. El Consulado General en París tenía jurisdicción hasta Líbano, todo el Norte de África y Suiza; las oficinas se ubicaban en el mismo edificio de la Legación de México, la que estaba encabezada por un amigo de Don Gilberto: el ex Secretario de Educación Pública, Narciso Bassols.

Al producirse la invasión alemana en Francia, la representación mexicana tuvo que trasladarse, dado que el gobierno francés se había establecido temporalmente en la ciudad de Tours. Inicialmente, el Cónsul Bosques y su familia se trasladaron a Bayonne, pero el ejército germano continuaba su avance; por lo cual fueron a parar a Marsella:

-“Tenía por escrito amplias facultades para instalar el Consulado en el lugar que creyera conveniente. Me trasladé con todo el personal a Marsella, para desarrollar el trabajo más importante que habría de venir”.

Al respecto, Marta Durán de Huerta, en un artículo publicado en el suplemento dominical “MASIOSARE” del diario mexicano “La jornada”, dice lo siguiente:

“Tuvieron que trasladarse a Marsella desde donde ayudaron a todo el que lo solicitara a escapar a México. El personal del Consulado no solo repartió visas y salvoconductos a diestra y siniestra, sino que hizo trabajo de detective buscando personas en las cárceles y, a veces, muy a la mexicana, con sobornos lograron liberar a quienes los alemanes consideraban de ‘alta peligrosidad’, es decir, sindicalistas, pensadores, militantes de partidos políticos de oposición, partisanos italianos o yugoslavos y un largo etcétera. Los diplomáticos mexicanos rescataron a miles de personas de campos de refugiados o de concentración; a manera de ‘polleros humanitarios’, organizaron el cruce de fronteras y la llegada de los asilados a puertos franceses y portugueses…”

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