HISTORIA DIPLOMÁTICA DE MÉXICO. VOLUMEN II EL PORFIRIATO (1876-1911). Por Hermilo López-Bassols

La Asociación de Diplomáticos Escritores ADE, se complace en presentar la obra del embajador mexicano Hermilo López-Bassols, quien nos habla del contenido de la misma en el siguiente.

Prólogo

            “Esta obra es el segundo volumen de Historia Diplomática de México, el primero, De la reforma liberal y la defensa de la República a la consolidación de la soberanía (1855-1876), cubre el periodo que va desde el estallido de la revolución de Ayutla hasta el final del gobierno de Lerdo de Tejada. Como todos los proyectos históricos, la elaboración de éste sufrió modificaciones desde su estructura y contenido hasta su identidad misma. Escoger implica discriminar. En un primer momento, la continuación del primer tomo fue pensada como una obra de mayor extensión que abarcara la historia diplomática de México desde el Porfiriato hasta el fin del sexenio de Lázaro Cárdenas. Así, la obra analizaría la evolución de la política exterior de la Revolución Mexicana tanto en su etapa de lucha armada, como en la formativa e institucional. Elaborar un relato de esta naturaleza implicaba, además de un trabajo muy prolongado, un intenso esfuerzo investigativo para explicar los motivos del estallido de un movimiento social tan complejo. Por otro lado, la continuidad histórica de la obra exigía hacer hincapié en comprender el extenso periodo del Porfiriato —no solamente en la última etapa— y continuar con veinte años más de política exterior compuesta por características, personajes y momentos diversos.

La comprensión y mejora de nuestras realidades actuales es imposible sin el conocimiento a profundidad de la historia, es decir, de las causas y procesos que les dieron origen. Así, el México moderno es incomprensible sin entender la Revolución Mexicana. Empero, la Revolución misma es un proceso complejo. Por su naturaleza transformadora y catártica, sus raíces ideológicas se encuentran fundadas en contraposición a un estado de cosas anterior. Y ese estado de cosas, esa realidad anterior, es el Porfiriato. Éste, como antítesis de la Revolución, resulta también su complemento y su primera razón de ser. La evolución de nuestro país durante ese periodo marcó de forma estructural a la Nación y permitió el desarrollo de las fuerzas y las ideologías que dieron pie a la lucha armada por las reivindicaciones de los derechos colectivos y la reorganización del Estado. Lo mismo sucedió con la política exterior revolucionaria, que surgió como una respuesta, por un lado, del apremiante estado del país, y por el otro, como una refutación antitética de la política exterior porfiriana. Así, resultaría ingenuo tratar de explicar de manera amplia los fines y procesos de la Revolución sin antes referirse al Porfiriato como el momento formativo de los reclamos populares. Es por esto que, de pensar inicialmente en dedicarse sólo a los diez últimos años del Porfiriato, se tomó la decisión de consagrar el estudio de este volumen exclusivamente al análisis de esos treinta años fundamentales para México.

Asimismo, era necesario también conservar la continuidad histórica. Un salto al vacío de 1876 a 1900 hubiera implicado aceptar una ausencia de información que, en el mejor de los casos, hubiera dejado en la incertidumbre, y en el peor, hubiera inducido a la ignorancia y el error sobre los hechos históricos de nuestra política exterior. Sin el estudio de estos años, no se podría entender cómo el país pasó del aislamiento internacional de la República Restaurada al gran número de relaciones diplomáticas formales que fomentó el Porfiriato, sin duda un cambio muy importante en tan pocos años, relacionado a los muchos cambios ocurridos en México en la época, no sólo a nivel internacional, sino a nivel interno. Entonces, para abrir el camino a la comprensión de la historia diplomática de nuestro país durante el periodo en cuestión, precisamos entender al menos de manera sintética los procesos nacionales.

Tomándolo como una unidad, el Porfiriato tenía una naturaleza ambigua: de continuidad y de rompimiento; de novedad y de atraso; éxitos y fracasos; aislamiento y relaciones diplomáticas; educación e ignorancia; enriquecimiento y empobrecimiento; relumbre y opacidad; conservadurismo y colonialismo vs modernización y autodeterminación artística; nacionalismo y cosmopolitanismo; etc. La Revolución de Tuxtepec, a la vez que significó la instauración de un nuevo gobierno, también implicó un regreso al pasado militar de prácticas brutales y autoritarias alejadas del espíritu de la democracia y la República liberal recién instaurada después de la Intervención, interrumpiendo así súbitamente la construcción de un México democrático. Se constituyó en el Porfiriato entonces el tiempo de mayores novedades técnicas y movimiento demográfico, y a la vez, de atraso, abusos a los indígenas y despoblamiento de los pueblos a lo largo del país. Fue sinónimo de desarrollo económico, finanzas moderadas y consolidación de la economía monetizada, pero también del desplome de los niveles de vida del sector más amplio de la población y la grave profundización del descontento social. Así, el Porfiriato y su estudio terminan siendo cautivantes por la variedad de antítesis que convivieron en este periodo y que maduraron hasta alcanzar un estado insostenible que provocó la Revolución. (El texto completo del Prólogo se encuentra anexo en formato PDF).

Las contradicciones porfiristas fueron, por un lado, el renacimiento parcial de las aspiraciones de la reacción contra la que luchó Juárez y los liberales, y por el otro, la continuidad parcial de los anhelos y el proyecto liberal de México. El Porfiriato, así, no resulta un momento político importante sólo por ser la antesala de la Revolución, sino por haber sido el semillero de contradicciones que ha persistido incluso después de la Revolución misma y que en nuestros días siguen mostrándosenos vivamente. En el caso de su política exterior, la contradicción también estuvo marcada: tanto la continuidad de la Doctrina Juárez como la obtención del reconocimiento de Estados Unidos fueron un imperativo categórico; sin embargo, a la vez que se mantuvieron ciertos principios fundamentales, también se buscó expandir las posibilidades económicas y estratégicas de la Nación con o sin esos principios, como en los casos de la deuda inglesa, la negociación de la frontera con Belice o la fundación del Banco de México con capital francés, entre otros. Consciente de la importancia de las imágenes en una época en que la sociedad occidental se entregaba a paso veloz al imperio de lo visual, la política exterior mexicana explotó la imagen y la percepción como fuente de capital político y de negociación. El éxito de las apariencias en el exterior culminó con las fiestas del Centenario de la Independencia, apoteosis del General Díaz y gran celebración de su diplomacia; donde al mismo tiempo que la pompa y gala de las fiestas parecían coronar el proyecto porfirista, las ya insostenibles miserias y contradicciones amenazaban con un cambio de fondo que sacudiría de pies a cabeza esa sociedad anquilosada, odiosamente injusta y de espaldas a la realidad. Irónicamente, el año de nuestro presunto triunfalismo entre las naciones del orbe también fue el año del estallido del violento final de ese capítulo de la historia.”

 

** Esta obra fue publicada por Editorial Porrúa, México, 2019.

 

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